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Necesitamos anteojos para nuestra vida

Por Rafael Ayala | Publicado en Interés General | 6 de abril, 2016

anteojosHace tiempo me di cuenta que necesito lentes para ver bien a distancia, especialmente cuando hay poca luz. Toda mi vida había gozado de una excelente vista.

Sin embargo, hace unos meses me di cuenta que al conducir, especialmente por la noche, ya no distinguía claramente algunos de los señalamientos que estaban a la distancia. Incluso algunas de las luces y letreros luminosos tomaban forma de estrella. Lo primero que pensé es que estaba cansado porque había sido un día largo y duro; mas esta situación se repetía constantemente.

Lamentablemente, y por desidia, fui postergando mi visita al oculista y me acostumbré a que en condiciones de baja iluminación mi vista ya no era como la antes. Parece increíble pero pasaron meses en que me mantuve así.

Un día, al ver mi esposa que tenía dificultad para ver bien a distancia, me prestó sus lentes. ¡Qué maravilla, todo se veía nítido, luminoso, perfecto! Parecía que sus anteojos eran mágicos. Esos cristales me mostraron otra dimensión, una más perfecta y bella, una mejor, y yo me la había estado perdiendo.

Al ver todo con total claridad me pregunté desde cuando realmente había dejado de ver con esa perfección, ¿no sería que estos últimos días el problema visual se había vuelto tan obvio que hasta ahora me daba cuenta de algo que ya no era perfecto desde tiempo atrás? ¿Cuánto tiempo hacía que no veía de una forma tan precisa? No pude responder esta pregunta.

Lo mismo nos sucede con otras áreas de nuestra vida, incluso algunas de ellas más importantes que nuestra vista. He conocido personas que viven enfermas, padeciendo dolores que ya consideran normales; o parejas que creen que la relación tan distante, fría o agresiva que tienen es como son las relaciones. Se han acostumbrado a algo que podía ser mucho mejor. Al igual que yo, se han adaptado a vivir viendo mal.

Un optometrista me explicaba que entre más tiempo pasa sin que atendamos las pequeñas deficiencias visuales, más rápido nuestros ojos pierden su capacidad de enfoque. En otras palabras nos acostumbramos a ver mal y no nos damos cuenta que experimentamos un deterioro crónico. Como no estamos ciegos y seguimos distinguiendo formas y viendo “más o menos”, aprendemos a entre cerrar los ojos o acercar o alejarnos de los objetos para verlos mejor. Así, sacamos adelante el momento sin darnos cuenta que cada vez empeora un poco la situación.

Lo mismo nos sucede en muchas otras áreas de nuestra vida. Nos conformamos con un ingreso aunque no nos alcance; creemos que es normal que un ser querido nos maltrate con sus palabras, desprecio o incluso golpes; pensamos que los padecimientos físicos que tenemos son normales; comemos pésimamente bajo el pretexto de “qué tanto es tantito” y justificamos actitudes terribles de nuestros hijos pensando que así son todos los jóvenes.

En otras palabras, nos acostumbramos a tener un estilo y calidad de vida que nos perjudica, no nos satisface y al que ya nos acostumbramos y consideramos normal.

Este es un buen momento para reflexionar sobre nuestra miopía personal. Darnos cuenta de que no podemos ver bien es un primer paso, pero de nada sirve si no hacemos algo al respecto y damos pasos para solucionarlo. Generalmente el segundo paso (después de reconocer que tenemos un problema) es pedir ayuda. Requerimos apoyo externo, pues nuestra costumbre es tan fuerte que en ocasiones ni siquiera dimensionamos la magnitud de nuestros padecimientos. Para eso existen profesionales y especialistas con el conocimiento, experiencia y competencias necesarias para ayudarnos a corregir nuestros problemas.

Este fin de semana me entregarán mis lentes. Realmente estoy entusiasmado por tenerlos. Quiero traerlos para conducir con mayor seguridad, disfrutar mejor las películas o simplemente ver todo y a todos los que me rodean con claridad.

No permitamos que la costumbre nos impida reaccionar a tiempo para corregir los defectos que ya hemos incorporado y aceptado en nuestra existencia. Es posible tener una mejor forma de vida; hay tratamientos para atender nuestras molestias físicas y males emocionales; es posible tener una mejor relación de pareja, ganar más dinero o hacer más confortable el espacio en que vivimos. No nos acostumbremos a vivir a medias. Aún es tiempo de romper las prácticas y situaciones que están impidiendo que tengamos una mejor forma de vida. ¿Harás algo al respecto?

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