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El proceso de invertir bien tu dinero. Parte II

Por Joan Lanzagorta | Publicado en Educación Financiera | 21 de junio, 2018

ser felizInvertir bien nuestro dinero es un proceso que todos podemos seguir sin problema.

Recordemos que el primer paso es conocer nuestro punto de partida (situación financiera actual), la cual debe ser sana. El segundo es tener muy claro cuál es nuestro objetivo —y horizonte— de inversión.

Sigamos entonces:

3. Saber cuál es nuestra tolerancia al riesgo;

Es decir, la variación en el valor de nuestras inversiones que podremos asumir sin que nos quite el sueño.

Debemos entender que cualquier inversión de largo plazo tiene volatilidad. Incluso si invertimos en puros instrumentos muy seguros, garantizados por el gobierno y que pagan una tasa de interés fija (por ejemplo, los bonos a 30 años), podremos tener variaciones significativas en el valor de nuestra inversión.

¿Por qué? Simplemente porque en los mercados financieros, los instrumentos en los que invertimos, incluso este tipo de bonos, se pueden comprar o vender en cualquier momento, antes de su vencimiento. Entonces su valor puede subir o bajar de acuerdo con las condiciones que imperen en el mercado.

A manera de ejemplo, supongamos que hace 10 años compramos un bono a 30 años que pagaba una tasa de 5% anual. Todavía le quedan 20 años de vida.

Pero hoy en día se pueden comprar bonos a 20 años, que pagan una tasa de 8% anual. Claramente el bono que tenemos ha perdido valor, porque paga una tasa fija menor. Dentro de dos o tres años quizá las tasas vuelvan a bajar, haciendo que nuestro bono se vuelva entonces más valioso.

Entender esto es muy importante. Cualquier inversión a largo plazo conlleva una cierta volatilidad (sube y baja dependiendo las condiciones del mercado). A esto se le llama riesgo. La buena noticia es que se puede manejar y controlar para nunca tomar más riesgo del que podemos tolerar.

4. Diversificar de manera inteligente.

Uno nunca busca “el mejor instrumento o el mejor lugar” para invertir. Primero porque hay muchos tipos de activos y cada uno se desempeña de manera distinta según lo que sucede en el mundo: deuda nacional de corto, mediano y largo plazos, instrumentos de deuda de otros países, acciones de México, de Estados Unidos, de Europa, commodities, bienes raíces, entre muchos otros.

Como mencioné, no todos se mueven de la misma manera. En ciertos momentos a unos les va mejor que a otros: unos suben, otros bajan y ni siquiera los analistas más experimentados pueden predecir cuándo lo harán, porque depende de infinidad de variables incluyendo el sentimiento que prevalezca entre los inversionistas y las expectativas hacia a futuro.

Por otro lado, unos son más volátiles que otros: las acciones de las empresas de países emergentes suelen tener una variación mucho más amplia en su valor, que los instrumentos de deuda de corto plazo emitidos por países desarrollados.

La única manera de controlar nuestro riesgo —la volatilidad de nuestro portafolio— es combinarlos de manera inteligente, en distintas proporciones. Es decir, diversificar. De hecho, toda la teoría de inversiones se basa precisamente en buscar una combinación de distintas clases de activos tal que, dado el nivel de riesgo máximo que queramos asumir, pueda maximizar el rendimiento potencial.

¿Cómo hacerlo? Aunque lo que ha pasado históricamente no necesariamente significa que se repetirá en el futuro, los datos son lo único que tenemos.

Sabemos, por ejemplo, que las acciones mexicanas han dado un rendimiento promedio superior a 10% anual por arriba de la inflación, pero con una volatilidad pronunciada, la cual también conocemos a partir de la historia. Lo mismo con cada clase de activo. También sabemos que existe una correlación entre ellos: por ejemplo, las acciones mexicanas suelen moverse en el mismo sentido que las estadounidenses, dada la vinculación económica que existe entre ambos países.

La mayoría de las personas puede hacerlo de lo general a lo particular. Sabemos que las acciones son mucho más volátiles que los instrumentos de deuda. Entonces una persona con poca tolerancia al riesgo y con horizonte de corto plazo puede preferir un portafolio que tenga 80% instrumentos de deuda de corto plazo y 20% en instrumentos de mediano plazo.

Una persona con una alta tolerancia al riesgo y que invierta a muy largo plazo puede buscar una composición basada en 70% acciones de empresas de distintos países, 20% en instrumentos de deuda de mediano y largo plazos principalmente, también de diferentes geografías y 10% en instrumentos alternativos como fideicomisos especializados en bienes raíces y commodities como el oro.

Existen distintos tipos de portafolios muy estudiados, uno para nuestro caso particular.

5. Una vez definido el tipo de portafolio de inversión que se adapta a nuestras necesidades,

entonces sí, nos ponemos a buscar los instrumentos específicos que nos permitan implementarlo y el lugar donde podemos adquirirlos de manera segura y regulada.

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