Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

¡Y tú! ¿Qué necesitas para ser feliz?

Por Carles Marcos | Publicado en Desarrollo Personal | 16 de febrero, 2018

ser feliz¿Qué es lo que necesitas para ser feliz?

Seguramente, habrán personas que contestarían una respuesta parecida a “No me lo he planteado nunca” y también otras personas que su respuesta tendría mucha relación con el “tener más”.

Nos marcamos metas o retos que suponemos que nos hará llevar una vida más feliz o placentera y después una vez descubierta la frustración de ver que aún seguimos igual o peor, seguimos con la misma dinámica de querer cosas sin plantearnos realmente que significará conseguir ese objetivo en nuestra vida.

Decía Gandhi que “La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía”, y sobre todo encontrar ese placer en el viaje hacia el objetivo y no en el destino.

Comparto un artículo del coach Enric Lladó publicado en la revista RRHH digital y titulado Déjate de coches, estatus y pavadas, donde se reflexiona sobre el tema.

“Mi cliente llega puntual a su sesión de coaching. Quiere explorar su futuro profesional, quiere pensar acerca de su carrera. Le veo con mucha energía, así que le ofrezco un café y en seguida entramos en materia. Le pregunto qué es lo que le gustaría conseguir el próximo año.

– Que me asciendan…que ya es hora….a ver si me dan el A5 de una vez…

– De acuerdo- le digo- Imagina que ya lo tienes. Ya tienes tu ascenso y tu A5. Ahora qué. ¿Estás contento ahora?

– Sí, por supuesto!!!

– Ah! Muy bien, muy bien. Imagina que pasan dos meses desde tu ascenso, tres meses….pasan seis meses…un año… ¿Qué es lo que quieres ahora?

– Hombre, pues ahora me gustaría seguir progresando…

– Entiendo, seguir progresando… ¿Un nuevo ascenso?

– Sí, eso estaría bien.

– ¿En cuanto? ¿En tres, cinco años…?

– En cinco años es razonable…

– ¡Hecho¡ Tuyo es. Imagina que ya tienes el ascenso…. Ah! Y un coche aún mejor, ¿Qué tocaría ahora? ¿Un A7? Es tuyo. También tienes una casa mejor… ¿Qué tal? ¿Estás contento?

– Sí, supongo que sí….

– ¿Y ahora qué?

– Pues… no sé… la verdad… ¡ja, ja!

– ¿Qué tal el puesto de CEO?

– Hombre…eso es muy difícil…

– Ajá…

– (…) pero…entre nosotros… ése es en realidad mi sueño.

– ¿Ah, sí? Estupendo pues ¡sueño concedido! Ya eres el nuevo CEO, ¡Felicidades!

– Ja, ja!, ya me gustaría, ya…

– Ya eres el nuevo CEO, ponte ahí por un momento, por favor, imagínate que ha sucedido de verdad… es importante que te imagines esa situación como si fuera verdad…

– Vale… de acuerdo… me lo imagino…

– La pregunta es ¿Y ahora qué?

– ¿Y ahora qué?… pues… no sé… ahora qué…

– Has logrado tu sueño. Ahora deberías ser feliz, ¿no? Más te vale… acabas de emplear los últimos quince años de tu vida en lograrlo… ¿Ahora qué?

– No lo sé…no lo sé… es interesante ver esto así… estoy confuso… no tengo muy claro qué hago aquí…ni porqué…

– Bien… estás confuso… estupendo… esto es bueno…

Un ascenso, más responsabilidad, mejor salario, un coche mejor, son los objetivos que muchos de mis clientes se traen a las sesiones de coaching. Son una basurilla de objetivos.

Si no los consigues (lo que tarde o temprano acaba ocurriendo) te sientes mal. Mientras peleas y te esfuerzas por conseguirlos, lo pasas mal. Pero es que si los consigues… ¡¡También mal!! Porque una vez logrados todos tus objetivos, una vez te pasa la luna de miel de los dos primeros meses, te encuentras con el vacío. Te encuentras con importantes preguntas como ¿Y ahora qué? ¿Para qué hice todo esto? ¿Qué sentido tienen para mí todos los sacrificios realizados?

Te explicaré un secreto: cuando mis clientes investigan un poco más en esos objetivos, acaban descubriendo que en realidad esos objetivos no los decidieron ellos. Esos objetivos más bien vienen de fuera. Vienen de palabras que han entrado en el cerebro y han hecho su efecto. Palabras a veces cercanas, quizás de personas amadas, padres, pareja, amigos.

Pero también palabras que vienen de un poco más lejos, palabras que dijo alguien…sobre algo que alguien dijo…palabras que han salido de la televisión, quizás de una película…de extrañas ondas que vienen de lejos…palabras cuyo origen cuesta rastrear…

Cuando se dan cuenta de esto, mis clientes suelen apagar la emisora de esas palabras y buscan reconectar con su emisora interior, una emisora que emite una sintonía muy diferente. Al principio les cuesta oír una voz que durante mucho tiempo ha estado acallada, pero poco a poco, a medida que van poniendo su atención en ella, perciben cómo les habla con palabras cada vez más poderosas.

Les habla de ser ellos mismos, ante todo, pase lo que pase. Les dice que la persona más rica y “poderosa” del mundo, si pierde su autoestima y su ilusión, es incapaz de superar el menor contratiempo. Y que sin embargo, muchísimas personas que han tenido mala suerte en los negocios y en la vida, han sido capaces de salir adelante, de superar la situación y han acabado mucho mejor de lo que estaban antes, sencillamente porque conservaban la autoestima y la ilusión.

-Tu autoestima y tu ilusión te harán invencible, son tu verdadera fuente de poder-. Eso es lo que transmite su voz interior.

Esa voz les susurra palabras parecidas a las de Aristóteles cuando decía que “La felicidad es el acompañamiento de todo acto perfecto”. Les habla de encontrar el desarrollo y la realización en cada tarea, en cada palabra, en cada gesto. De hacer el trabajo a su manera, como sólo ellos pueden hacerlo, con su aportación más personal.

Su voz interior les pide que aprendan… que aprendan como locos. Que lo hagan cada día, como sea, a costa de lo que sea. Porque ese es el verdadero desarrollo profesional.

La voz interior les advierte: -que no te pase como a aquél tipo, que alardeaba de tener veinticinco años de experiencia y al que alguien un día le contestó: – “No, perdone, usted lo que tiene es un año de experiencia repetido veinticinco veces”-

Cuando empiezan a escuchar su voz interior, todo cambia, todo se pone en su sito. Pasan los días y en el cuerpo aparecen nuevas sensaciones, nuevas energías, nuevas ilusiones. El objetivo se ha transformado. Esa nueva energía se hace evidente para todos los que les rodean. Todos pueden ver cómo el desempeño y los logros son cada vez mayores. Y los viejos objetivos se abandonan, quedan atrás… ya no guían el camino.

Y es entonces, cuando esos objetivos han quedado allá a lo lejos, perdidos, cuando su atención está en otro lugar, es entonces cuando ocurre algo realmente curioso: les dan un ascenso… más responsabilidad… el coche… Todo lo que no consiguieron cuando lo perseguían, les es concedido cuando ya no les importa realmente. Bellas paradojas de la vida.

Y aunque a nadie le amarga un dulce, esos regalos de la vida les parecen una baratija en comparación con las sensaciones que desde hace un tiempo, invaden su cuerpo. Sensaciones que ya estaban allí cuando eran niños, pero que desaparecieron poco a poco, no se sabe muy bien por qué.

Sensaciones que ahora han vuelto. Para quedarse.

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