Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

La gran diferencia entre caer y fracasar

Publicado en Negocios | 3 de septiembre, 2015

Jim CollinsPor Jim Collins

He sido un entusiasta alpinista por más de 30 años, y toda mi vida y carrera han estado totalmente ligadas a mi desarrollo como escalador.

Empecé en mis años adolescentes, cuando mi padre me inscribió en un curso de alpinismo en contra de mi voluntad. (¡Prefiero estudiar! Supliqué). Sin embargo, al final de mi primer día, había descubierto una de mis más ardientes pasiones.

Como crecí en Boulder, Colorado, USA., uno de los centros mundiales de alpinismo, tuve a algunos de los más grandes alpinistas como maestros. Después de visitar la Universidad de Stanford durante mi último año de la Preparatoria, comenté a mis padres el porqué de mi deseo de estudiar ahí: “¡Tienen unos hermosos edificios de piedra, que podré escalar entre las clases!”

Escalar montañas, para mí, ha sido mi mejor salón de clases, con lecciones aplicables para todo tipo de asuntos en la vida, incluyendo negocios, gerencia, liderazgo y estudio científico. Es un deporte en el cual a veces no se obtiene una segunda oportunidad de aprender de los errores, pues la muerte puede detener el proceso de aprendizaje. Pero fui afortunado de sobrevivir de mis propios errores y aprender algunas lecciones importantes que aplicar en la vida y en el trabajo, fuera del deporte del alpinismo.

Lección 1. Escala para caer, no para fracasar:

Cómo tener éxito sin alcanzar la cima.

Mi amigo Matt y yo, caminamos alrededor del recodo en el sendero de la montaña y paré en seco al mirar la hermosa hoja de roca, suave y delgada, sobresaliendo con una delgada grieta del tamaño de un dedo, que dividía la mitad de la pared de granito plateado. “Puedes ver el porque yo la llamo la ruta de la Bola de Cristal” dijo Matt, señalando hacia un asidero de cuarzo del tamaño de una pelota de béisbol, 50 pies arriba.

Amarramos la soga en la parte superior y nos instalamos en la búsqueda de una ascensión “a la vista”. (Esto significa que en tu primer intento, te diriges a la cima sin información anterior acerca de los movimientos y sin ninguna ayuda adicional. Otros alpinistas no deben decirte como escalar las secciones difíciles, o haber observado a algún otro alpinista intentar esa ruta). Solo tienes una oportunidad de lograr una ascensión “a la vista”. Una vez que empiezas a escalar, si fallas y caes junto con la soga, haz perdido su oportunidad para siempre.

Diez pies abajo del cristal, mis pies empezaron a resbalar, empujando delgados guijarros, afiancé mis pulgar alrededor de un pequeño filo, pensando “Si solo puedo apoyarme un poco en mis dedos.” La adrenalina en el intento “a la vista” me hizo excederme en cada intento, sujetándome tan fuerte como podía –igual a un corredor ansioso, que corre demasiado rápido en los primeros 800 metros de la carrera. “Respira Jim. Cálmate.” La voz de Matt me impactó por el momento. Conseguí un poco de compostura, mientras doblaba mi pulgar y descansaba mis dedos, tratando de bajar el ritmo de mi respiración.

Pero mi mente vibraba: “Si estoy equivocado, no hay forma de regresarme…, incluso si estoy correcto, no estoy seguro de tener suficiente fuerza para alcanzar la bola de cristal…. y si no puedo alcanzarla, no podré tener la soga cerca del siguiente punto de protección…. ¿que tan lejos podría fallar?…” Tick, tack, tick. El reloj seguía mientras yo dudaba. “Okay Matt, ahí voy.” Mano derecha para jalar. Pie izquierdo para el borde. “Uh, oh”. Mala decisión. ¡Debí ir por el borde con mi mano izquierda!.., deslice mi cuerpo hacia la izquierda, tentando por un borde, un guijarro, una hendidura – algo, cualquier cosa – que me permitiera liberar mi mano derecha y mover mi izquierda dentro del lado del borde. Deslicé mi mano derecha dentro de una pequeña grieta que estaba inclinada hacia abajo y en forma oblicua. Ahora tenía menos del 20% de lograr el éxito. Si yo fallaba el movimiento, casi de seguro caería 30 pies.

Incluso si maniobraba hacia arriba, entre más alto fuera sin tratar de “clip” el siguiente clavo, mayor la posible caída. (“clip” significa meter la soga dentro del aro sin la protección de un clavo de protección). “¡Fuera!” le avisé a Matt. “No,” gritó. “Estás a solo tres movimientos del cristal. Te puedes recobrar ahí.” “¡Fuera!”, le grité. Y la dejé ir, descendiendo sostenido por la cuerda en una limpia y controlada caída.

Me agarré a la cuerda por cerca de 10 minutos, recobrándome y entonces balanceándome hacia la roca, jalándome hacia atrás sobre los bordes y escalé hasta la cima. Pero por supuesto, esto no cuenta. No hice un limpio “a la vista”. Después más tarde en el día, maniobré para ascender la misma ruta desde la base hasta la cima – un éxito en casi todos los parámetros – Yo sin embargo, había fallado. No fallado en la ascensión, sino en mi mente. Cuando encaré el momento de compromiso, el momento de decisión, el momento de “ve por él” en “a la vista”, bien… lo dejé ir. No caí… “fracasé”.

Fracasar o caer. La diferencia es sutil, pero es toda la diferencia del mundo. En caer, tú todavía no te rindes en alcanzar la cima, nunca la dejas ir. Al caer, te tropiezas; al fracasar, la dejas ir.

Yendo por “caer”, significa total compromiso en llegar – incluso si las posibilidades de éxito son menos del 20%, 10% o incluso el 5%. No dejas nada de reserva, no hay recurso mental de repuesto. En “caer”, nunca te das una salida psicológica: “Bien, en verdad no di todo lo que tenía… Podría haberlo hecho, con mi mejor esfuerzo”. En “caer”, tu siempre das tu completo, tu mejor esfuerzo – a pesar del miedo, del dolor, de las críticas o de la incertidumbre.

Para los observadores, fracasar y caer, parecen lo mismo (tú vuelas por el aire en ambos casos), pero la experiencia interna de caer es totalmente diferente de fracasar. Tú solo encontrarás tu verdadero límite cuando vayas por “caer”, no por fracasar. Seguro, tenía menos del 20% de probabilidad de alcanzar la bola de cristal, pero debido que la deje ir, nunca lo sabré. Quizás debí haber tenido algo de reserva; quizás me habría sorprendido a mi mismo y tener un poquito más de poder para un movimiento más. O quizás – y esto nunca sabré si es verdad – el siguiente agarre, será más fácil de lo que parece. Y ese es el punto.

En una ascensión “a la vista” así como en la vida, tu no sabes como será el siguiente apoyo. Es ésta ambigüedad – acerca de los apoyos, movimientos, la habilidad de “clip” la soga – que hace el compromiso del 100% en una “a la vista” sea tan difícil.

Uno de mis mentores en la vida, el gurú del diseño Sara Little Turnbull, me dio una pared para apoyarme con una frase de su conferencia de 1992, en la Fundación de Diseño: Si no te estiras no sabrás donde está el borde. Turnbull, directora del Laboratorio de Procesos de Cambios de la Univ. de Stanford, construyó una distinguida carrera de consultor en diseño con empresas como Corning o 3M.

La Fundación de Diseño, describe a Turnbull como “Arma secreta en el diseño y desarrollo de productos”. Ella me dijo que sus mejores diseños llegaron cuando estaba al borde de fallar en un concepto, pero que se rehusaba a dejarlo ir. Por supuesto, muchos – en efecto, demasiados – de sus esfuerzos al borde, terminaron siendo fracasos. Pero en cada vez, al no dejarlos ir, se obligo a si misma a subir a un nivel diferente y algo extraordinario podría suceder. “Y es entonces cuando los avances importantes suceden” me dijo, “Tienes que estar al borde del fracaso y entonces sorprenderte a ti mismo. Así irás a un nivel diferente”.

Caer, no fracasar                                                    

En las investigaciones de grandes empresas, he notado como los mejores ejecutivos intuitivamente comprenden esta idea. Como el CEO de Kimberly-Clark, Darwin Smith, quien hizo una decisión tipo caída-contra-fracaso, al saltar con su compañía hacia la grandeza.

Por 100 años, Kimberly-Clark languideció en la mediocridad, con la mayoría de sus negocios en el tradicional papel molido. Smith comprendió que la mejor oportunidad hacia la grandeza de su empresa estaba en el papel para el consumo general, donde tenían una marca llamada Kleenex – marca que se convirtió en categoría como Coca o Xerox.

Igual que el general que quemó sus naves después de desembarcar, impidiendo la retirada a sus soldados, Smith, decidió vender los molinos tradicionales. Incluso, vendió el molino de Kimberly, Wisconsin, y lanzó todo el esfuerzo al negocio de consumo, yendo cabeza con cabeza con sus rivales Scott Paper y Procter & Gamble. Wall Street se burlo de él, los medios la llamaron una movida estúpida, y los analistas los criticaron sin piedad. Pero al fin, la decisión de Smith pagó, y Kimberly-Clark se convirtió en el número uno del negocio de papel para consumo, en el mundo.

En el lenguaje del alpinismo, Smith removió la habilidad de “tomar” (es decir a tu compañero que jale la soga y la mantenga tirante y de ayude en una caída controlada, como yo lo hice con Matt cuando fallé en la bola de cristal). Por supuesto, no había ninguna garantía de que Kimberly-Clark tendría éxito en el negocio de consumo -esto podría hacer fallar totalmente a un líder- pero Smith entendió que el único camino hacia el éxito, descansaba en un total compromiso a escalar “cayendo”.

Ahora veo a la vida como una serie de oportunidades entre fracasar o caer. Como en un intento de “a la vista”, el siguiente agarre o apoyo en la vida se mantiene borroso, ambiguo. Y es esa gran ambigüedad lo que nos mantiene en duda de hacer un total intento comprometido.

Fracasamos mentalmente. Lo dejamos ir. Preferimos tener una limpia, controlada caída, en lugar de arriesgarnos a un gran fracaso. Pero como en todos los deportes duros, como en el alpinismo, arriesgándose a “caer” en la vida es atemorizante, pero no peligroso. Ya sea iniciando un negocio o publicando un libro o tratando un diseño nuevo y excitante, “caer” rara vez significa la ruina. Y lo más importante, el único camino para encontrar tu verdadero límite es ir por la “caída”, no por el fracaso.

A mis 45 años, mi cuerpo no me permite jalar tan duro como lo hacía cuando tenía 20. Pero he aprendido que lo que pierdes en fortaleza física, lo puedes ganar en aumentar tu fuerza mental. Y así, continuar en un ambiente de rocas sobresalientes, tratando de ir por la “caída”. He redefinido “éxito” menos en términos de conseguir la cima y más en términos de calidad en mi fuerza mental.

Durante una ascensión reciente, no logré escalar ninguna ruta. Ni una sola. Sin embargo fue uno de mis más exitosos días de alpinismo, porque fui por la “caída” en cada intento. Me sentí bien al regresar a casa, porque mi mente se sentía fuerte ese día, comparado con la debilidad que había sentido días anteriores. Al final, escalar no es acerca de conquistar la roca; es acerca de conquistarte tú mismo. Y eso es de lo que trata “caer”. Por supuesto, hay ocasiones cuando escalar “cayendo” no sería ser valiente, sino estúpido, lo cual nos lleva a la siguiente lección…

Jim Collins es uno de los más prestigiosos pensadores de Management. Es considerado el heredero del gran Peter Drucker. Inició su trabajo de investigación y carrera de profesor en la Escuela de Graduados de Negocios de Stanford. Publicó seis libros. Desde su laboratorio de management en Boulder, Colorado, asesora a líderes corporativos y sociales

Compartir

 

« Anterior:

Siguiente »

Deja tu comentario


Subir »
FB