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- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Las (indispensables) pequeñas victorias

Por Pablo A. Arango | Publicado en Interés General | 22 de noviembre, 2018

hábitos

“He descubierto que las pequeñas victorias, los pequeños proyectos, las pequeñas diferencias a menudo crean enormes avances” —Rosabeth Moss Kanter.

De pequeños triunfos está compuesto el camino hacia la Victoria Suprema. Dominar los patines en línea es, ay, bastante más complicado que aprender a montar en bicicleta.

En la bici, cuando por fin dominas el equilibrio, de inmediato empiezas a andar con mucha confianza. No esperas caerte en cualquier momento. Sientes que el aparato está bajo tu control.

No ocurre así con los patines.

En mi caso (que no es el mismo caso de aquellos bendecidos que al poco tiempo de usar los patines ya pueden saltar, zigzaguear y ¡evitar caerse!), como llevo poco tiempo utilizándolos, siempre voy haciendo contorsiones para no perder el equilibrio y así no estamparme contra el pavimento.

Son muy pocos (¡y muy cortos!) los momentos que disfruto.

La mayor parte del tiempo voy con los dientes apretados y la cara con el gesto del que sabe que pronto le espera un leñazo.

Por fortuna los leñazos han sido más que nada promesas incumplidas. Bueno, hasta hoy que me dí dos. Me había estado escapando.

«Si la pasas tan mal en los patines, ¿porque entonces sigues haciéndolo?» —te preguntas con sobrada razón (ya sabía yo que eras persona de buen criterio).

Y yo te respondo que tu pregunta es muy oportuna e importante. Pues me da la oportunidad de contarte algo que puede llegar a ser de mucha utilidad en tu vida.

Así que sigue leyendo y toma nota.

(Perdona mi atrevido tono imperativo, pero es que de verdad pienso que es importante y no quiero, ¡por nada del mundo!, que te lo pierdas).

Muy claro lo tengo. Si hago el balance entre los momentos de angustia que vivo, y los escasos y efímeros instantes de éxtasis ‘patinístico’; me sale más a cuentas darle un paseo al perro.

Pero, resulta que cada día que pasa los éxtasis son más frecuentes y la angustia un poco, solo un poco menor. Lo cual significa que… ¡exacto! ¡Estoy progresando!

La percepción de progreso en cosas importantes para nosotros es la madre de todas las motivaciones.

Es gracias al sentimiento de mejoría que todos los días estoy dispuesto a calzarme los patines y a desafiar una vez más a la gravedad y, por supuesto, también a su severo compinche, el pavimento.

Cada avance, cada mejora es una pequeña victoria que tienen un enorme valor en el camino hacia la victoria final.

Cada gramo de peso que perdemos, cada nueva palabra de otro idioma que aprendemos, cada copa que no bebemos… todos son avances que turbo-cargan nuestra determinación de persistir en el empeño.

Moraleja, celebra las pequeñas victorias. Son ellas las que te llevarán hacia el gran triunfo.

Otra cosa igual de importante a la anterior es entender que cada que nos decidimos a hacer algo nuevo, debemos convivir durante un tiempo con la incomodidad.

Aprender es difícil, y mientras dominamos una nueva disciplina, cualquiera que esta sea, vamos a ser muy torpes. Además, experimentaremos montones de frustración por no ser capaces de hacer las cosas que queremos hacer.

Esto es a lo que los entusiastas del desarrollo personal llamamos tan cansinamente “salir de la zona de confort”.

Convendrás conmigo que el malhumorado recibimiento que concede el pavimento cuando uno decide visitarlo de repente, es alejarse bastante de cualquier tipo de confort.

Un paseo en bici es placentero. Los patines un tormento.

Pero si no estoy dispuesto a pasar por ese tormento jamás voy a aprender a patinar. Ni a pintar. Ni a cantar. Ni a programar. Ni a hablar en público. Ni a nada.

Segunda moraleja, no hay aprendizaje sin incomodidad y frustración inicial. Si queremos aprender (entiéndase, progresar) debemos estar dispuestos a sentirnos incómodos (al principio).

Antes de despedirme una pequeña advertencia (si ya osé pedirte que tomarás nota, que más da el pequeño atrevimiento de advertirte algo). Bueno, aquí va: no te compares con los demás. Compárate con la persona que eras el día anterior. Es decir, celebra TUS pequeñas victorias (recuerda la moraleja uno).

Si mientras estamos aprendiendo, comparamos nuestro nivel actual con el de las personas que llevan más tiempo practicando. Es muy probable pensemos en desistir, pues el proyecto nos parecerá una quimera. Inalcanzable.

Pero si nos concentramos en el progreso que realizamos, aunque a veces parezca poco, no tendremos problemas para continuar con nuestro trabajo.

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