Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Echando a perder… se emprende

Publicado en Historias | 15 de diciembre, 2009

Corrían los últimos años de la década de los 70, cuando se reunieron tres personas para organizar una nueva empresa. El primero de los socios, el de experiencia, pondría todo el conocimiento y trabajo, el segundo pondría las tierras para desarrollar la empresa, y el tercero tendría que poner el dinero para operar. Una estructura muy parecida a muchas empresas en este país.La empresa se dedicaría a vender pollos como alimento, y la mecánica era la siguiente: Comprarían pollos de granja, machos recién nacidos, comprarían alimento para engorda, colocarían a los pollos en naves, y tres meses después estarían listos para venderse vivos a los distribuidores.

Algunos detalles técnicos que no agregan valor a la historia, pero que pueden ser entretenidos: Sólo se usan pollos machos, porque las hembras se usan para poner huevos, que es otra industria completamente diferente. A la pregunta de ¿se puede saber si un pollo recién nacido es macho o hembra? La respuesta es “si”, mediante el tacto, obviamente con experiencia.

Bueno, pues así arrancó  este negocio en apariencia sencillo, comprando primero 5,000 pollos para engorda. Y durante los siguientes diez años el negocio creció  y creció, llegando a tener hasta 100,000 pollos que se guardaban en cinco naves.

Y como todo negocio de éxito, los socios consideraron que no había que mover nada en lo absoluto, no fuera a ser que las cosas dejaran de funcionar. Además, ¿que caso tiene gastar más dinero en cambios cuando se tiene un negocio sencillo y rentable? Mejor a disfrutar del éxito.

Pero, claro está, que en el mundo de los negocios nada permanece sin movimiento por los siglos de los siglos, y lo que no se mueve para bien, tarde o temprano se mueve para mal, pero quieto no se queda.

Y esta empresa no fue la excepción a la regla. Cuando todo iba de maravilla, las condiciones del mercado comenzaron a cambiar. El exceso de oferta obligó a los productores a bajar los precios, al grado que el negocio altamente rentable dejó de serlo, pues la operación excedía la recuperación a precios tan bajos.

Los dueños de la empresa, creyendo que las condiciones del mercado eran temporales, decidieron aguantar un tiempo más y esperar que el precio de venta volviera a levantarse, pero esto no sucedió pronto, por lo que tuvieron que cerrar la empresa y salir de la competencia.

Pero no todos los competidores sufrieron la misma suerte. Algunos pudieron soportar esta mala racha y sobrevivieron. ¿Donde estaba la diferencia entre los que sobrevivieron y los que, como Pollos Aquilino, tuvieron que cerrar? En el alimento.

Aquellos productores de pollo que, a su vez, eran productores de alimento, pudieron soportar los bajos ingresos. Pero quienes tenían que comprar el alimento a un tercero, destinaban buena parte de sus ingresos a la compra de este, perdiendo toda posibilidad de jugar con los márgenes de utilidad.

¿Cual sería la moraleja de esta historia? Que mientras más cerca esté tu producto de ser un commodity, más riesgo tendrás de ser impactado por las fluctuaciones de precios, poniendo en riesgo tu margen de utilidad.

En la otra mano, mientras más valor agregues a tu producto mediante la diferenciación, menos riesgo tendrás de ser impactado por una guerra de precios.

Fuente: Eje Central

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