Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Lo que siembras en el mundo, es lo que cosechas

Por Pablo A. Arango | Publicado en Historias | 4 de julio, 2018

cosechasJulio Diaz es un trabajador social neoyorquino que va dejando tras de si semillas de amor. Y lo que recibe a cambio es… amor.

Esto es algo de lo que yo estoy convencido: el mundo nos tratará según lo tratemos a él. Si vamos dejando trozos de amabilidad y generosidad dondequiera que vamos, lo más probable es que recibamos amabilidad y generosidad a cambio.

Si, también hay de los otros; de los malos. Pero por fortuna, son la minoría.

La emotiva historia de Julio Diaz, el hombre que invitó a cenar a su atracador, es un ejemplo de como la amabilidad abre las ventanas de los corazones más duros.

Julio Díaz tiene una rutina diaria. Todas las noches el trabajador social de 31 años termina su viaje de una hora hacia el Bronx una parada antes, solo para poder comer en su restaurante favorito.

Una noche del mes pasado mientras Julio se bajaba del tren número 6 en un andén prácticamente vacío, su tarde dio un giro inesperado.

Estaba caminando hacia las escaleras cuando un chico adolescente se le acercó y sacó un cuchillo.

“Quería mi dinero, así que simplemente le di mi cartera y le dije, ‘aquí tienes’”, comenta Julio.

Justo cuando el adolescente se marchaba, Julio le dijo “Ey, espera un minuto. Te has olvidado algo. Si vas a estar robando por ahí el resto de la noche, deberías también coger mi chaqueta y abrigarte bien”.

El aspirante a ladrón miró a su aspirante a víctima como diciendo, ¿Qué está pasando aquí? Totalmente sorprendido preguntó a Julio ‘¿Por qué estás haciendo esto?’. “Si estás dispuesto a arriesgar tu libertad por unos pocos dólares, entonces entiendo que realmente necesitas el dinero… Bueno, yo ahora iba a ir a cenar así que si quieres unirte eres más que bienvenido”.

“Sentí que realmente necesitaba ayuda”, dice Julio.

Entonces ambos fueron al restaurante favorito de Julio y se sentaron en una mesa reservada.

“El manager viene a saludarte, también los encargados de lavar los platos, y los camareros” cuenta Julio. “El joven estaba alucinado, ‘Conoces a todo el mundo aquí. ¿Es que eres el propietario de éste lugar?’

“No, solo como aquí muchas veces”, “Entonces dice ‘¡Pero eres amable incluso con el encargado de lavar los platos!’”

Julio contestó “¿No te han enseñado a ti también que deberíamos ser amables con todo el mundo?”

“Si, pero no pensaba que la gente actuara realmente de esa manera”, dijo el adolescente.

Julio le preguntó qué quería de la vida. “Tenía una cara triste” comenta Julio. El adolescente no podía contestar a Julio, o quizás no quería hacerlo.

Cuando la cuenta llegó, Julio le dijo al adolescente: “creo que vas a tener que pagar ésta cuenta porque tienes mi dinero, y así yo no puedo pagar por ello. Si me devuelves la cartera, estaré encantado de invitarte.”

El adolescente ni siquiera pensó en ello y devolvió la cartera a Julio. “Le di 20 dólares… pensé que quizá le ayudaría, no sé” comenta Julio.

En ese momento, Julio le pidió algo más al adolescente, su cuchillo, y el adolescente sin dudarlo se lo dio.

Un tiempo después, cuando Julio le contó a su madre lo que había pasado, ella dijo, ‘Si alguien te pregunta la hora, tú les das tu reloj, eres ese tipo de chico’. “Sabes, pienso que si tratas bien a la gente, solo puedes esperar que ellos también te traten bien.”

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