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- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Usar esta palabra puede estar dañando tu credibilidad según un ex-ejecutivo de Google y Apple

Por Ellen Petry Leanse | Publicado en Negocios | 24 de mayo, 2016

Super ExitososHace unos años me di cuenta de algo: la frecuencia con que la palabra “sólo” aparecía en los correos electrónicos y las conversaciones con mis compañeros de trabajo y amigos.

La primera vez que sentí esto fue poco después de salir de Google y unirme a una empresa con una alta proporción de empleadas mujeres. Google, y en todos los lugares donde había trabajado antes, tenían una mezcla más tradicional de géneros. Nunca había notado la alta concentración de “sólo” antes, así que pensé que podría ser mi imaginación. Pero pronto supe que mi corazonada era legítima. El “Sólo” simplemente seguía apareciendo con demasiada frecuencia.

“Sólo quería revisarlo…”
“Sólo me preguntaba si habías decidido entre…”
“Si sólo me pudieras dar una respuesta, entonces…”
“Sólo le estoy haciendo un seguimiento…”

Comencé a prestarle atención, en el trabajo y más allá. No pasó mucho tiempo para sentir algo que no había notado antes: Las mujeres usan “sólo” con más frecuencia que los hombres.

Aún así, era sólo una corazonada, no tenía datos. Sin embargo, incluso si escuchaba selectivamente, parecía que escuchaba “sólo” tres o cuatro veces más veces de las mujeres que de los hombres.

Me di cuenta de que había algo en la palabra que no me gustaba. De alguna manera, era una palabra para pedir “permiso”, una introducción a una solicitud, una disculpa por interrumpir, un tímido golpe a una puerta antes de preguntar “¿Me puedes dar algo que necesito de ti?”

Cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de que era una palabra de “niños.” Y como tal, ponía al interlocutor en la posición de “padre”, otorgándoles más autoridad y control. Y eso no tenía sentido.

Estoy al tanto del tema de una comunicación respetuosa. Sin embargo, empecé a darme cuenta de que “sólo” no se usaba para ser cortés: Era un mensaje sutil de subordinación, de deferencia. A veces era modestia. A veces, incluso sutil. Cuando comencé a escuchar realmente, me di cuenta de que quitarla de una frase casi siempre aclaraba y reforzaba el mensaje.

Y cuando comencé a prestar atención, me sorprendió (créeme) con qué frecuencia usaba la palabra.

Envié un memo a mis compañeras de trabajo sobre la palabra “S” y les sugerí una moratoria sobre el uso de la misma. Hablamos sobre lo que parecía implicar (todas estuvieron de acuerdo) y lo diferente que el mensaje era de la forma en que nos veíamos: asesores de confianza, verdaderos socios, excelentes clientes.

Empezamos a notar cuándo y cómo usábamos “sólo” y avisarnos los unos a otros cuando se nos colaba. Con el tiempo, la frecuencia disminuyó. Y a medida que lo hizo, sentimos un cambio en nuestra comunicación; incluso en nuestra confianza. No diluíamos nuestros mensajes con una palabra que los debilitaba.

Era sutil, pero los pequeños cambios pueden provocar grandes diferencias. Creo que ayudó a fortalecer nuestra convicción, y mostrar mejor la decisión, la preparación, y el impacto que reflejaba nuestra marca.

Sin embargo, “sólo” todavía me molestaba. Claro, tenía mi pequeño experimento con mis amigas, pero había actuado según una corazonada, tal vez correcta, tal vez equivocada.

Así que corrí a hacer una prueba en el mundo real.

En una sala llena de jóvenes emprendedores, una linda mezcla de hombres y mujeres, le pedí a dos personas (un chico y una chica) que cada uno pasara tres minutos hablando sobre sus startups. Les pedí que salieran de la sala para prepararse, y durante su ausencia le pedí a la audiencia que contaran en secreto el número de veces que cada uno decía la palabra “sólo.”

Sarah fue primero. Los bolígrafos se movían muy rápidamente en las manos del público. Algunos anotaron cinco, otros seis. Cuando Pablo habló, el bolígrafo se movió… una vez. Incluso los oradores quedamos impresionados cuando nos revelaron el conteo.

Ahora, eso no es una investigación: Es un mero MVP (producto mínimamente viable) de una prueba que probablemente merece más investigación, pero todos tenemos otro trabajo que hacer.

Además, tal vez ahora que has leído esto, aumentarás tu atención a esa palabra y encontrarás maneras más claras, y con más confianza, para hacer tus ideas conocidas.

En otras palabras, ayuda a tener el “contador de S” bajo. Saca la palabra de tus frases y ve si notas una diferencia en tu claridad, e incluso en las creencias que alimentan las cosas que dices.

De hecho es fácil, una vez que empiezas a prestarle atención. ¿Te gusta?

Si es así, entonces, recordando a Nike… bueno, “Hazlo”.

Publicado originalmente en blog.reibox.com

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