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Las finanzas personales tienen cuatro puntos cardinales. Parte II

Por Joan Lanzagorta | Publicado en Educación Financiera | 21 de febrero, 2018

finanzas personalesEstablecer metas y objetivos

Dicen que lo que le da sentido a nuestra vida es saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Eso no puede ser más cierto. Para empezar cualquier plan financiero personal, es indispensable saber cuál es nuestro punto de partida, en dónde estamos parados y también hacia dónde queremos ir.

En este sentido debemos tener muy claras cuáles son nuestras prioridades en la vida, saber qué es lo que verdaderamente nos importa. De lo contrario habrá muchos distractores en el camino y los veo todos los días: muchas personas que posponen el ahorro para el retiro porque salió la nueva pantalla curva con mejor resolución y está en oferta.

En realidad, para que una persona sienta la necesidad de ahorrar y de cuidar su dinero, es necesario que tenga un motivo para hacerlo: metas y objetivos claros y que queramos alcanzar. Hacerlo debe convertirse en lo más importante, antes de cualquier otro gasto está el ahorro, sí o sí, para esto que es lo más importante.

Ahora bien, ¿cómo encontramos aquellas cosas que verdaderamente nos importan? ¿Cómo saber cuáles son nuestras prioridades en la vida? No es sencillo, sin duda. Debemos pensar en nuestros valores, en lo que nos mueve. Debemos reflexionar en cuáles son las cosas que nos llenan. Adentrarnos en nuestro interior es sin duda una de las cosas más difíciles que hay en este mundo.

Cuando uno se sienta a hacerlo, a determinar cuáles son nuestras prioridades y nuestros objetivos, es importante recordar que debemos vivir de tal forma que, al momento de morir, sintamos que lo que hicimos valió realmente la pena. Esto implica vivir intensamente cada instante, pero no a la ligera. Vivir el presente es también planear el futuro para que, si llegásemos a faltar, nuestra familia pueda salir adelante, nuestros hijos puedan continuar estudiando manteniendo su nivel de vida.

Para plantear nuestros objetivos, es importante pensar ampliamente en lo que significa la libertad para nosotros y la responsabilidad que va ligada a ella.

Debemos imaginar qué tipo de familia deseamos, qué oportunidades queremos darles a nuestros hijos, qué estilo de vida queremos llevar (ahora y en nuestro retiro), etcétera. Pero también debemos prepararnos para mantener esos objetivos (y protegerlos) en un entorno cada vez más cambiante.

¿Qué metas son las que primero debemos plantear? Sin duda las de más largo plazo, que suelen ser también las más importantes. Entre éstas, destacan dos que no se pueden postergar: el retiro y la educación de nuestros hijos.

Muchas personas dejan de lado estos objetivos de largo plazo para cumplir otros en menor tiempo: un auto nuevo, el enganche de una casa, una recámara, entre muchas otras cosas. Esto es un grave error y una pérdida de enfoque en lo que es más importante. ¿Por qué? Estamos sacrificando calidad de vida futura.

Por lo general, implica que no podremos alcanzar el monto necesario para vivir nuestros años dorados con tranquilidad, estabilidad e independencia. Nunca, ni en la situación más adversa, debemos descuidar nuestras metas financieras más importantes.

Entonces, lo que le da sentido a nuestra vida (las finanzas personales son herramientas para lograr eso) son nuestros objetivos. Por ello, es importante que los visualicemos constantemente, hacerlos nuestros, tocarlos. Pero, sobre todo, que trabajemos duro para hacerlos una realidad.

Ahora bien, es importante definirlos de manera correcta. No sirve de nada decir: Mi meta es tener un retiro cómodo , sino calcular cuánto cuesta y cuánto necesitaremos ahorrar para alcanzarla.

No es tan difícil: ¿cuánto es nuestro ingreso anual hoy? ¿Qué porcentaje de ese ingreso necesitaremos en el retiro? Muchas personas dicen que entre 70 y 80% de nuestro último ingreso es un número razonable.

Ahora bien, ¿durante cuántos años estaremos retirados? Si la edad de retiro son 65 años y la esperanza de vida es de 85 años, debemos pensar en que viviremos durante 20 años sin más ingresos que nuestro ahorro (y, de repente, alguna pensión que podamos alcanzar). Conociendo nuestro número podemos, ahora sí, determinar cuánto tenemos que ahorrar para lograr esa meta.

No debemos nunca darnos por vencidos, ni confiarnos. Por más lejanas que parezcan nuestras metas, debemos ser constantes y perseverantes. Si nos esforzamos por hacer del ahorro un buen hábito, pronto veremos nuestra recompensa.

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