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“Me levanté, sigo adelante, esto es lo que aprendí”: Las empresas que se dedican a celebrar el fracaso

Por Bbc Mundo | Publicado en Interés General | 26 de octubre, 2017

celebrar el fracasoHace 5 años, entre rondas de mezcal, unos amigos de México notaron que sólo hablaban de sus éxitos… y llegaron a una conclusión que es ya todo un movimiento: no mantener en privado los golpes que le da la vida es un aprendizaje.

Después de cuatro meses y siete entrevistas, Adriano Destro recibió la mala noticia: no había conseguido el trabajo de sus sueños en Facebook. Sin embargo, en vez de tragarse el mal momento y quedárselo para él, el analista digital de 25 años decidió escribir sobre lo que le pasó en la red Linkedln, describiéndolo como el mejor fracaso de su vida.

“Tenemos la tendencia de compartir nuestros logros y esconder nuestros reveses”, escribió Destro, quien también tiene un posgrado en Administración de empresas y reside en Nápoles, Italia.

La vida no solo está hecha de historias de éxito, sino que la mayor parte del tiempo las personas fracasan y luego retoman el camino con más hambre y motivación. Solo llevo recorrido un 1%”, apuntó.

La publicación de Destro ha sido vista 8,5 millones de veces. Además, según cuenta por correo electrónico, recibió más de 100 notas privadas, mensajes de estímulos e incluso ofertas de trabajo: “Etiquetamos el fracaso como una vergüenza, algo que debemos cargar silenciosamente… Pensé que debería sacarle el mejor provecho a la situación”, apunta.

Rechazo y contexto social

“Contar que lo rechazaron en Facebook es clásico de una Maestría en Administración de empresas”, explica G. Richard Shell, profesor de estudios legales y ética empresarial en la Facultad de Wharton en la Universidad de Pensilvania, EE.UU.

“Y si el apoyo social para decir que eso está bien está presente, entonces se vuelve algo de lo que podemos aprender”. Pero si ese respaldo no existe, “esos episodios tienden a ser alienantes, aislantes y deprimentes, porque se piensa que hay algo genérico sobre el fracaso”, sostiene Shell.

Ahora bien: discutirlo públicamente es harina de otro costal. Puede ser bochornoso y erosionar la confianza, evocando sentimientos de vergüenza y culpabilidad. En algunas compañías, puede poner fin a una carrera, dicen expertos y ejecutivos.

Según diversos estudios, la humillación, asociada con sentirse inferior a la vista de otros, es una de las emociones más intensas que alguien puede experimentar, incluso cuando se le compara con sentimientos de rabia o felicidad. El fracaso también puede afectar tu auto-percepción y hacerte sentir inseguro sobre tus habilidades en el trabajo, independientemente de la realidad.

Sea como sea, caerse de bruces es algo que, fuera del mundo de las start-ups, es generalmente visto de forma negativa y que se debe mantener en privado. Sin embargo, eso puede estar cambiando: un grupo de envalentonados jóvenes profesionales están dándole vuelta a la idea del fracaso.

Celebrar el fracaso

El movimiento para celebrar públicamente el fracaso quizás haya recibido su mayor impulso hace cinco años, en una cantina de la Ciudad de México.

Todo comenzó con una franca conversación entre cinco amigos. Sobre una ronda de mezcal descubrieron que solo habían estado hablando entre sí sobre éxitos, sin revelar sus reveses. Eso llevó a una discusión de una hora sobre cómo ser abierto y sobre cómo tus tropiezos te podrían beneficiar.

Así, decidieron lanzar un evento que le daría a la gente la libertad de discutir sus fracasos y, a tono con su enfoque sin restricciones, le dieron el nombre soez de “Fuck Up Nights” (Noches Jodidas).

Los eventos siguen un formato específico: tres o cuatro emprendedores presentan sus fracasos durante siete minutos, utilizando hasta diez imágenes. Cada presentación es seguida de una sesión de preguntas y respuestas e interconexiones, mientras se comparten bebidas.

El propósito de los eventos es eliminar el dolor, la vergüenza y la culpa del fracaso, compartir historias en un ambiente de apoyo, trabajar las experiencias y descifrar lo que podría haber sido hecho de otra manera. “Todo el mundo fracasa”, dice Yannick Kwil, director general del grupo. “Es algo universal”.

“Fue una de nuestras conversaciones sobre negocios más valiosas y decidimos repetir la experiencia con más amigos”, cuenta la cofundadora Leticia Gasca recordando ese primer encuentro. Ahora Gasca también encabeza el brazo de investigación global de la organización, The Failure Institute (El Instituto del Fracaso).

La serie de eventos, que comenzaron como un pasatiempo para los fundadores, rápidamente tuvo eco internacional gracias, en gran parte, a las redes sociales. Después de dos meses, 15 ciudades los estaban organizando y ahora el movimiento se ha extendido a más de 200 ciudades en 75 países.

Y es en países donde la gente no está acostumbrada a hablar del fracaso, como Japón, Alemania o México, donde están teniendo un mayor éxito, dice Kwick. A medida que se ha ido extendiendo, el movimiento ha tenido que hacer retoques al evento original. Por ejemplo, en los países musulmanes y en otros lugares, se organizan usando el acrónimo FUN porque el uso de palabras obscenas puede colocar a los organizadores al margen de la ley.

A pesar de las diferencias culturales, resalta Kwick, es necesario que haya en la sociedad un lugar donde el fracaso pueda ser compartido de una forma libre y abierta, sin el temor del rechazo social y familiar. “Hay muchos conocimientos que nadie está compartiendo y hay muchas experiencias que ayudan a otros en la misma situación”, dice. “Pueden ser una fuente de inspiración”.

Ejemplo tecnológico

El mundo de las start-ups ha visto una buena cantidad de celebraciones del fracaso, pero en otros tipos de empresas no es algo que haya pegado con la misma fuerza.

Lanzado en San Francisco en 2009, Failcon surgió como una conferencia de un día para que los fundadores de start-ups aprendieran del fracaso y estuviesen preparados ante esa eventualidad. Sin embargo, desde entonces fue reformateada dado que el tópico ya forma parte del léxico de la industria, indicó su fundador Cass Phillipps a The New York Times.

Los funerales de start-ups están de moda y los post-mortem también se están volviendo omnipresentes. Sin embargo, aunque EE.UU. puede ser percibido como un lugar donde los reveses se celebran, fuera del microcosmos de las empresas de innovación en Silicon Valley en California o Boulder Colorado, el fracaso es visto de una manera más conservadora.

“En el resto de EE.UU., a la gente le cuesta asumirlo como en otras partes del mundo”, señala Kwik. Sin importa de qué país se trata, replantearse el fracaso puede hacer que la gente sea más fuerte, proponen los partidarios de comunicarlo. “La historia del fracaso termina con algún tipo de resistencia”, dice Shell, de la Universidad de Pensilvania.

“Puede que no sea una redención, pero sí puede ser: ‘Me levanté, sigo adelante, esto es lo que aprendí. Es verdaderamente importante que la gente fracase, porque sin fracaso no se puede aprender‘”, añade.”Nos estamos apropiando de ese proceso, lo estamos celebrando y lo estamos compartiendo”.

Fuente: finanzaspersonales

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