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El fracaso, guía para el éxito

Por Mariana F. Maldonado | Publicado en Interés General | 25 de septiembre, 2017

fracasoLa bancarrota y el fracaso son temas incómodos, pero que se deben abordar, porque sobreponerse a ellos ayuda a que lo hagas mejor la siguiente vez.

Equivocarse y fracasar no es lo peor que le puede pasar a un emprendedor. De hecho, al fundar una empresa, se tienen altas probabilidades de no lograrlo; sin embargo, si el empresario lo sabe abordar bien, fracasar le hará hacerlo mejor y no cometer los mismos errores la siguiente vez.

Por desgracia, esta forma de pensar no impera ni en nuestro país ni fuera de él, ya que el fracaso de negocios es un tema tabú del que nadie quiere hablar.

“Hay muchos más negocios que fracasan de los que son exitosos, pero por temas culturales o de ego, no se habla del fracaso sino que toda la conversación de negocios se centra en el éxito”, explica Leticia Gasca, cofundadora de Fuck Up Nights, una iniciativa dedicada a reunir emprendedores para que hablen sobre sus fracasos.

Es importante que todo emprendedor pase por ello -no necesariamente por la bancarrota, sino que por cualquier equivocación- porque es una de las mejores formas de aprender, o al menos debería.

Aunque algunos que han estudiado el tema no concuerden con ello. Dean A. Shepherd, profesor de la Kelley School of Business, sugiere que la experiencia del fracaso es análoga a la pena de la muerte de un ser querido, lo que desataba una experiencia negativa en la habilidad de aprender.

Sea como sea, el fracaso abre la oportunidad al aprendizaje. FailCon, una iniciativa que busca fomentar el diálogo sobre errores entre empresarios y inversionistas enuncia: “Deja de tenerle miedo al fracaso y acógelo”.

Pero, ¿cómo perderle el miedo? Quizá un buen comienzo sea entender que fracasar deriva en aprender y hallar por dónde sí deben orientarse esfuerzos.

“Los fracasos tempranos son importantes porque generan aprendizaje sobre las oportunidades que existen y las maneras de abordarlas, además de que liberan gente, capital e ideas para proyectos más prometedores”, explica Daniel Isenberg, profesor en temas de liderazgo y director del Babson Entrepreneurship Ecosystem Project en un texto de la Harvard Business Review.

En este sentido, la máxima de Isenberg es: “Acepta que el fracaso es una parte natural de hacer negocios“.

En realidad, equivocarte vendrá de la experiencia, y entre más lo hagas, verás los negocios de forma más clara y con menos optimismo. Un estudio titulado Entrepreneurial Optimism and Experience: Does The Nature of Experience Matter? encontró que la experiencia empresarial provee oportunidades de aprender y adquirir visiones más realistas en aquellos que se han equivocado.

El realismo se necesita contra la fantasía. Es casi una máxima el que los emprendedores inicien con altas expectativas de tener éxito y de pensar que el fracaso no va a sucederles a ellos.

“Las experiencias de fracaso en los negocios atemperan el optimismo proveyendo una oportunidad de aprender”, señala el documento.

El fracaso se experimenta en cuatro aspectos, económico, social, psicológico y físico, según descubrió el estudio Coping with entrepreneurial failure. Entre los hallazgos es que en el aspecto psicológico, los emprendedores experimentan emociones, más allá de la pena similar al duelo de la que Sheperd hablaba, tales como enojo, culpa e incluso pueden desarrollar fobias.

Sacudirse el polvo

Levantarse y volverlo a intentar es la diferencia entre un emprendedor y un emprendedor serial, es decir, aquellos que lo intentan una y otra vez y que logran consolidar empresas exitosas. Además, enfrentar las equivocaciones y volver a reanudar los negocios ayuda a fortalecer psicológicamente al emprendedor que le sucede.

“La gente que puede manejar el fracaso, tiene cierta estructura psicológica, son increíblemente perseverantes, pueden vencer cualquier tipo de adversidad, tienen una disciplina mental sin igual”, asegura Faisal Hoque, un empresario bengalí fundador de siete empresas considerado uno de los 100 emprendedores más influyentes en tecnología, al lado de Bill Gates o Steve Jobs.

Esto, sostienen algunos estudios, se relaciona directamente con un término que originalmente se aplicaba a la psicología pero que ahora también se utiliza en los negocios: resilencia. Ésta es la capacidad de respuesta y de sobreponerse ante situaciones adversas.

La Cranfield University School of Management se hace la pregunta: ¿Por qué algunos son más exitosos que otros?

Ésta es su respuesta: “Las atribuciones que la gente hace acerca de las relaciones causales entre los estímulos que se encuentran y en particular en la manera en la que se explican el fracaso y el éxito en sus vidas es particularmente relevante para los emprendedores en la conformación de su capacidad de resistencia frente a la adversidad”, explica el estudio.

Fracaso regional

En México, la tasa de mortalidad es altísima. 75% de las pequeñas empresas deja de existir en los primeros cinco años, de acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial y pocas pueden convertirse en medianas o en compañías de crecimiento acelerado.

¿Qué es lo que pasa con los emprendedores, en concreto, con los mexicanos? Un estudio realizado entre Fuck Up Nights en conjunto con el Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera encontró que la causa número uno por la que fracasan es el no tener ingresos insuficientes para subsistir.

La segunda razón por la que los mexicanos se equivocan es por la falta de metas claras y de trazar un camino y una estrategia que deberá seguir la compañía para crecer.

Ambas razones, son completamente prevenibles y tienen que ver con una falta de cultura empresarial entre los que emprenden en nuestro país, señala la cofundadora de Fuck Up Nights.

Estas mediciones coinciden con el primero de los errores que cometen los dueños de pymes señalados por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef): existe una ausencia de cultura empresarial.

Las empresas pocas veces se cuestionan su misión visión, valores y no se preguntan la razón y el propósito de existencia de su organización.

“El no planteárselo envía mensajes confusos a clientes, proveedores y empleados sobre quién eres como empresa y hacia dónde te diriges”, de acuerdo con la Condusef.

Fuente: eluniversal

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