Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
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- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

¿Tienes la culpa o la responsabilidad?

Por Valentina Thorner | Publicado en Interés General | 20 de abril, 2016

responsabilidadBuscar un culpable es una reacción típica cuando algo no sale como debería.

A veces este culpable es una persona (“mi madre nunca apoyó mis ideas”), a veces es una situación (“con todo el estrés que tengo es imposible”), a veces es la vida misma (“en los tiempos que vivimos…”).

Echar la culpa a alguien o algo es un gran alivio, porque te exime de cualquier responsabilidad. La culpa la tiene otro, tú no puedes hacer nada. ¡Qué oportuno!

Y aunque la culpa la tengas tú, tampoco no podrás hacer nada. La culpa es algo que exige arrepentimiento y quizás penitencia con la esperanza de que un día se te conceda el perdón. Mientras tanto, el sentimiento de culpa te mantiene anclada al pasado llenando el presente de dudas y emociones negativas.

Encontrar un culpable es un alivio, aunque te culpes a ti misma. Es un mecanismo de defensa muy eficaz: no arriesgas nada y probablemente tu entorno te dará la razón en tu victimismo elegido (“Pobrecita, que con estos padres / esta situación personal / esta economía mundial…”.)

Definitivamente, la culpa la tiene tu entorno. Sin embargo, eso no significa que tú no puedas aceptar la responsabilidad de cambiar las cosas.

La diferencia entre culpa y responsabilidad

La culpa exige penitencia y arrepentimiento, generalmente de forma perpetua. La responsabilidad, a cambio, requiere un análisis de la situación, una rectificación si es posible, y un cambio de conducta de cara al futuro.

Te puedes arrepentir de no haber hablado con tus padres en meses, o puedes responsabilizarte y reservar una hora en la agenda para reanudar el contacto, por difícil que sea.

Te puedes sentir mal porque tu proyecto sigue estancado y parece que no avanzas ni a pasos de oruga, o puedes aceptar tu responsabilidad y revisar el por qué de esta situación para cambiarla.

Te puedes sumergir en la creencia de que tú no eres capaz (de levantarte temprano / de aprender un nuevo idioma / de hacer nuevos amigos), o puedes empezar a experimentar con herramientas y actividades nuevas para cambiar la situación actual.

Parafraseando a Einstein: Si repites una y otra vez lo mismo, no esperes que el resultado sea diferente.

La responsabilidad empiezas con las pequeñas cosas

Cambiar de una visión de culpa a una visión de responsabilidad no es agradable ni tampoco fácil. El gran problema de la responsabilidad (a nivel de relaciones públicas) es que requiere que tú hagas algo.

Requiere revisión de los propios actos (y la aceptación de que no eres perfecta), requiere cambios en las rutinas habituales y además invita a los criticones de atacar con sus opiniones de estancamiento. La responsabilidad es incómoda, como aquel grano de arena con el potencial de convertirse en perla cuando la ostra no lo expulsa.

La ventaja es que la responsabilidad se puede practicar en las pequeñas cosas. Escoge algún aspecto de tu día a día que te quita energía o que te genera sentimientos de culpabilidad (porque “deberías” hacerlo diferente). ¿Qué aspectos de esta situación están bajo tu control? ¿Cómo puedes alterar estos aspectos?

No puedes acortar tu necesidad de descanso, pero sí que puedes irte a dormir una hora antes y dejar la alarma en la cocina.

No sabes como reaccionará tu madre después de meses sin comunicación, pero puedes mandar una carta o coger el teléfono para abrir una oportunidad.

Es posible que tu proyecto en su diseño actual no funcione, pero puedes empezar a ponerte prioridades diarias para darle coherencia tu estrategia y encontrar las opciones de mejora.

Fuente: valedeoro

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