Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

“Yo sólo creo en dos cosas: en Dios y en la gestión”

Publicado en Interés General | 19 de julio, 2010

Tomás Fuertes, fundador de El Pozo y del holding empresarial Grupo Fuertes, dice estar de vacaciones 365 días y que su misión es coordinar el saber. Pero lo cierto es que le saca 70 segundos al minuto. Sólo así ha podido crear la segunda cárnica del país.

Enfundado en una bata blanca, Tomás Fuertes recorre a paso ligero los kilométricos pasillos de su fábrica en Alhama (Murcia). Va tan rápido que, pese a sus casi 70 años, es difícil seguirle el ritmo. Sólo se detiene un instante para saludar a alguno de los trabajadores, o para corregir la colocación de una caja de embutidos.

A Tomás Fuertes le gusta que todo, hasta el más mínimo detalle, esté perfecto. Tiene las ideas tan claras, que hasta le indica al fotógrafo dónde y cómo hacer la sesión de fotos. Y es que al fundador de la cárnica ElPozo, la segunda más grande del país por detrás de Campofrío, y del holding empresarial Grupo Fuertes, que factura 1.100 millones de euros, no le gusta perder el tiempo.

“Intento sacarle setenta segundos al minuto, pero no siempre lo logro. Hay mucha paja en la vida pero yo trato de separarla del grano”. Una envidiable vitalidad que él mismo atribuye a la ilusión que siente por lo que hace. “Es la gasolina de las personas. Por eso, hay que tener vocación e ilusión por lo que uno hace”, explica.

Esa vocación le viene de familia. Su padre abandonó el arado y abrió un modesto establecimiento para la venta de carne en Alhama. Era la tienda de Antonio, el del Pozo, como le llamaban las mujeres del lugar. Y allí se crió Don Tomás hasta los 12 años.

Pero el hijo salió inquieto y puso la mirada en lo que está por venir, aplicando a la vida una eficaz receta: “Teniendo paciencia, trabajo, honradez y cabeza es posible hacer un proyecto como éste. Ha sido un crecimiento sostenido y prudente. Es nuestra filosofía”. Es el resumen de los 55 años de historia de la casa.

–Esta forma de pensar, sin embargo, no ha primado en los últimos años, cuando imperaba el crecimiento exponencial y rápido.
–Una cosa es un negocio, y otra, una empresa. El primero es una obra económica a corto plazo. Mientras que una empresa es una obra técnico-socio-económica a largo plazo. La especulación es más bien un negocio. La empresa implica una evolución.

–En este país, ¿hay más negocios o empresas?

–No le sabría decir. A la persona le gusta lo fácil. Y una empresa tiene más dificultades que un negocio. Para ser empresario hay que tener vocación. Para ser negociante, no, sólo hace falta que a uno le guste mucho el dinero.

–¿Cuándo descubrió su vocación?
–Cuando nací. Pero no todo es vocación, también hay una parte de adaptación. La persona nace y se hace. Lionel Messi no sólo tiene talento, sino que ha trabajado esos valores. Nadie nace al cien por cien, ni se hace al cien por cien.

–Su padre empezó como comerciante, pero usted es un empresario que, junto con su hermano, ha fundado esta compañía. ¿Cómo se da ese salto?
–Si cuando tenía 18 años me llegan a decir lo que hoy tenemos, pues le diría que esta empresa no estaba entonces diseñada. A veces, tienes que ir descubriendo las posibilidades que van surgiendo. Si a Messi o a Cristiano Ronaldo les hubieran dicho hace 15 años que iban a ser lo que hoy son, posiblemente no lo se lo hubiesen creído. Ellos han escarbado en sí mismos y han sacado un fruto. Hay que tener un ideal, una visión y una sana ambición, pero el futuro está en lo que siembres hoy. Y si siembras trabajo, ciencia y honestidad, no tienes más remedio que recoger frutos.

–¿Y qué papel ha jugado la suerte?
–Hay dos tipos de suertes, la divina y la humana. La primera la hace el azar o Dios. Otra cosa es aquello que tú puedes controlar. Yo sólo creo en dos cosas: en Dios y en la gestión. Pasa como con el décimo de lotería, que hay que jugar para ganar.

Incansable y autodidacta, Tomás Fuertes es un hombre hecho a sí mismo. De joven, se levantaba a las siete de la mañana para ir a trabajar y hasta las nueve de la noche no salía de la tienda. Era entonces cuando se ponía a estudiar. “Hice hasta tercero de Bachiller por la noche, porque quería aprender. Porque en la vida no te tienen que enseñar, tienes que querer aprender”, explica siempre reflexivo. Dice tenerle mucho respeto a los libros, pero se declara más partidario de analizar los acontecimientos del día para extraer una conclusión.

–Sin embargo, en alguna ocasión ha confesado que las musas le vienen en sueños…
–Efectivamente, se conoce que el subconsciente ha procesado y muchas mañanas, nada más levantarme, encuentro soluciones a los problemas. Las ideas no son más que información procesada.

–¿Cómo gestiona esas ideas? ¿Las anota para no perderlas?
–Es cuestión de memoria, pero sí, llevo en el coche un bloc para anotar un detalle de la idea y luego desarrollarla.

–¿Recuerda especialmente alguna idea fallida de la que haya aprendido?

–No me gusta aprender de los fracasos, sino de los éxitos.

–Pero dicen que un fracaso encierra muchas lecturas de las que aprender.

–Sí, si las sabes leer y asimilar. Hay a quien los fracasos no le sirven más que para justificarse. No los encaja. Es como el que dice: He aprobado, me han suspendido. Pero fracasos he tenido muchos, aunque siempre he tratado que sean con gaseosa. Los temas grandes los he meditado antes de tomar decisiones. Para no equivocarse hay una solución: no hacer nada. Lo que se trata es de buscar la manera de equivocarse lo menos posible, y para eso se necesita racionalidad y sentido común. Hay que coger lo bueno del ayer, incorporar todo lo que el mañana trae en imaginación, procesarlo, y hacer el hoy.

El hecho de que su padre le diera responsabilidades desde bien joven –con 16 años llevaba las facturas y los albaranes–, lejos de ser una carga, hizo que Fuertes se integrase más en el proyecto. Hasta tal punto que asegura tener “365 días de vacaciones al año”. ¿Obsesión por el trabajo? Seguro que muchos lo piensan así. Sobre todo, los empleados que ven cómo Don Tomás llega el primero y se va el último.

–En esos 365 días de vacaciones, ¿qué reserva para los placeres de la vida?
–¿Es que trabajar no es un placer?

–Pero hay más como viajar, leer, estar con la familia….
–No se trata de ser un monstruo de la gestión. Pero hay que gestionar la Familia SA, el Yo SA, el Trabajo SA… Y cada una de estas empresas tiene sus peculiaridades. Con dos días y medio a la semana, más dormir por la noche, ¿no es suficiente para gestionar el yo y la familia?

En ese momento de la entrevista, Tomás Fuertes coge papel y bolígrafo para desarrollar su teoría sobre cómo aprender a regular la presión, en función de las posibilidades de cada uno, y a delegar el resto. “Por un lado, está tu actividad a lo largo del día y por otro, tu capacidad física, intelectual y emocional. Se trata de acoplar la actividad a tus biorritmos, porque, si no, hay momentos que se desaprovechan y en otros se cometen imprudencias por agotamiento. A esto se le llama optimizar lo que la persona tiene: tiempo, energía y talento. Esto es la gestión”, dice.

En cuanto a delegar, el presidente de ElPozo también tiene su particular versión. “Cuando ves que otros hacen las cosas igual o mejor que tú, delegas. Si no, pues no. Yo soy un custodiador de las cosas”, explica.

Una máxima que también ha aplicado a una de sus grandes pasiones: el fútbol sala. ElPozo Murcia Turística es en cierta forma una réplica de su medicina empresarial: tiempo, mucho trabajo y profesionalización. “En cinco años, hemos ganado cuatro ligas. Es como un proyecto empresarial, en el que llevamos 21 años. Nos pasa como al Barcelona. Hemos cuidado la cantera, que va empujando para arriba”, asegura con orgullo.

Empresa familiar

Y es que ElPozo es, como a él le gusta decir, una familia empresaria y no una empresa familiar. Su hijo Rafael Fuertes, el mediano de tres vástagos y el único varón, trabaja con él desde hace 14 años –hoy es adjunto a Dirección y padre e hijo comparten despacho– y otra de sus dos hijas está en otra empresa del grupo.

Pero, la familia ha sabido rodearse de “un equipo directivo que podría seguir adelante sin los miembros de la familia. Estamos tratando de consolidar esta profesionalización. Es un cambio muy especial, porque el profesional no ve las cosas igual que el empresario. Ser empresario, gestor y trabajador son tres cosas diferentes”, sostiene. Tampoco le inquieta el relevo generacional.

Para evitar las peleas que sacuden a otras empresas familiares, los Fuertes aseguran tener las reglas de juego bien atadas por escrito para que nadie –son doce primos– pueda anteponer los intereses personales a los de la compañía. “Los padres tienen que dejar hacer a los hijos, pero cuando alguno se tuerce, debe pegar un palmetazo en la mesa”, advierte serio Don Tomás.

Aunque cuando se trata de capitanear este buque empresarial, Fuertes confiesa ser una persona ni excesivamente conservadora ni del todo progresista. Más bien, se sitúa en un punto intermedio capaz de conjugar las cosas buenas conseguidas en estos 55 años con las nuevas ideas. “El know how de esta compañía vale más que el doble del valor de los libros contables. Los jóvenes, cuando salen de la universidad, lo quieren cambiar todo. Es humano y lógico. Pero la juventud es una parte más. Buscamos una mezcla de valores que hagan el futuro”, advierte.

–En este proceso de fusión entre juventud y experiencia. ¿no se le ve a usted bajando el ritmo, y pasando a un segundo nivel?
–Cuando no conozco el tema estoy en un tercer nivel. Por ejemplo, en informática. Pero cuando sé de qué va y tengo fuerzas, estoy en el primero. Pero yo no trabajo, sólo transmito una filosofía empresarial. Soy un coordinador del saber.

La peculiar filosofía de la que habla Tomás Fuertes le llevó a optar por un modelo empresarialmente en las antípodas de su principal rival, Campofrío. Mientras que la cárnica
burgalesa apostaba por comprar empresas en el extranjero y crecer a base de fusiones –su unión con Groupe Smithfield en 2008 le convirtió en el líder europeo–, ElPozo se ha centrado en crecer orgánicamente y en concentrar la producción en su factoría de 120.000 metros cuadrados de Alhama, la más grande de Europa.

Ni tan siquiera el incendio el pasado enero de parte del proyecto de ampliación le ha hecho cejar en su empeño. Además, la compañía controla el ciclo de producción, desde los cereales y la ganadería hasta los mataderos, la flota de camiones y la preparación de platos congelados.

Hasta tal punto, que ElPozo es hoy el corazón –aporta la más de la mitad de la facturación del grupo– de un holding empresarial que abarca desde bodegueras hasta inmobiliarias, empresas químicas e inversiones financieras –tiene un 3% de Campofrío y es accionista de Terra Mítica y del nuevo Aeropuerto Internacional Región de Murcia–.

–¿Cuándo tuvo claro que ésta era la estrategia adecuada?
–Los grandes gurús hablan de mucha planificación estratégica pero, en cierto modo, ésta se va reconduciendo. Hay que dejar un poco a la improvisación.

–¿Ha cambiado la hoja de ruta?
–En filosofía muy poco, sin embargo, en estructura, bastante. Hace veinte años no se vendía nada fraccionado, todo eran piezas. Nos hemos ido adaptando a las tendencias del consumidor. Tenemos que ser como los camaleones. Por ejemplo, la distribución ha tomado un giro ahora con la marca blanca, y nosotros estamos con ellos. Los consumidores están por la salud, y nosotros también.

–Este modelo de crecimiento orgánico, ¿no tiene un techo?
–La ampliación que estamos haciendo nos permitirá duplicar la producción. Además, los costes  son inferiores si concentras la producción en un sólo lugar como hacemos en ElPozo.

–El holding empresarial, ¿ha completado el círculo?
–Podemos seguir extendiéndonos en otros campos. Cuando no sabes de algún sector te rodeas de los mejores. La sabiduría es algo que se compra. Lo importante es tener la filosofía clara de que somos empresarios, no somos carniceros.

–¿Es Campofrío un objetivo a batir?

– No queremos ser los más grandes sino los mejores. Y eso lo determinan nuestros jefes: la distribución y el consumidor.

–¿Quién de los dos es más duro?
–La distribución porque actúa de prescriptor y está más concentrada.

–¿Tiene miedo de que la distribución siga el camino de Mercadona y retire referencias de los lineales?

–No le tenemos miedo a nadie, porque somos flexibles. Si eres bueno, bonito y barato tendrás un hueco en el mercado.

Aunque el miedo no forma parte del diccionario de ElPozo, el dominio de la distribución frente a las más de 4.000 cárnicas que hay en España sitúa al sector en una delicada posición a la hora de plantar cara a los dictados de gigantes como Carrefour o Mercadona.

“Nosotros hemos tenido un empleado y en España hay muchas empresas de este tipo. Es más, en ElPozo somos unos carniceros venidos a más”, bromea Tomás Fuertes. En un mercado tan atomizado –ElPozo tiene una cuota de mercado del 8%–, la compañía cubre todos los frentes, incluido el de fabricar marca blanca.

–¿Dónde está el valor añadido en ElPozo?
–Se podría vender al mismo precio la marca ElPozo que la blanca, pero no habría I+D+i, algo impensable en esta empresa que dedica a innovar todo lo que sea necesario. No tenemos un presupuesto fijado para no limitarlo. Todo lo que aporte valor es bienvenido. Un ejemplo es la línea de productos sin sal. También somos pioneros en formatos, como los loncheados.

–¿Permite innovar a los empleados?
–Un peón puede proponer comprar una máquina de cien millones de euros. Es parte de nuestra filosofía de mejora constante. Tenemos un buzón de sugerencias donde cualquiera aporta sus ideas. Las mejores se premian y aparecen en el periódico interno.

Una innovación que Tomás Fuertes también aplica a los procedimientos. De hecho, la empresa cuenta con departamentos únicos que miden los tiempos que los empleados tardan en hacer un trabajo, así como un estricto grupo de autoría interna que estudia fortalezas y debilidades, buscando siempre la forma de producir más por menos coste.

–Se dice que usted es tan exigente consigo mismo como con sus empleados. ¿No cree que eso pueda quemar a la plantilla?
–Tienes que ser exigente. Hay que predicar con el ejemplo y lograr un alto grado de implicación en el equipo para que la canción suene bien. Sé que no es fácil estar al lado de una persona con este grado de exigencia.

–¿Qué ofrece a cambio?

–Un posicionamiento, un prestigio, una economía y todo lo que lleva consigo un proyecto. Si quieres ser competitivo en un libre mercado tienes que exigir a tus colaboradores el nivel que se necesita.

–Pero quizá el sueldo no compense.
–El que no esté conforme que monte una empresa. Para ser empresario no tienes que estudiar nada, sólo fundar un negocio. Eso sí, ser empresario son 24 horas al día.

–¿No cree que es difícil estar implicado cuando a la hora de los recortes no importan los méritos sino los números?

–Es muy duro. Pero es que la competencia no te deja obtener beneficios fácilmente. Hay que ajustar, aunque pienso que la crisis tiene que ser compartida entre la parte económica y lo social. Hoy, un trabajador debe ser su propia empresa y tener la dignidad profesional de ser rentable. Ya no existe el explotador ni el explotado, existen sociedades. Yo creo que todos los asalariados deberían ser autónomos por lo menos durante un año y viceversa.

Lo dice una persona que ha superado todas las barreras que la vida le ha ido poniendo y que desde Murcia ha conquistado el mundo –ElPozo se comercializa en casi setenta países–. Lejos de sacar pecho, Don Tomás es de los que piensa que “no triunfa el que más dinero ha hecho sino el que ha sabido descubrir su yo y aflorar sus talentos”. Tampoco le gusta enorgullecerse de lo obtenido hasta ahora. “La persona no debe sentirse orgullosa de lo que ha hecho, sino de lo que va a hacer”.

Instalado en un eterna juventud, a Tomás Fuertes parece que todavía le quedan unas cuantas metas por alcanzar. Mucho más cuando asegura que todavía tiene 42 años. “Mi edad es la que pone en el carné, más la de mente y el espíritu dividido por tres. Yo siempre tengo 42 años mentales, ya que cuando cumplo un año más, me quito uno de espíritu”, añade convencido. No hay duda de que seguirá dejándose ver por los pasillos de la fábrica andando a toda velocidad.

Fuente: noticias.lainformacion.com

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