Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Si lo sueñas, es que te lo mereces…

Por Merce Roura | Publicado en Interés General | 13 de octubre, 2016

te lo merecesNos merecemos lo bueno pero, a veces, lo olvidamos.

Nos merecemos confiar en nosotros mismos y apuntar alto. Pensar que podemos y que, si aún no sabemos cómo, seremos capaces de aprenderlo, de imaginarlo o de inventarlo.

Merecemos decir que no y no pasar por el aro, aunque los sesenta anteriores hayan dicho que sí y hayan bajado la cabeza para que no se noten las lágrimas que les caen por las mejillas, ni la vergüenza en los ojos por no saber cómo defender su dignidad.

Merecemos toda la dignidad que podemos desear e imaginar. La merecemos nosotros y todos aquellos que no pisan ni arrollan a los demás… La merecen incluso los que sí lo hacen, porque seguramente ellos están aún más faltados de autoestima y erraron la manera de solucionarlo… Pensaron que denigrando a otros y no respetando, serían más dignos y se sentirían mejores y en realidad sólo alimentan un vacío que les impulsa a seguir por un camino que sólo lleva al un rincón agrio y oscuro.

Merecemos decidir cómo queremos que sea nuestra vida y nos merecemos dibujarla, aunque sea mal y con tachones. Merecemos equivocarnos y corregir. Subir la montaña y darnos cuenta de que en realidad lo que nos hacía felices era el valle… Nadar contra la marea y descubrir que en realidad lo que nos calma es dejarnos llevar hasta la orilla.

Necesitamos caer y rodar y topar con algo que jamás habríamos visto o conocido de no caer nunca. Necesitamos existir en mil mundos que no son el nuestro para encontrar el que nos place y nos hace sentir completos… Y luego, tal vez regresar al principio, o quizás habitar en el último de esos mundos, casi sin explorar, cuando ya pensábamos que no había morada para nuestra inquietud ni techo para nuestras estrellas dormidas.

Merecemos ganar. Lo que sea. El gran premio o el de consolación que tal vez sea mejor y pese menos. El premio de conocernos y encontrarnos. El beso. El abrazo. Pasar al siguiente nivel de consciencia y superar todos los complejos que llaman a la puerta en el momento inoportuno y nos recuerdan que aún no nos queremos tanto como debemos…

Nos merecemos querernos sin parar. Sin trabas. Sin límites. Sin vergüenza. Sin miedo. Sin contar minutos ni poner parches. Sin ocultarnos nada, sin reprocharnos nada… Sin nada que perder. Merecemos querernos de forma esférica e intensa. Tal y como otros se merecen ser amados. No como un sueño que no llega, sino como una realidad que se toca, se palpa, se vive.

Merecemos nuestros deseos aunque tengamos temor a imaginarlos. Aunque nos asuste estar cerca de ellos y perderlos porque nos han educado para creer que tenemos algunos universos vetados, algunos mundos donde no somos bien recibidos… Si podemos imaginarlo, podemos conseguirlo. Si podemos creer en nosotros, podremos crearlo para nosotros. Sin más límite que nuestra fuerza interior y las ganas que tengamos.

Aunque hasta ahora no nos hayamos atrevido, aunque muchos nos dijeran que no y nos cerraran la puerta… A más puertas cerradas, más ganas de seguir, más agallas para abrirlas, más intensidad para continuar este camino que no es de rosas pero huele a sueño…

Y si nos quedamos a medio minuto de lo que soñamos, en la esquina de un gran deseo… No nos creamos las voces que dicen “ya te dije que no era para ti, ten los pies en la tierra”… No, no, no… Eso no es más que una señal de que la suerte te ronda y cada vez está más cerca… Que te falta el último empujón, un paso más y ya lo tocas.

Y la suerte que te falta, es de esa suerte que se fabrica, no que se encuentra. Suerte de esfuerzo, de empeño, de llamar a mil puertas y dar voces para que todos sepan lo que buscas. Suerte de domingo por la mañana practicando, de tarde entera leyendo para aprender, de horas de pie sirviendo mesas para vivir mientras repasas mentalmente los pasos de un baile que te podría ayudar a triunfar.

Suerte de libro escrito a pedazos por las noches cuando el mundo se calla y te oyes la conciencia. Suerte de estudiar de madrugada, de hacer la ronda y de cargar cajas pensando en una melodía que componer… La suerte del que sueña y se pone manos a la obra. Suerte del que pone la voluntad y fija un objetivo.

Merecemos esa suerte porque depende de nosotros cogerla y estrujarla para sacarle la esencia. Merecemos vivir la vida que queremos y compartirla y ayudar a otros a conseguirla.

Merecemos darnos cuenta de esto y no perder más tiempo soñando sin crear, sin activar el mecanismo que imaginamos, sin tirar la primera ficha del domino que va a nuestra nueva vida.

Merecemos nuestros sueños porque si no, no los soñaríamos. Si están en nosotros es que somos dignos de ellos, es que podemos alcanzarlos. Merecemos lo mejor, aunque nos quede lejos y haga falta cruzar un océano para conseguirlo…

Merecemos mucho y nos conformamos con poco… Porque nos vemos pequeños y diminutos.

Merecemos lo máximo y no podemos quedarnos con lo mínimo… Confiemos en nosotros mismos y hagámonos dignos de esa confianza.

Merecemos tanto… Aunque lo olvidamos. Y sobre todo, merecemos no dudar más de nosotros mismos y creer que somos capaces.

Fuente: mercerou

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