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La importancia de saber en qué estás poniendo tu dinero

Por Joan Lanzagorta | Publicado en Educación Financiera | 16 de abril, 2018

dineroSiempre me ha resultado muy sorprendente ver cómo muchas personas toman sus decisiones de inversión basándose en opiniones de otros, expertos o no.

Por ejemplo, algunos compran acciones de la Bolsa Mexicana de Valores únicamente por recomendación de la casa de Bolsa, sin tener siquiera una vaga idea de a qué se dedica la empresa que están adquiriendo.

Todos los días me llegan correos para preguntarme en qué recomiendo invertir. Si me parece que el oro es una buena inversión en estos momentos, si valdrá la pena comprar dólares ante la amenaza de que no se logre una buena negociación en el Tratado de Libre Comercio o si comprar bitcoins es recomendable.

La realidad es que uno nunca debe pensar en invertir en uno o en otro: todos estos instrumentos —y otros— pueden tener cabida en una estrategia de diversificación de largo plazo.

Todo depende del horizonte de inversión, la tolerancia al riesgo de cada persona, pero también de su conocimiento del mercado: una persona que jamás ha invertido debe empezar con una asignación de activos básica, antes de pensar en incorporar activos sofisticados en su portafolio de inversión como, por ejemplo, derivados o criptomonedas.

Ahora bien, si uno está pensando en el corto plazo nada más, uno debería evitar la incorporación de activos volátiles en su portafolio o hacerlo en una proporción muy limitada, para no correr riesgos innecesarios.

En este horizonte no se trata del rendimiento (si uno invierte 10,000 pesos para usarlos dentro de un año, en realidad no hay mucha diferencia si se obtiene un rendimiento de 7 o de 10% anual). Por unos cuantos pesos más de ganancia, no vale la pena correr un riesgo muy grande.

En el largo plazo es distinto por el efecto del interés compuesto, que es lo que potencia la formación del patrimonio. A largo plazo, aunque no se crea, una diferencia pequeña en el rendimiento puede significar una gran diferencia en el valor final del portafolio. Pero también hay que cuidar el riesgo.

El reto de crear un portafolio de inversión con un horizonte de largo plazo es encontrar la combinación de instrumentos tal que pueda maximizar el rendimiento potencial, pero sin exceder nunca nuestra tolerancia al riesgo.

Es decir: primero fijamos el riesgo —la volatilidad máxima que podemos tolerar en el valor de nuestro portafolio— y luego buscamos la combinación de instrumentos y la proporción entre ellos que pueda ofrecernos el mayor rendimiento potencial.

Claramente invertir en sólo un instrumento (por ejemplo, en el dólar, en el oro o en bitcoins) es correr mucho riesgo. Nos puede ir muy bien, pero también nos podría ir fatal si las cosas no salen como pensamos. Además, el mundo cambia, entonces tampoco se debe tomar una decisión de inversión basado en las perspectivas de corto plazo que tenga un instrumento, sino por lo que cada uno de ellos puede aportar a nuestro portafolio.

Tristemente muchas personas también invierten en lo que les recomienda su asesor, sin tener idea alguna de en qué están poniendo su dinero.

He conocido muchas personas que sólo invierten en pagarés bancarios, que generan rendimientos menores a la inflación (es decir, una pérdida en el poder adquisitivo de su dinero con el tiempo) porque no conocen otra cosa, porque le tienen miedo al riesgo y porque el funcionario del banco les ha dicho que es lo mejor que pueden hacer por su dinero.

Pero también he visto el otro lado de la moneda: gente que invierte en forex o en contratos por diferencias, sin regulación y sin el respaldo de un activo real (funcionan casi como apuestas) porque les han dicho que es la mejor manera de ganar dinero fácil y rápidamente, sin saber que están arriesgando demasiado y sin darse cuenta de la manipulación que algunos brókers ejercen cuando se apuesta contra ellos.

Alguna vez en un foro de inversiones en bolsa una persona del público preguntó si podía demandar a su institución financiera por una mala asesoría.

Resultó que vio la publicidad de un fondo de inversión que el año pasado había ofrecido rendimientos extraordinarios, fue entonces a abrir una cuenta para invertir en él. Firmó sin leer todos los papeles que le dieron, abrió su cuenta y dio instrucciones escritas, con firma autógrafa, de poner 100% de su dinero en ese fondo. Ni preguntó.

Al mes siguiente hubo una crisis y al ver el estado de cuenta, tenía una minusvalía de 30% de su portafolio. No sabía que había invertido en un fondo de capitales: 99% de su dinero en Bolsa mexicana. Pretextos había muchos: “es que la institución debió haberme dicho”, “no me asesoraron”, “ellos deben pagar”. Lo cierto es que lo hizo sin tener idea de en dónde estaba poniendo su dinero.

Es triste, porque todos trabajamos mucho para ganarlo. Por ello todos deberíamos por lo menos saber y entender en dónde lo estamos poniendo y qué es lo que podría pasar en el mejor y en el peor de los casos, antes de tomar la decisión.

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