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- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Cómo usar experimentos para las decisiones importantes de la vida

Por Santiago Bilinkis | Publicado en Interés General | 20 de septiembre, 2017

decisionesImaginate que te muestro un pequeño pato amarillo de juguete y te hago la siguiente pregunta: ¿este pato, flota o no?

Si sos una persona impulsiva, tal vez respondas de inmediato que sí. Después de todo, podrías argumentar, y que la idea de estos juguetes es ser usada por los niños al bañarse. ¿Qué sentido tendría hacer uno que no flote?

Si sos más riguroso, tal vez demandes información adicional antes de arriesgar una respuesta. Un físico quizá pida datos sobre la densidad de material o el volumen de aire que encierra adentro. Un químico posiblemente desee conocer la composición química del plástico. Alguien con experiencia en manufactura de juguetes deseará saber su procedencia, esperando que el obtener datos del fabricante le permita inferir cómo está hecho y con qué calidad.

Otras personas consultadas pretenderán otros datos y las opiniones finales a las que cada uno llegue seguramente sean distintas. Algunos opinarán que flota y otros que no. Si los pusiéramos a decidir entre todos, seguramente pasen horas y horas intentando construir un consenso y quizá no lo logren.

Pero cualquier persona como vos o como yo, sin tener ningún conocimiento técnico especial, podría responder esta pregunta sin ningún riesgo de equivocarse en apenas 10 segundos. Basta conseguir un balde, llenarlo con un poco de agua y colocar el pato adentro. Y listo el pollo (¡o el pato!).

En este mundo de cambios acelerados, constantemente tenemos que tomar decisiones riesgosas cuyo resultado es incierto. ¿Funcionará este producto si lo lanzo al mercado? ¿Me gustará estudiar la carrera de abogacía? ¿Podré generar suficientes ingresos si dejo mi trabajo y me dedico a lo que más me apasiona? Seguro tenés algunas grandes preguntas de este estilo dando vueltas en tu cabeza.

Este ejemplo, que tal vez te haya parecido medio pavo (¡o pato!), encierra una conclusión importante que resulta muy útil al tener que tomar decisiones difíciles en muchos órdenes de nuestra vida: en vez de pensar y teorizar para tratar de dar una respuesta especulativa, muchas veces es mejor destinar algo de tiempo a construir un experimento en pequeña escala que eche luz sobre el tema.

En el mundo de los proyectos tecnológicos a esta metodología se la conoce como prototipado rápido, porque el concepto es reproducir de manera veloz, barata y en escala pequeña aquella situación compleja sobre la que deseamos aprender.

La lógica detrás, al final del día, es la misma que en un experimento científico. Partimos de una pregunta, formulamos una hipótesis (una posible respuesta) y diseñamos un experimento que la valide o refute. El aprendizaje obtenido, a su vez, permite cambiar la pregunta o la hipótesis para seguir avanzando.

El principal freno para tomar decisiones en la vida es, generalmente, el miedo a equivocarse. Después de todo, todos somos un poco gallinas (¿o patos?). Pero reducir el problema convirtiéndolo en un experimento reduce considerablemente el costo de cometer un error. Y con el as en la manga que proporciona esta pequeña prueba exitosa es más fácil encontrar la confianza para dar el siguiente paso y arriesgar a una escala mayor.

Si tenés una idea o proyecto que hace rato te da vueltas en la cabeza o si hay una decisión difícil que vas posponiendo porque se te hace imposible saber qué camino conviene tomar, te invito a que recuerdes el ejemplo de esta columna y ¡empieces a tirar patitos al agua!

Fuente: lanacion

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