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Las trampas mentales

Por Horacio Krell | Publicado en Interés General | 10 de Mayo, 2017

trampas mentalesCon buenas razones para sostener su punto de vista el cerebro hace trampas, nos engaña y se engaña a sí mismo por distintas fallas. Porque la realidad está ahí pero lo que realmente importa es la percepción. Y así es como nos alejamos de la realidad y de la verdad.

Las tensiones de la vida moderna generan desde neurosis hasta ataques de pánico y lo que más nos angustia es la seguridad de la muerte. Antes se nos atendía por partes pero surgió la psico-neuro-inmuno-endrocrinología (PNIE) donde convergen psicología, psiquiatría, neurología, inmunología y endocrinología, que estudian en formato interactivo la salud y la enfermedad, la dicotomía mente cuerpo.

Se recobra la versión holística de la medicina hipocrática, sin olvidar la singularidad. Para colmo de males en las relaciones familiares y sociales encontramos seres que parecen normales pero que psicopatean.

Antisociales, insensibles a los derechos de los demás, intolerantes, irresponsables al expresar sus demandas, sin remordimientos ni culpas. Son lobos disfrazados de corderos, pero seductores. Se basan en la deshonestidad y en el engaño, manipulan sin que uno lo advierta. La trampa mental que producen se conecta con los sentimientos que generan, los miedos a la soledad, a la vejez, a la inseguridad.

Las trampas mentales son, en general, los prejuicios, hábitos, emociones, que impactan al cerebro sin que nos demos cuenta y sin tomar conciencia de su existencia.

La mente juega contra la razón de diversas formas. Somos pésimos para calcular probabilidades. El cerebro busca y cree encontrar, patrones y conspiraciones inexistentes y suele atribuirles un significado divino o cósmico, así como afirma coincidencias que no son tales y encuentra relaciones de causalidad donde hay solamente casualidad.

Cree que puede orientar los hechos en favor o en contra de lo que desea. Muestra de ellos es la importancia que se atribuye a la oración y la plegaria por la salud de un enfermo y creer que hay relación de causa y efecto entre rituales, gurúes con poderes especiales y acciones personales en resultados que son de naturaleza aleatoria.

1. La trampa originaria.

El sistema nervioso posee capas superpuestas. El tronco cerebral, como el encéfalo del reptil, controla los instintos y no aprende de la experiencia. Los mamíferos al procrear por parto aportaron la capa emocional. El cerebro racional, derivó del lenguaje verbal y se instaló en la corteza cerebral.

El cerebro resultó de la evolución, no fue hecho para el hombre. No es tan preciso como la mano, que sustituyó por completo a la garra del animal. El animal nace perfecto, el niño débil. Su cerebro es una página en blanco a completar, y eso le permitirá elegir su futuro. La trampa mental es no saber armonizar estas tres áreas en conflicto.

Las conclusiones erróneas derivan de asociaciones incorrectas como en el siguiente test: Imagine una sábana blanca, una tiza blanca y una camisa blanca. Ahora responda en un segundo: ¿qué bebe la vaca? Por un error al asociar muchos responden leche en vez de agua.

2. La trampa cultural.

Al ponernos de pie las manos reemplazaron a la boca. El cerebro fue el símbolo intelectual y los ojos su instrumento. La zona abdominal, más ligada a la naturaleza, llegó a la conciencia indirectamente, por las sensaciones estomacales.

Con el lenguaje surgió el mundo cultural. El hemisferio izquierdo alojó la razón y la palabra, el derecho las emociones y la intuición. Ambos se unen por un cable de fibras nerviosas que los conecta. La educación se concentra en la fragmentación intelectual. Para Pascal “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Mientras que la emoción te lleva a actuar, la razón te lleva a las conclusiones.

La trampa mental es disociar emociones de razonamientos.

Conduces tu automóvil deportivo de dos plazas en una noche de tormenta terrible. Al pasar por una parada de micros ves a tres personas esperando:

1. Una anciana enferma a punto de morir.
2. Un viejo amigo que alguna vez te salvó la vida.
3. La mujer de tus sueños

¿A quién llevarías en tu automóvil, ya que sólo hay sitio para un pasajero?

Este es un dilema ético. Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y por lo tanto deberías salvarla; o llevar a tu amigo, ya que te salvó la vida. Sin embargo, no volverías a encontrar a tu amor imposible. Deberías darle las llaves del auto a tu amigo, y pedirle que lleve a la anciana al hospital; mientras tanto, te quedarías esperando el micro con la mujer de tus sueños.

3. La trampa biológica.

Hay mutaciones azarosas en los genes y luego la naturaleza elige los que poseen elementos favorables para sobrevivir, proceso conocido como selección natural. Esto sucede fuera del control consciente. La creatividad, por el contrario, genera cambios en los paradigmas culturales. Es el equivalente cultural del cambio genético. Ciertas mutaciones crean seres que pueden descubrir cosas nuevas, así al componente genético le suman lo aprendido y lo vivido desde la infancia.

Hay una fuerza primitiva y poderosa que tiene un rol activo para la supervivencia: es la entropía o la necesidad de conservar la energía. Es tan poderosa que precisamos el descanso. Caminar, mirar una película, leer un libro. Ponernos en piloto automático, para no gastar energía. Son instrucciones opuestas: el menor esfuerzo (entropía) y buscar lo nuevo (creatividad). La trampa es que la entropía es más potente que el placer de descubrir, aunque nos sintamos tan bien cuando aparece.

El único deporte que Daniel Vago practicaba era el bingo. Vago evitaba el ejercicio físico a toda costa. No obstante, tenía una costumbre curiosa: los lunes y viernes, tomaba el micro para ir al bingo que realizaba dos paradas cerca de la sala. La primera a 100 metros y la segunda a 200 metros. Curiosamente, Vago siembre se bajaba en la segunda parada y caminaba los 200 metros. ¿Qué motivo tenía para recorrer el trayecto mayor? Es que la segunda parada estaba en una pendiente, cuesta abajo estaba el Bingo.

4. La trampa educativa.

La curiosidad está presente en todos los chicos pero es difícil cultivarla porque el sistema educativo no brinda oportunidades. Los genes pasan de generación en generación de modo automático, los mensajes culturales se tienen que aprender viviendo. Los “memes” son los equivalentes culturales de los genes. Una persona creativa puede cambiar un meme que cambie la cultura. Existe un costo alto para crear. Lleva esfuerzo y energía, va contra la corriente y necesita aprendizaje.

No podemos procesar información al mismo tiempo y siempre ocupados y corriendo, contamos con poco tiempo para pensar, comprometidos con trabajar para sobrevivir. La creatividad es la actividad mental a través de la cual una revelación produce algo valioso. La creatividad sucede en la cabeza y en interacción con el contexto, es un producto social más que individual. La trampa es que la rutina la traba sin darnos cuenta.

Con la repetición se automatiza el pensamiento. Russell lo explicó en el “pavo inductivo” que cenó siempre a las 21 durante años y creyó que eso sería para siempre. Pero una Navidad le cortaron el pescuezo y lo cenaron a él. La condición necesaria es la clave, no la aparente. Todo efecto tiene su causa y a iguales causas iguales efectos. Sin embargo la regularidad de ciertos sucesos crea una ilusión.

El método científico logró combinar la inducción y la deducción para comprobar las hipótesis. Esto permite experimentar la conexión causal sin quedar atado a la rutina. En el hombre la libertad hace que su deseo sea la causa del efecto y motive la acción que lo provocará.

5. Trampas de la memoria.

El cerebro se parece a una ciudad de noche, con algunas luces encendidas. A veces debemos visitar esas zonas oscuras, buscando novedades, ideas o soluciones creativas. Pero lo habitual es basarse en lo viejo conocido. Con la entropía el cerebro busca el menor esfuerzo y se dirige a la información conocida.

Pero el problema es algo nuevo y sólo se soluciona con nuevas ideas. Se necesita saber cómo encender y conectar otras neuronas, pero los patrones de pensamiento crean redes neuronales fijas. El proceso creativo las desestructura. La trampa de la memoria es recurrir a los recuerdos, y aplicar conocimientos no adecuados a la ocasión.

Por definición un problema es algo nuevo para el cerebro que no puede resolver de memoria. No se puede pensar sin un problema como guía. Muchos confunden pensamiento con memoria, como cuando dicen “estuve pensando en vos”, o con creencias como en: “yo pienso de esta manera”.

Einstein decía que no se puede enfocar un problema con el mismo criterio con el que se lo creó. Por eso es un error el cartel THING (piense) que aparece en muchas empresas, porque a nadie se lo puede obligar a pensar sin un problema a la vista. Si yo quiero crearte un problema te preguntaré algo: ¿cuál es el primer número, considerado desde el punto de vista alfabético? No, no es cero.

6. La trampa de la respuesta.

La escuela primaria termina con el juego creativo. El niño aprende casi todo antes de ingresar allí. La educación le enseñará a procesar información y a aprender respuestas que se automatizan. Respuesta proviene de responso, es el rezo a los difuntos. Hay algo ya muerto en las respuestas ya que así el niño no piensa, se le enseña a no pensar o que pensar es responder.

Este es el motivo por el que, cuando es adulto, le cuesta tanto imaginar. Las bases son muy fuertes y predecibles en sus propiedades, categorías y conceptos. Pensar de manera creativa requiere un entrenamiento para salir de esa cárcel y generar asociaciones y conexiones no convencionales. Pero no le enseñan eso.

El pensamiento reproductivo, repite soluciones del pasado, recordando algo que ocurrió. El cerebro selecciona el enfoque más prometedor entre las experiencias pasadas y excluye otras. Trabaja según patrones dominantes que simplifican lo complejo, automatizando las respuestas, para repetir lo típico y lo poco original. Si piensas como siempre pensaste, vas a obtener idénticas conclusiones.

El pensamiento creativo piensa productivamente. Al enfrentar un dilema, se pregunta cuántas formas distintas hay de verlo en lugar de buscar soluciones en la memoria. La idea es tratar de ampliar las respuestas, muchas de las cuales no serán convencionales y otras serán únicas. La trampa de tener todas las respuestas es que no se caerá de tu cerebro una sola idea.

Océanos rojos son mercados donde se compite para diferenciarse y conformarse luego con un escaso margen de ganancia. Océanos azules son mercados que se crean con innovación en valor.

En el siglo XVII a alguien le cayó una manzana en la cabeza. En lugar de maldecir, como hubiese hecho cualquiera, aprovechó el suceso para descubrir la ley de gravedad que promovió el desarrollo de la ciencia. Este “prohombre” creó un Océano azul para que otros pudieran crear industrias que mejoraron la calidad de nuestras vidas.

Newton lo explicó así: “No soy un genio, estoy parado sobre la espaldas de gigantes”. A lo largo de la historia las aguas bajaron turbias. El hombre luchó en el océano rojo buscando su porción en el mercado.

En el siglo XIX Schumpeter definió como destrucción creativa la acción del innovador que desplaza a un competidor exitoso. El comportamiento era reactivo, la respuesta sólo se producía ante los cambios. Otros gestores de la historia adoptaron una conducta proactiva creando océanos azules. Hicieron foco en su misión, salieron del océano rojo, dejaron de competir y diseñaron situaciones preferibles a las existentes.

7. La trampa de la fuerza bruta.

Para Nietzche “los métodos son la mayor riqueza del hombre”. Si se carece de ellos se tiende a usar la fuerza bruta que a larga conduce al burn out o cerebro quemado. En materia creativa la mezcla de conceptos o conceptual blending, es un método para desinhibir el pensamiento y dar forma a las ideas. Todo se mezcla con todo y todo se puede combinar.

Lo habitual es definir, segmentar, segregar y etiquetar en categorías separadas que permanecen divididas y no se tocan. Es como si el pensamiento se congelara en una cubetera. Cada cubito es una categoría; así también el pensamiento se congela.

Hay métodos que evitan la fuerza bruta y la ley de los rendimientos decrecientes, cuando más tiempo se trabaja aumenta el cansancio, disminuye la productividad y resulta difícil asociar cosas no conectadas. Son cubitos de hielo en cubeteras separadas. Cuando a una gota de agua se le agrega otra, forman una sola gota de agua, solo que más grande. Cuando a un concepto se le agrega otro, puede surgir un concepto nuevo y no dos conceptos separados.

Esta historia muestra el poder facilitador de los métodos.

Un hachero llega a una maderera. El capataz le da un hacha y le designa una zona. El hombre sale a talar y corta dieciocho árboles. –Muy bien- le dijo el capataz –. Animado por sus palabras el hachero decide mejorar su desempeño. Se acuesta temprano, se levanta y se va al bosque. A pesar de su empeño corta quince árboles.

– Me debo haber cansado- pensó y se acostó. Se levantó decidido a batir su marca. Sin embargo no llegó a la mitad. Al día siguiente fueron siete y el último día sólo pudo tirar un segundo árbol. El veía a otro hachero que tiraba 20 árboles trabajando sólo medio día.

Inquieto le contó todo al capataz. El capataz le preguntó: – ¿Cuándo afilaste el hacha? 

No tuve tiempo, estuve muy ocupado cortando árboles.

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