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Los 3 tipos de “No” que debes dominar en tu carrera

Por Rich Bellis | Publicado en Desarrollo Personal | 21 de noviembre, 2016

Reibox BlogHay una razón de por qué “no” es una de las primeras palabras que aprendemos a decir. La vida nunca para de lanzarnos ofertas y oportunidades que merecen ser rechazadas.

A medida que crecemos, la sugerencia de que terminemos nuestro brócoli ya no es la que más nos cuesta rechazar; son las peticiones que nos hacen en el trabajo sobre más y dudosas tareas a las cuales tenemos que encontrar la manera de rechazar cortésmente.

De ahí la serie de consejos para profesionales que buscan maneras elegantes para rechazar todo, desde procesos de contratación y tareas que consumen mucho tiempo, a ayudar a los compañeros de trabajo y a los “pasantes” extracurriculares.

Ahora, si bien muchos de esos consejos son sólidos, no necesitas realmente una estrategia independiente para cada una de estas situaciones en tu carrera; tener una enciclopedia mental de “no” para sacar rápido en cada nueva ocasión simplemente no es práctico.

En vez de eso, sólo tienes que dominar estos tres tipos de “no”, y entonces elegir la que quieras usar en función del contexto y la fuerza (o debilidad) de tu interés.

1. El “No directo”

Hace un par de semanas recibí una invitación por Facebook para una exposición de arte cuyo objetivo declarado era:

[Considerar] las muchas maneras en que los artistas y los trabajos de arte se contradecían día a día en la realidad, ya sea en un registro explícitamente político o de modos más sutiles, incluso satíricos, que reconocen una complicidad incómoda con el orden dominante.

Ahora bien, puede muy bien ser un espectáculo excepcional, pero no tuve ningún problema para decidir si la invitación era para mí: Fue un “no directo.”

De vez en cuando, en tu carrera se presentarán similares decisiones claras donde sabrás que tu respuesta es un definitivo “no, gracias” instantáneo. En esos casos, muchos de nosotros tenemos problemas para ser tan categóricos con nuestros rechazos como deberíamos, preocupados por quemar puentes, hacer enojar a nuestro jefe, o dañar nuestra reputación.

“Decir ‘no’ no es algo que podamos hacer naturalmente la mayoría de nosotros,” le dijo la psicóloga social Susan Newman a Fast Company el año pasado. Desde muy joven, aprendimos a decir “sí” de manera tan regular que se convirtió en una respuesta casi reflexiva para muchos adultos; y también crea el hábito de que nos veamos a nosotros mismos más abiertos a cosas de lo que realmente estamos.

Pero, como Newman lo ve, “Las consecuencias de un ‘no’ raramente es tan malo como crees que va a ser.”

En situaciones profesionales, hay dos cosas importantes a tener en cuenta cuando estás seguro de que no te interesa y no visualizas que tu posición vaya a cambiar.

En primer lugar, no es personal. Del mismo modo que la exposición de arte será una gran experiencia para un tipo diferente de persona, la oferta para invertir en la startup A o la entrevista de trabajo en la empresa B no son fundamentalmente malas, simplemente no son adecuadas para ti.

Y en segundo lugar, que con decirlo desde un principio y con claridad le haces un favor a quien te lo ofrece. Al hacer evidente que no estás interesado (en lugar de dar un insincero “tal vez”), la persona que solicita tu participación es libre de ir a otra parte con su oferta y encontrar a alguien que más probablemente lo acepte. Tu rechazo podría incluso ayudarlos a reorientar su busca.

Aquí tienes un ejemplo: Una lectora, Alison Green, me escribió para preguntar cómo podía declinar cortésmente una promoción:

Realmente no quiero una posición de liderazgo. Estoy contenta con lo que estoy haciendo ahora, y las funciones de liderazgo parecen venir con una enorme cantidad de estrés… No quiero caer en el más-más-más y sacrificar mi felicidad, mi comodidad, y el tiempo con mi familia por un sueldo más grande y más responsabilidades.

Un “no directo” es perfecto aquí.

“Suena como si necesitaras ser más directa,” Green sabiamente aconsejó, proponiendo una respuesta como esta:

Realmente aprecio tu confianza en mí y tu impulso para llegar más arriba, pero he dado muchas vueltas, y estoy muy feliz con lo que estoy haciendo actualmente. No quiero pasar a la administración; tengo un gran respeto por las personas que lo hacen, pero no es lo mío.

Nota esa última línea, donde no hay pista de críticas ni para la oferta ni el oferente: “No es lo mío.”

2. El “No suave”

¿Qué pasa si estás rechazando una proposición, pero puedas considerar hacer algo por debajo de lo que se te pide, pero necesitas escuchar más antes de decidir?

Este tipo de situación puede ser muy común en nuestras carreras, y probablemente la mayor culpable de nuestra tendencia a terminar aceptando cosas que no deberíamos.

Tú no sólo quieres demostrar que estás dudando. La clave para dar un “No suave” es transmitir las razones de tu escepticismo y explicar la información que necesitas para dar una respuesta más firme.

En 1997, el consultor William R. Daniels ofreció un ejemplo directo sobre cómo convertir un probable “no” en un posible “sí” con sólo dar más información. “Si voy a participar,” le dijo a un cliente que le había pedido expandir una serie de entrenamiento que Daniels dirigía y que había sido un gran éxito, “Necesito entender más sobre el proyecto.”

Si eso sonó como un final abierto, lo fue, pero logró dos cosas muy sucintamente: Le dejó saber al cliente de Daniels que no era una apuesta segura; no le siguió la corriente ni fingió un falso entusiasmo. Pero, en segundo lugar, le dio a su cliente la oportunidad de explicar más detalles de la nueva iniciativa, en lugar de intentar convencerlo en base a experiencias previas.

Daniels mostró una educada reticencia, evitó todo lo personal, y dejó en claro qué necesitaría saber para tomar una decisión final.

3. El “Pregúntame más tarde”

A veces decimos “sí” a algo que no nos conviene ahora pero que podría ser bueno dentro de un tiempo. Y si bien es cierto que algunas (o tal vez la mayoría) ofertas tienen fechas de vencimiento, puede haber maneras de retrazarlas o incluso renovarlas más adelante.

En estos casos, explica brevemente lo que te impide aceptar la oportunidad en este momento pero por qué te interesa de todas maneras. Entonces sugiere términos para revisarlo más tarde, y ve si le funcionó a la otra parte.

Este tipo de respuesta es muy útil ya que refleja el papel importante que el tiempo juega en nuestras vidas y carreras (y muy práctico, de hecho, es por eso que LinkedIn tiene una respuesta rápida automática para responder a los mensajes de los reclutadores: “Gracias por contactarme. En este momento no lo puedo aceptar, pero mantengamos el contacto.”).

Sin embargo, nuestros trabajos tienden a empujarnos sutilmente en la dirección opuesta, ver las oportunidades como algo negro o blanco, que están allí hasta que ya no están.

“Los plazos pueden ser algo bueno,” Joy C Lin de Muse explicó recientemente. “Nos ayudan a medir si nos estamos moviendo en la dirección correcta y nos mantienen motivados. Pero forzarte a seguir una agenda cuando no tiene sentido puede ser ineficaz, e incluso te detenga.”

No puedes programar con antelación toda la carrera, a pesar de que algunas ofertas y oportunidades quieran obligarte (deliberadamente o no) a hacerlo. La prisa puede ser más que paralizante señala Lin. Nos puede llevar a un callejón sin salida; o a lamentables “sí.”

¿Qué es lo peor que podrías pasar si le pides que espere y decides más tarde? Te dará un “No directo” y seguirá con el asunto; entonces hazlo tú también. Sin resentimientos.

Publicado originalmente en Blog.Reibox.com

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