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¿Se puede aprender a ser un genio como Leonardo da Vinci?

Por finanzaspersonales | Publicado en Interés General | 5 de febrero, 2019

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El genio italiano nos heredó muchas de las más bellas creaciones de la ingeniería, anatomía, diseños militares, la pintura, entre otros campos que todavía es objeto de análisis entre los expertos.

Afortunadamente, da Vinci no era un superhumano, dice Walter Isaacson, periodista y biógrafo que escribió un artículo para el The Wall Street Journal. La mayoría podemos seguir sus métodos y obtener recompensas intelectuales. En su reflexión, Isaacson recuerda una anécdota donde, cercano a sus 30 años, Leonardo da Vinci envió una carta al gobernador de Milán, explicándole las razones por las cuales debería ser considerado para un trabajo.

En su misiva, hizo un cuidadoso listado de 10 párrafos para explicar sus habilidades en ingeniería, incluyendo sus conocimientos en levantar puentes, canales, cañones y vehículos de combate. Solo al final, como de repente, anotó que también era un artista. “Igualmente, en pintura, puedo hacer todo lo que sea posible”, escribió.

La ventaja para las personas del común, es que la inteligencia de Leonardo no era supernatural como la de otros genios como Newton o Einstein, cuyas mentes tenían tal poder de procesamiento que solo podemos maravillarnos con ellos.

Existen más de 7.000 páginas de notas tomadas por Leonardo y que están llenas de pruebas que él no era un superhumano. Él cometió errores aritméticos, tenía una profunda disposición para la geometría pero no era tan hábil para el uso de ecuaciones como para decodificar las leyes de la naturaleza.

Dejó sin terminar muchos proyectos artísticos y páginas sin publicar de bellos tratados. También tenía inclinación por la fantasía, con visionarias máquinas voladoras que nunca despegaron y tanques que jamás rodaron. “Hasta cierto punto, estas tendencias fueron fracasos. La visión sin ejecución es alucinación”, dice Isaacson.

Pero esa capacidad o habilidad de este genio para desdibujar la línea entre la realidad y la imaginación, como hizo con su técnica de difuminar las líneas de sus pinturas, fue la clave para su creatividad. Él supo visionar lo que los innovadores se inventaría siglos después y el negarse a acabar con los trabajos que no había perfeccionado, fue como cultivó su reputación de genio, en lugar de ser visto como solo un artesano.

Tampoco le estamos diciendo que ahora usted se puede convertir en el próximo Leonardo, pero sí puede intentar cultivar, tanto en usted, como en los niños pequeños, las habilidades para poner en funcionamiento la imaginación, de una forma productiva. Pero todos, con la suficiente disposición, podemos aprender algo de cómo ser más creativos y más satisfechos con la vida intelectual.

#1. Ser curiosos con todo

Uno de los rasgos distintivos de da Vinci era su apasionada, lúdica y en ocasiones, obsesiva curiosidad. El hizo una lista en sus apuntes de cientos de asuntos, que iban entre lo maravilloso y mundano de lo que quería explorar: desde la causa de los bostezos de la gente a los métodos para sacar la cuadratura de un círculo.

Él hizo su propio aprendizaje para investigar sobre la placenta de un ternero, la mandíbula del cocodrilo, los músculos faciales de los humanos, el resplandor de la luna nueva y los bordes de las sombras.

Una parte de su curiosidad involucraba un fenómeno que era tan común que raramente alguien hacía un alto para preguntarse sobre ello. “Por qué el pez es más delgado en el agua que el ave en el aire cuando debería ser al contrario, debido a que el agua es más pesada y más gruesa que el aire?”.

Lo mejor de todo es que estas preguntas eran completamente aleatorias. “Describir la lengua del pájaro carpintero”, fue una de las tareas que se puso a sí mismo en la lista de notas. No era algo que Leonardo necesitara para hacer una pintura o para entender el vuelo de los pájaros. Simplemente lo hacía por querer saber. Nunca superó la necesidad de un niño de solo admirar la belleza del cielo azul, sino que se preguntaba por qué era de ese color.

#2. Observar atentamente

Su curiosidad era producto de la nitidez de sus ojos, los cuales se enfocaban en las cosas que el resto de los demás apenas tenían notoriedad. Una noche, él vio un rayo de luz detrás de unos edificios y por algunos instantes estos parecían algo más pequeños, entonces realizó una serie de experimentos para constatar que los objetos parecían verse más pequeños cuando eran rodeados por la luz.

Cuando vio cómo unas libélulas revoloteaban alrededor de un pozo, estudió con exactitud cómo sus pares de alas se alternaban en sus movimientos. ¿El agua se mueve dentro de un tazón? Empezó a estudiar cómo se formaban los remolinos, y comenzó a preguntarse por ellos.

Leonardo aprendió que la verdadera observación requiere no solo de disciplina de mirar muy cerca, sino al mismo tiempo se paciencia para procesar las observaciones y encontrar patrones.

Él le contó al duque de Milán que la creatividad requería de tiempo y paciencia. “Los hombres de alto genio a veces cumplen sus objetivos cuando trabajan menos”, dijo. “porque sus mentes están ocupadas con sus ideas y perfecciones de sus concepciones, a las cuales después les dan forma”, explicó.

La mayoría de nosotros no necesitamos animarnos a dejar las cosas para después, un mal hábito que llamamos procrastinar. Lo hacemos de forma natural. Pero hacerlo como lo decía da Vinci requiere de trabajo: involucra reunir todos los hechos e ideas posibles, y solo después de eso permitir que los diversos ingredientes hiervan a fuego lento.

Como sucesor de una larga tradición de notarios, Leonardo entendí que la habilidad de la observación requiere de la ayuda de dejar registrado todo. En los inicios de 1480, poco después de instalarse en Milán, él empezó una práctica para el resto de la vida de dejar todo guardado en libretas de apuntes.

500 años después de su muerte, muchos de los apuntes de da Vinci todavía deja atónitos a muchos y es fuente de inspiración. Dentro de 50 años, nuestros propios apuntes, si es que trabajamos en la iniciativa de empezar a guardarlos, pueden aturdir e inspirar a nuestros nietos, en vez de largos posts y mensajes por Twitter y Facebook que podrían caer al olvido.

#3. Disfrutar la fantasía

En gran parte de su carrera, la actividad principal de Leonardo fue recrear desfiles, actuaciones y obras para sus patronos aristocráticos. Justo cuando desdibujó las fronteras entre el arte y la ciencia, él borró la línea entre la realidad y la fantasía. En podía visionar los pájaros en pleno vuelo pero también, ángeles, leones que rugían junto a los dragones.

Cuando Leonardo se convirtió en adulto nunca se detuvo a disfrutar de sus fantasías y especulaciones que ahora asociamos con nuestra niñez. Esta es una lección para todos, para poner en práctica en medio de las exigencias que hay en nuestra vida moderna. podemos imaginar, cómo él llegó a hacerlo en cómo desviar un río o cómo podemos construir una máquina para hacer volar a las personas. Tal vez no sea probable que podamos resolver estos problemas, pero aún si fallamos en el intento, podemos estirar nuestra imaginación.

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