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El proceso de invertir bien tu dinero. Parte I

Por Joan Lanzagorta | Publicado en Educación Financiera | 14 de junio, 2018

invertirMuchas personas tienen creencias equivocadas acerca de lo que es invertir el dinero.

La mayoría busca “el instrumento ideal” que va a lograr que se multiplique en poco tiempo. Otros quieren encontrar “el mejor lugar” para invertir sin riesgos. Algunos más buscan especular sobre si algún activo —por ejemplo, el oro, el dólar o el bitcoin— subirá o bajará en un periodo determinado.

Pensemos por un segundo: si fuera tan fácil, todos seríamos millonarios. Pero así no es como funciona.

Invertir bien nuestro dinero es sin duda un componente esencial —indispensable— para poder formar un patrimonio con el tiempo. Pero no es el único, primero se necesita tener una situación financiera sana y capacidad de ahorro. También se requiere tener claridad en nuestros objetivos, en lo que queremos lograr con ese dinero que estamos separando y haciendo crecer.

Ahora bien, también hay personas que piensan que invertir es complicado y que sólo los expertos pueden hacerlo bien. En realidad, no es así.

Desde luego, como todo en la vida, es necesario entender algunos conceptos básicos: como también se requieren para conducir un automóvil o para cocinar una carne asada. Pero son principios simples que todas las personas pueden entender sin complicaciones.

Lo primero que hay que entender, entonces, es que invertir es un proceso que incluye los siguientes pasos:

1. Conoce tu punto de partida:

Tu situación financiera actual. Puede resultar obvio, pero muchas personas no lo tienen claro y quieren empezar a invertir cuando están llenas de deudas de corto plazo.

Cuando esto sucede, antes de pensar en hacer cualquier tipo de inversión, uno debe enfocarse en liquidarlas. De esta manera uno deja de pagar altísimos intereses (mucho mayores que los rendimientos que uno podría obtener si invierte ese dinero), además de que no tener deudas implica libertad (salir de compromisos que nos atan).

El instrumento que se usa para tener una fotografía de nuestras finanzas personales al momento se llama balance personal y consiste simplemente en listar por un lado nuestros activos (lo que tenemos) y por otro nuestros pasivos (lo que debemos).

Vale la pena hacerlo en orden de liquidez o plazo; es decir, cuando ponemos nuestros activos, primero iría nuestro dinero líquido o en cuentas de cheques, luego inversiones de corto plazo y por último las de largo plazo o activos fijos como el valor de la casa.

Del lado de nuestros pasivos es igual: primero las deudas de corto plazo como tarjetas de crédito y luego las de mayor horizonte como nuestra hipoteca.

La diferencia entre nuestros activos y pasivos (lo que tenemos menos lo que debemos) es nuestro patrimonio. El balance personal es una herramienta que nos permite sacar distintas conclusiones, sobre todo cuando lo hacemos de manera regular (algunas aplicaciones de finanzas personales lo elaboran de manera automática).

Nos permite obtener muchísima información sobre cómo impactan nuestras decisiones financieras y encontrar tendencias muy interesantes que a primera vista podríamos obviar.

2. Tener muy claros nuestros objetivos y el horizonte de nuestra inversión.

Es decir, ¿Qué queremos lograr y en cuánto tiempo? Porque no es lo mismo invertir dinero que podríamos necesitar mañana en caso de una emergencia, que hacerlo para nuestro retiro (dinero que no ocuparemos sino hasta dentro de 30 o 40 años).

Claramente en el primer caso, la liquidez es importante. Por lo cual nuestro portafolio estaría orientado hacia inversiones de corto plazo, poco volátiles, seguras y que nos permitan tener disponibilidad.

Cuando invertimos para el retiro, no necesitamos liquidez. En este caso queremos que nuestro dinero crezca con el tiempo lo más posible, aun si esto significa soportar los vaivenes del mercado a corto plazo. Aunque desde luego se trata también de dormir tranquilo por las noches, lo que nos lleva al siguiente paso del cual hablaremos en la segunda parte.

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