Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"
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Los mejores consejos para crecer como persona

Me equivoco tanto… Con el paso de los años y las decepciones me he dado cuenta de que los errores no sólo son necesarios sino vitales… Si no nos equivocáramos tendríamos que forzarnos a ello para poder crecer.

Sin embargo, hay algunos errores que te duelen más que otros, son aquellos que cometes mientras no eres tú mismo…

Cada día decidimos. Decidimos tomar un camino hasta el trabajo, comer más o menos sano, sonreír o permanecer impasible, derecha o izquierda… Decidimos tomando nuestra brújula y dejándonos guiar por ella, hurgando entre nuestras necesidades y escogiendo un camino…

El problema surge cuando nuestra brújula no marca nuestro norte sino el norte de otra persona… O si no sabemos cuál es nuestro norte… O si nuestro norte se ve modificado por nuestro miedo.

Cuando decidimos desde el miedo, cometemos ese tipo de errores que desde el principio ya sabemos que lo son… Huelen mal. Nos metemos en aventuras y situaciones que desde el primer momento sabemos que no funcionarán porque las hemos escogido desde nuestro lado más oscuro, desde nuestro yo asustado, desde nuestro yo cómodo y triste…

Decidimos seguir un camino no porque nos guste sino porque el otro nos da miedo, porque tenemos pavor a quedarnos solos en él y que nadie nos acompañe, que nadie nos siga, que no haya luz… Escogemos ese camino porque sabemos que el otro es más duro, implica tener que confiar tanto en nosotros que no sabemos si seremos capaces de asumir tanta responsabilidad, tanta confianza…

Elegimos el camino fácil porque no creemos en nosotros y nos sentimos débiles. Nos vamos por el atajo, que parece más rápido, más cómodo, más llevadero mientras buscamos la forma de encontrar algo a lo que agarrarnos…

Nos decantamos por la opción en la que compartiremos nuestra responsabilidad con otros, para no sentirnos culpables de un posible fracaso que seguramente llegará porque nosotros sabemos que nos hemos metido en un traje que nos viene grande o pequeño, corto o largo, que no es el que queremos llevar… Porque elegimos una vida que no queremos.

Salimos de una situación dependiente de algo o alguien y nos metemos en otra hasta que no sabemos darnos cuenta de que hay que notar el frío a veces y que ese frío es el precio que pagas por ser tú…

El camino fácil es un placebo que acaba por quedarse a medias, un sucedáneo que te sirve para ponerte la venda en los ojos y taparte la nariz con los dedos para no notar lo mal que huele tu decisión de no confiar en ti, de no arriesgarte a estar donde sabes que es tu lugar, donde sabes que puedes llegar a dónde sueñas…

Llegues o no, el camino de la confianza te hace sentir que apuestas por ti y eso te permite brillar con intensidad hagas lo que hagas, porque estás donde quieres estar, porque llevas el traje que te va a la medida.

Necesitamos a veces tomar muchos caminos cómodos para darnos cuenta de cuál es el camino que deseamos emprender. Necesitamos fiarnos mucho de nuestro olfato para descubrir si nos estamos guiando por nuestro norte o nos estamos dejando llevar por el pánico a quedarnos a solas con nosotros y descubrir que aún no nos conocemos suficiente.

Ningún camino que huya de ti mismo te lleva a nada que sueñes, a nada que sea donde realmente quieres estar… Ningún camino que te aleje de lo que te asusta te lleva a lo que amas.

A menudo, las decisiones difíciles son las que más zarandean tu vida, las que más la cambian y te permiten conocerte… El camino difícil es muy a menudo el que te lleva a donde quieres llegar… Seguramente porque para llegar a donde queremos, tenemos mucho que aprender y esas dificultades nos ayudarán a crecer lo necesario como para llegar al final mucho más sabios…

Nuestras debilidades son puntos de apoyo para evolucionar, nos marcan por dónde debemos ir para asumirlas, aceptarlas y saber cómo usarlas y convertirlas en lecciones útiles.

El camino siempre te ayuda a conseguir el tamaño necesario para que tus sueños te vayan a la medida al llegar a la meta…

Cuando escogemos la comodidad en lugar de la pasión por lo que soñamos se nos estropea la brújula y acabamos siendo un sucedáneo de nosotros mismos. Nos metemos en una caja para no sentir frío pero tampoco sentimos el calor de seguir nuestra intuición e ir camino a nuestras metas.

Cuando decidimos con miedo nos tratamos como a seres inmaduros que no pueden escoger por sí mismos… Nos arrebatamos el poder de ser nosotros mismos…

Necesitamos cometer errores sabiendo que estamos con nosotros, que confiamos, que creemos que podemos

Ir por nuestro camino y seguir nuestro norte y fracasar todo lo fracasable si es necesario… Porque cuando te equivocas siendo tú, poniendo tus ganas y tu pasión, el error es difícil de llevar también pero notas como tu conciencia está serena, te reconcilias contigo, te sientes entero… Porque sabes que no estabas allí sólo por el resultado sino porque sabías que debías estar, para no traicionarte.

Cuando te equivocas negándote, ocultando tu verdad, eligiendo no ser tú porque el miedo te vence el error sabe aún más amargo y esa sensación pegajosa de culpa se te pega en la espalda…

No hay culpas, no hay reproches… Hay responsabilidades que asumir y nuevos mapas por dibujar… Empezar de nuevo y volver a consultar esa brújula, esta vez con tu norte, con tu sueño…

Al final, no importa porque te equivocas. Lo que importa es darse cuenta y saber cambiar de rumbo. Siempre se aprende, siempre se crece… No hay fracaso, es un ensayo… Es un aprendizaje valioso, la forma en que teníamos en aquel momento de descubrir quienes somos

Lo único a decidir es si llegado el momento tomas la decisión que te lleva a crecer o te arrugas ante la adversidad. Si descubres que, en el fondo, a pesar del vértigo, sólo puedes agarrarte a ti mismo… Y no te dejas tentar por algunos salvavidas que te alejan del destino que has dibujado para ti.

A veces, para llegar a donde quieres llegar, hay que dar un rodeo y perderse un poco.

A veces, para saber quién eres necesitas descubrir primero el camino que no quieres transitar. Y notar esa sensación de paz que te invade cuando te equivocas siendo fiel a ti mismo…

Vivir MejorLa mayoría de nosotros hacemos una pregunta cuando empezamos a hablar con amigos, compañeros de trabajo y pares:

“¿Cómo estás?”

La pregunta puede parecer inofensiva, pero tiende a conducir a una respuesta socialmente aceptable:

“Estoy bien.”

El problema es que “estoy bien” a menudo no es verdad. Y si haces esta pregunta a alguien que está lidiando con mucho en su vida personal, puede sentirse como insensible.

La directora de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, se sentía a menudo así cuando sus amigos le preguntaban “¿Cómo estás?” después de la repentina muerte de su marido, Dave Goldberg, en 2015.

“Después de que mi esposo murió, encontré que el saludo estándar de ‘¿Cómo estás?’ era una pregunta muy difícil de responder,” dijo Sandberg a Business Insider en una entrevista sobre su nuevo libro sobre el dolor, “Opción B.”

“La respuesta al saludo estándar de ‘¿Cómo estás?’ es ‘Estoy genial,’ y cualquier otra cosa es irritante,” dijo. “Cuando la gente está realmente sufriendo y sabemos que están sufriendo, esa pregunta puede ser muy difícil. Inadvertidamente, y no creo que sea algo apropósito, comunica una falta de empatía.”

En su lugar, Sandberg recomienda ajustar la pregunta un poco: “¿Cómo estás hoy?”

Ella dice que la pregunta ligeramente alterada implica: “Lo entiendo, estás pasando por algo duro, y vives día a día.”

“Y es una pregunta mucho más amable,” dijo.

Ella dice que todo el mundo se aflige de manera diferente y que ella a menudo cometió el error de preguntar “¿Cómo estás?” antes de la muerte de su marido.

Algunos tienen dificultad para distinguir entre vivencia y experiencia.

Vivencia es lo que te ha sucedido… lo que has vivido. Experiencia es lo que has aprendido de esa vivencia.

Algunas personas tienen muchas vivencias y, paradójicamente, pocas experiencias. Sólo ganas experiencia de una vivencia cuando identificas, analizas, concluyes y, sobre todo, modificas algo en tu forma de “ser”.

A veces la experiencia te sirve para generar un cambio profundo, como una modificación de tu mentalidad o creencias. Otras para cambios livianos, como una modificación de conducta.

A pesar de lo que algunos creen, estás cambiando a cada momento. A veces más deprisa y otras más despacio. Lo único cierto es que siempre estás cambiando.

El “mundo” cambia cada vez más deprisa

Es una frase que todos decimos algunas veces. Pero ¿qué es el mundo sino la conjunción de todas las experiencias de todos nosotros?

Para poder “adaptarte” a este mundo cambiante necesitas estar cambiando continuamente y al ritmo adecuado para no quedarte atrás. Los valores prevalentes cambian lenta pero continuamente y, por tanto, las conductas.

La mayor parte del tiempo no somos conscientes de ese cambio, de la misma forma que no nos damos cuenta de que cada día somos más viejos. Como todos los días te miras en el espejo para peinarte o lavarte los dientes no te das cuenta de que también cambias por fuera.

Sólo cuando miras tus fotos de hace diez, veinte o treinta años, te dices ¡qué cambiado estoy!

Este fin de semana dediqué una parte de mi atención a revisitar mis álbumes de fotos. Hacía unos cuantos años que no lo hacía.

Al final me quedé reflexionando sobre los cambios físicos e internos que debió experimentar el tipo que aparecía en la mayoría de ellas. Me esforcé en dibujar el sendero por el que había transcurrido su vida, hasta hoy, y me pregunté por los escenarios en los que aparecía y sus compañías… Cuando terminé ese ejercicio, me atreví a hacer otro…

Ejercicio del álbum de fotos

Te invito a realizar el siguiente ejercicio, que tiene dos partes.

En la primera escoge y encuentra un momento de tranquilidad para ver tus fotos del pasado. Puedes hacer este ejercicio sólo o acompañado con tus familiares o amigos. Revive los momentos que capturaron esas imágenes. Esfuérzate para colocarte en esos momentos de tu vida, tal como “eras” entonces y pregúntate ¿cuáles eran, en cada uno de esos momentos, mis valores, intereses, hábitos…?

Reflexiona sobre cómo han ido evolucionando. Algunos se habrán mantenido, otros se habrán modificado ligeramente y otros profundamente. Evalúalos, es decir, enjuicia el valor (positivo y negativo) que te han aportado para llegar a ser la persona que “eres” ahora.

Pregúntate si esta persona es la que querías ser – como padre, amiga, profesional, compañera, hijo, vecina, hermano, jefa… – y, también, si esta persona es la que tú habías planeado o el resultado del “azar de la vida”.

Esta es la parte más sencilla. Sólo necesitas ser honesto contigo mismo. No merece la pena mentir, porque te mentirías a ti mismo.

En la segunda parte del ejercicio vas a “construir el álbum de fotos que querrías ver dentro de medio, cinco, diez o treinta años”. Sí, esta segunda parte ya no es tan fácil.

Se trata, como imaginas, de que “diseñes” la persona que quieres “ser” para que, cuando haya transcurrido ese período de tu vida, puedas sentir satisfacción contemplando “tu obra”.

Lo pasado, pasado está. Pero el futuro te pertenece. Tú posees la capacidad y el poder para llegar a ser cualquier cosa que te propongas.

Puedes elegir entre ser el “autor” de tu vida o el “actor” de una vida que otros escribirán para ti.

Compromiso

Mi recomendación es que elijas ser el guionista, director, productor y actor protagonista de tu propia vida. Para ello sólo necesitas una cosa: compromiso.

La mayoría de las personas no viven la vida que realmente quieren porque les falta “comprometerse con su vida”. El compromiso requiere aceptar responsabilidad – un bien escaso en un mundo repleto de victimismo.

Compromiso significa promesa. Elige lo que quieres para ti y prométete que harás lo que sea necesario para conseguirlo. Es así de simple y difícil. La clave es que no te traiciones. Que no te “vendas” a la enorme cantidad de ofertas que recibirás en tu camino. Pide ayuda cuando tengas dudas o el obstáculo sea grande.

Tienes el derecho y el poder de vivir la vida que quieres

Aprende continuamente de tus vivencias para convertirlas en experiencias. No dejes pasar un día sin extraer alguna experiencia de tus vivencias. Sacrifica un poco de televisión o facebook para reflexionar 18 minutos cada día y, así, extraer un aprendizaje y lo que es aún más importante: “hacer algo” con ese aprendizaje, es decir, “cambiar” mañana algo de lo que piensas y haces.

Ser emprendedor no es fácil. Requiere el tipo de hábitos que la mayoría de las personas simplemente no tiene, además de una disciplina, pasión y dedicación que no se comparan con las de las personas que no son dueñas de negocios.

Si bien es cierto que cada emprendedor es diferente, también lo es que todos tenemos algo en común… incluyendo muchos hábitos.

1. Planean su día

Es fácil dejar que las prioridades de los demás se adueñen de tu día. Llamadas telefónicas, correos electrónicos, citas, reuniones… ¡los pendientes nunca terminan!

Los emprendedores imparables planean su día con anticipación, antes de que el caos comience. Pero no hacen cualquier planeación: se aseguran de apartar tiempo para dedicar a sus prioridades.

2. Tienen una alimentación balanceada y hacen ejercicio

No exageramos cuando decimos que ser un emprendedor imparable y productivo tiene todo que ver con tu mente y tu voluntad, así como con tu cuerpo.

Si no cuidas tu alimentación ni te ejercitas, difícilmente podrás dar lo mejor de ti… y, definitivamente, no serás imparable. Bebe suficiente agua, desayuna bien y muévete. Tus posibilidades de éxito se incrementarán exponencialmente.

3. Sirven a los demás

Quienes se centran únicamente en su éxito no tienen éxito en absoluto. Para ser dueño de un negocio efectivo, necesitas aprender a servir a tus clientes.

Algunas personas crean productos que mejoran las vidas de las personas, u ofrecen servicios de atención que dejan a los usuarios satisfechos. Cualquiera que sea el caso, hacer del servicio una de tus prioridades es una manera segura de volverte imparable.

4. Se establecen metas claras

Todos los empresarios imparables tienen metas claras. Conocer las tuyas te permitirá seguir adelante cuando las cosas se pongan difíciles, y te dará un punto de enfoque cuando no estés seguro de qué hacer.

Pero tus objetivos no sólo deben centrarse en el largo plazo. Ten metas de largo, mediano y corto plazo: esto te permitirá organizar tus días y semanas, así como saber exactamente a qué le estás tirando.

5. Toman riesgos calculados

Mucha gente piensa que los emprendedores toman riesgos alocados sólo por diversión.

Sin embargo, mientras que los riesgos pueden parecer alocados para quienes no tienen una mentalidad emprendedora, en realidad están calculados. O, al menos, así debería ser. Si eres el tipo de empresario que da el salto sin conocer los números y las probabilidades detrás de tus acciones, no durarás mucho tiempo.

6. Conocen sus fortalezas y debilidades

Los dueños de negocios exitosos son honestos consigo mismos. Conocen sus fortalezas y debilidades, y las tienen en cuenta en todas las decisiones de negocios.

Se requiere humildad para examinarte a ti mismo de esta manera, pero los beneficios son inmensos al saber exactamente a quién debes contratar, con quién te debes asociar y qué habilidades puedes ofrecer.

7. Contratan jugadores de primer nivel

A menudo, los emprendedores que no tienen éxito son los que temen tener jugadores de primer nivel en sus equipos de trabajo.

Puede que se sientan amenazados, o quizá no ofrecen los incentivos suficientes para quedarse con los mejores elementos. De cualquier manera, ellos son los que pierden. Céntrate en llenar los huecos que tienes actualmente; así lograrás crear el increíble equipo que necesitas para alcanzar el éxito.

8. Siguen aprendiendo

Los emprendedores imparables saben que no lo saben todo. Como resultado, nunca dejan de aprender.

Nunca te ocupes tanto que dejes de invertir tiempo para ti mismo y para aprender sobre tu negocio, tu industria y las nuevas tecnologías. Mantenerte al día es esencial si quieres ser exitoso.

9. Siempre están buscando oportunidades

Los empresarios realmente exitosos no se duermen en sus laureles. Se percatan de que la vida cambia rápidamente, y de que el negocio se mueve a un ritmo aún más rápido.

Para ser imparable, siempre mantente alerta de la siguiente oportunidad. Detecta nuevas tendencias en la industria o busca una nueva aplicación para una herramienta vieja. Nunca te quedarás atascado en el pasado si conviertes en una prioridad mantenerte alerta a las nuevas oportunidades.

10. Evalúan sus acciones y prioridades a diario

Los empresarios exitosos saben que cada día construyen su futuro.

Por eso, rara vez dejan que pase un solo día sin hacer una revisión de su progreso. Cuando analizas tus logros al final de cada jornada puedes celebrar tus avances, así como hacer frente a las situaciones complicadas. Ésta es una gran práctica que deberías iniciar de inmediato.

Como dije al principio, ser un empresario imparable no es tarea fácil. Si fuera fácil, todo el mundo lo sería. Si quieres unirte a este club exclusivo, haz de estos 10 comportamientos una prioridad en tu vida.

Vivir MejorCuando era una niña, y uso el término “niña” relajadamente porque estoy un poco avergonzada de admitir que me sentí así hasta hace unas semanas atrás, solía pensar que hacer lo que amas venía naturalmente.

Para mí, significaba que no tenías que ser arrastrada fuera de tu cama o ser sobornada con los deseos de tu pequeño corazón materialista para conseguir que lo hicieras, y lo más importante de todo, tu motivación nunca moriría.

Honestamente, pensaba que hacer lo que amabas significaba que lo seguirías haciendo a pesar de lo mierda que fuera tu vida, incluso si fuera así por ello.

Por desgracia, como la mayoría de las cosas que creía cuando era niña, esto resultó ser una gigantesca mentira, pero era demasiado obstinada y ciega para aceptarlo a pesar de repetidas lecciones de mi querida vida me enseñó.

Coquetea con muchos, enamórate de uno

Esta parte es para aquellos de ustedes que son del tipo que disfrutan haciendo un montón de actividades diferentes.

Tal vez porque tengo masivos problemas para concentrarme en una determinada tarea en la vida en general o simplemente el hecho de que en realidad soy moderadamente multi-talentosa pero me falta absolutamente disciplina y determinación (tanto el “hecho” como la explicación dependen enteramente de cómo esté mi autoestima en el momento en particular que me preguntes esto), he intentado un montón de cosas diferentes y realmente disfruto haciendo un buen número de ellas.

Así que si tuviera que hacer una lista de mis aficiones, definitivamente incluiría dibujar, pintar, nadar, escribir, cantar, hacer cortometrajes, etc, etc.

Ahora la parte más rara de haber probado y disfrutado de muchas de estas actividades, y hacerlas relativamente bien sin mucha práctica, es que automáticamente las incluyo en mi lista de opciones de carrera alternativa. Cuando estaba en la escuela de derecho, esta lista era más larga que la Constitución. Podía decirle a todos mis amigos más cercanos sobre cómo podría haber estado pensando en ser una XYZ (insertar: artista / músico / escritora / cineasta / profesión del mes).

Siendo la buenas personas que son, me animaban e ingenuamente confiaban en que podría lograr ese sueño, todas las veces. No hace falta decir que en realidad no realicé ninguno de mis planes, y excepto durante aquellas más oscuras y fuertemente intoxicadas horas antes del amanecer, ni siquiera me molestaba en preguntarme el temido “¿Y si…?”

Es muy fácil distraernos por todas las cosas divertidas que hay ahí fuera. Si eres como yo y te encanta hacer un montón de cosas, podría ser mejor para ti enfocarte y priorizar una o algunas de ellas por sobre todas las demás. Claro, ser un “artista multimedia” suena como si fueras un multi-talentoso, pero es muy fácil para ese camino hacerte un maestro en nada. He encontrado que siempre logro un progreso real cuando me enfoco en un solo amor. Como la monogamia. Todo el mundo hoy es un maestro en nada. Se un maestro en algo en su lugar.

Compromete con tu amor como si los dos se hubieran casado esta mañana

Esto es para aquellos de ustedes que saben exactamente qué es lo que les gusta hacer.

Muchas veces, sabemos de qué estamos enamorados. O tal vez después de muchas experimentaciones, ahora podemos decir con un grado de certeza que estamos hechos para hacer una cierta cosa.

Tal vez seamos un poco mejor en ello, tal vez nos hace sentir bien, tal vez le agrega ese toque de significado a tu vida. Tal vez es la escritura, tal vez es el baile, tal vez son las matemáticas. Lo que sea que sea (Si tienes la suerte de haber irrumpido en los últimos años de incertidumbre, de no saber qué es lo que deseabas hacer en la vida) por favor, comprométete con ello. Comprométete con ello como si te hubieras casado ese día.

Es tan fácil poner excusas para no hacer algo.

“¿Pero quién va a leer lo que escribo?”

“¿Cómo voy a poder vivir de la pintura?”

Dile a esa voz que se calle. No tienes que ser un bestseller, sólo tómate unos minutos para escribir. No tienes que estar entrenando para los Juegos Olímpicos, nada unas cuantas vueltas al día. Sólo tienes que hacer eso de lo que estás enamorado, y sólo tienes que hacerlo por ti. El placer que deriva de ser realmente bueno en algo es para ti. Todo lo demás seguirá.

Recordatorio: Identificar lo que quieres hacer no es suficiente

Me tomó años y años darme cuenta de que identificar lo que te gusta hacer no es suficiente, tienes que trabajar continuamente en ello. Sí, a veces puede llegar a convertirse en trabajo. Esas maravillosas citas en los posts de Tumblr que te dicen que hagas lo que amas para que no tengas que trabajar nunca más en tu vida son muy motivadoras, pero muy básicas.

En mi caso, por lo menos. Tuve que obligarme a tratar mis pasatiempos como trabajo porque me había convertido en alguien que sabía exactamente lo que amaba hacer, pero que nunca llegaría a hacerlo de otra manera.

Seguí inventando excusas sobre todas las otras cosas que tenía que hacer y me enterré de dudas autogestionadas acerca de cómo los demás probablemente me juzgarían y lo mala que era en ello de todos modos, así que ¿por qué molestarse en intentarlo? Constantemente comparaba mi comienzo con el pico de todos los demás, y esa diferencia de calidad me desanimaba en vez de motivarme para llegar hasta allí.

Sé que esto puede parecer un poco absurdo para muchos de ustedes porque hacen lo que aman y aman lo que hacen. Estoy muy feliz por ti. Yo no estoy allí todavía, pero afortunadamente, ahora creo que llegue a ese punto en el que por lo menos acepto que mi estado de ánimo anterior era venenoso y no conducente a ninguna forma de crecimiento en absoluto.

Te dejo con un consejo brillante de Tchaikovsky :

Si esperamos por el estado de ánimo, sin esforzarnos por encontrarlo a mitad de camino, fácilmente nos volvemos indolentes y apáticos. Debemos ser pacientes, y creer que inspiración le vendrá a aquellos que puedan dominar su aversión.

El tiempo no existe. No es real. Es, simplemente, una ficción, un instrumento, un medio para orientarnos en la vida, relacionando distintos acontecimientos de nuestras existencias, de las de los demás o de la misma naturaleza.

La Tierra gira en torno al sol. Y, al conjunto de acontecimientos cíclicos y, por tanto, fijos, que tienen lugar desde que una revolución comienza hasta que termina, lo llamamos año. Y, como durante ese proceso el sol sale y se pone por nuestro horizonte trescientas sesenta y cinco veces, hemos llamado día a lo que sucede entre cada dos de esos fenómenos sucesivos.

Y luego hemos dividido el día en veinticuatro horas, aunque podíamos haberlo dividido también en catorce o en treinta y siete. Y a cada parte la llamamos hora. Y la hora la hemos, convencionalmente siempre, subdividido en sesenta minutos y a cada uno de éstos en sesenta segundos…

Pero todo es pura convención, lo mismo que cuando trazamos una frontera y decimos que en la línea que la representa comienza un país y termina otro. Porque esa ficción nuestra nunca la aceptan ni la respetan los vientos ni la lluvia ni la flora ni la fauna, sencillamente porque es algo artificial, una simple ideación, sin existencia real fuera de nuestras mentes, aunque la plasmemos en los mapas.

Lo que sí existe, lo que sí se da y es inevitable, sin embargo, es la sucesión de hechos, así como su gestación, nacimiento y desarrollo. Y la influencia que sobre todos nosotros ejercen.

Pensemos sino un poco: ¿Es realmente el paso de lo que llamamos cincuenta o sesenta o setenta años lo que nos hace cambiar de aspecto, envejecer, aproximarnos inexorablemente al fin de nuestra vida física? ¿O lo que nos hace avanzar en ella, en ese proceso de enfermos terminales en que todos estamos incursos desde el momento de nacer, son las agresiones de que vamos siendo víctimas? ¿Qué tiene, en realidad, el tiempo que nos pueda perjudicar?

Lo que verdaderamente nos hace cambiar y decaer, como hemos dicho, son los acontecimientos, las vicisitudes de la vida, las variaciones a que la naturaleza nos somete, las influencias de las vibraciones y radiaciones que por todas partes nos acometen, las emociones, las pasiones, los sentimientos, los pensamientos, las ideas, los razonamientos, las enfermedades…

Eso sí que nos envejece, eso sí que modifica, aparentemente para mal, nuestras estructuras externas e internas. Eso sí que surte efecto, un efecto fatal e inevitable, que nos va conduciendo a la consunción, a la cristalización, a la disfunción y a la inmovilidad física que llamamos muerte. Lo mismo que no son los años los que erosionan los montes ni los que socavan las rocas, sino el viento y el agua y el calor y el frío. Pero nunca el paso del tiempo, porque el tiempo no pasa, ni siquiera es.

Son, pues, las primaveras y los veranos y los otoños y los inviernos sucesivos los que nos van continuamente obligando a adaptarnos a ellos con los consiguientes desgastes y cansancios y heridas y cicatrices de todo tipo. Son el calor y el frío sucediéndose sin interrupción, miles de veces, los que nos resquebrajan por dentro y por fuera.

Son los disgustos, los problemas, los sinsabores, los fracasos o los éxitos, las ilusiones y los sueños, las amistades y las diferencias, las fidelidades y las deslealtades, y el valor que vamos dando a todo ello en cada momento, los que nos van madurando hacia la influencia final que producirá el último estertor de nuestro cuerpo.

Una desgracia familiar, la muerte de un ser querido, por ejemplo, que puede suceder en minutos, puede también envejecernos lo que, sin ese suceso extraordinario, envejeceríamos en lo que hemos dado en llamar veinte años, o sean, los sucesos normales que pueden acaecernos en una vida sin demasiados altibajos durante lo que hemos convenido llamar ese período. Pero no los veinte años en sí.

Si nos fuera posible hacernos inmunes a las inclemencias meteorológicas, a las múltiples enfermedades que nos acosan, a las agresiones físicas, psíquicas y emocionales a que nos someten los demás e, incluso, nosotros mismos; si las vibraciones estelares no nos pudiesen alcanzar o, alcanzándonos, no nos afectaran, por muchos años y por muchos siglos que transcurrieran, no envejeceríamos… Los animales, que no conocen nuestras ficciones, también envejecen y llegan a la muerte sin tener la menor noción de los que es un año ni un mes ni siquiera una hora.

Pero si pudiésemos ser inatacables por todos esos enemigos, lo que ocurriría es que tampoco aprenderíamos nada y, por tanto, no evolucionaríamos. Conviene, pues, que tengamos claro que el tiempo no nos afecta, ya que no existe, pero nos afectan, y mucho, las cosas que nos suceden. Y sólo ellas.

Por tanto, no debemos temer el paso del tiempo. No debemos asustarnos ante algo inexistente. Lo que hemos de evitar son los acontecimientos que nos hagan vibrar intensamente. Por eso lo que se nos recomienda por nuestra filosofía es mantenernos tranquilos y equilibrados en toda situación. Es decir, comportarnos ante los sucesos que a otros les pueden trastornar o afectar, como si no fuesen con nosotros, gracias a un discernimiento bien desarrollado.

Por supuesto, el efecto de los sucesos o procesos inevitables de la naturaleza no podremos obviarlo, porque así está dispuesto en los planes del Creador. Pero lo otro sí, lo que ordinariamente ponemos de nuestra propia cosecha:

El atacar nuestro cuerpo con vicios o hábitos o comportamientos agresivos; el estar nerviosos y estresados y asustados; el temer al futuro, faltos de confianza en nuestra fuerzas y de fe en la ayuda divina; el afectarnos por cuanto sucede en nuestro entorno; el vivir una vida de negatividad y de egoísmo, que nos enfrenta a todos; el dejar de ejercer el amor y la entrega y la sinceridad y la confianza, el sacrificio y la caridad y el servicio altruísta y la oración… eso sí que nos afecta y nos envejece por dentro y por fuera.

La eterna juventud, pues, no existe ni existirá mientras dispongamos de cuerpo físico. Pero sí existe una juventud prolongada o, por lo menos un espíritu joven prolongado. Y ésa debe ser nuestra consecución, pero no como objetivo, como una meta a alcanzar, sino como un subproducto inevitable de una vida sana física, mental, emocional y espiritualmente. Es decir, una existencia ajustada lo más posible a las exigencias de las leyes naturales, a las Enseñanzas de nuestra filosofía.

A veces es más fácil enfocarse en lo que no tenemos, en lugar de lo que tenemos.

Es importante tomarse un tiempo y recordar todas las cosas por las que estamos agradecidos que muchos de nosotros damos por hecho.

1. Buena salud

Incluso si tu salud no es buena, podría ser peor y es probable que todavía tengas algunas partes funcionales para agradecer.

2. Dinero en el Banco

Tener solo unas monedas te hace más rico que la mayoría de las personas en la Tierra.

3. Buenos amigos

A menudo, es la calidad de las amistades, no la cantidad.

4. Libertad de religión

Poder adorar a quien sea y como quieras es algo que muchas personas nunca experimentan.

5. Tus padres

Incluso si son disfuncionales, te dieron vida.

6. Fines de semana

Hay algo mágico los fines de semana.

7. Tener un compañero

Estar en una relación romántica puede enseñarte mucho acerca del mundo y de ti mismo.

8. Mascotas

Las mascotas ofrecen uno de los mejores ejemplos de amor incondicional.

9. Aprender de los errores

Si nunca cometimos errores, no aprenderíamos mucho, así que es una de esas cosas por las que deberíamos estar agradecidos.

10. Oportunidad de obtener una educación

La oportunidad de asistir a la escuela es algo que muchas personas no tienen.

11. Tener un hogar

Ya sea que vivas en un apartamento, una mansión o una tienda de campaña, tener un lugar para llamar hogar es algo por lo que debes estar agradecido.

12. Habilidad para leer

Si estás leyendo esto ahora, tienes mucho por lo que estar agradecido.

13. Respirando aire fresco

Ser capaz de salir a respirar aire fresco es un buen recordatorio de cuántas pequeñas cosas debemos agradecer.

14. Una cama para dormir

Una cama es una de esas cosas que es fácil dar por hecho, hasta que no la tengas.

15. Risas

Sin risa, el mundo sería un lugar triste.

16. Seguridad y protección

Ser capaz de despertar sin un miedo inmenso nos libera para realmente vivir la vida.

17. Carros

Sin automóviles, llevaría mucho más tiempo realizar nuestras actividades.

18. Sol

El calor del sol puede alegrar cualquier día.

19. Tiempo

Aunque a menudo no creemos que haya suficiente, el tiempo es algo que no deberíamos dar por sentado.

20. Agua limpia

Mucha gente en la tierra no tiene acceso a agua limpia.

21. Teléfonos celulares

Los teléfonos celulares facilitan la conversación con tus seres queridos.

22. Amor

El mundo seguro sería un lugar diferente si no tuviéramos la capacidad de amar.

23. Libros

Los libros brindan la oportunidad de ingresar a otro mundo desde la comodidad de tu hogar.

24. La bondad de los extraños

Nunca tomes la amabilidad de un extraño por sentado.

25. Hogueras

La simplicidad de una fogata crea recuerdos para toda la vida.

26. Dolor

Sin dolor, sería difícil apreciar las alegrías de la vida.

27. Arte

El mundo sería menos bello si el arte no existiera.

28. Vacaciones

Cualquier motivo para celebrar es algo por lo que deberíamos estar agradecidos.

29. Libertad de expresión

Ser capaz de expresar tus pensamientos libremente nunca debe darse por hecho.

30. Arco iris

La belleza de un arco iris es incomparable.

31. Lágrimas

A veces, cuando no hay palabras para decir, las lágrimas expresan cómo nos sentimos por nosotros.

32. Despertarse hoy

Simplemente despertarte hoy significa que tienes cosas por las cuales estar agradecido.

33. Fontanería interior

La plomería interior no solo brinda comodidad, sino que también nos previene de enfermedades.

34. Sabiduría que viene con la edad

Afortunadamente, crecemos más inteligentes con el tiempo.

35. Montañas

Las montañas nos proporcionan belleza y recreación.

36. Vista

Poder ver nos permite ver la belleza del mundo.

37. Tiendas de comestibles

Las tiendas de comestibles significan que no tenemos que gastar todo nuestro tiempo en conseguir nuestra propia comida.

38. Puestas de sol

Las puestas de sol son un recordatorio de que debemos disfrutar las cosas simples de la vida.

39. Entretenimiento

El entretenimiento nos brinda una forma de relajarse y disfrutar de la vida.

40. Tu mente

Ser capaz de pensar, recordar y resolver problemas de seguro hace la vida más fácil.

41. Empleo

Incluso si no te gusta su trabajo, estar empleado significa que alguien pensó que eras lo suficientemente especial como para contratarte.

42. Diversidad

El mundo sería un lugar aburrido sin diversidad.

43. Luna y estrellas

La luna y las estrellas nos animan a soñar.

44. Electricidad

La electricidad hace que la mayoría de nuestros quehaceres sean eficientes.

45. Aire acondicionado

Mantenerse fresco en un día caluroso es algo que las personas no habrían soñado en siglos pasados.

46. Audiencia

Poder escuchar la voz de tu ser querido es algo que no todos pueden hacer.

47. Niños

Ver a los niños reír, crecer y soñar puede mantener las cosas en perspectiva.

48. Capacidad de aprender

La capacidad de aprender cosas nuevas significa que tenemos un potencial infinito.

49. Personas dispuestas a enseñar

Ya sea que tu abuela te enseñe a tejer o que tu plomero le muestre cómo prevenir problemas futuros, esté agradecido de que otros estén dispuestos a usar su tiempo y talento para enseñarte algo nuevo.

50. Océanos

Las criaturas marinas en el océano casi parecen demasiado místicas para ser reales.

51. Medicina moderna

Sin avances en la medicina moderna, muchos de nosotros no estaríamos vivos.

52. Música

La música saca nuevas emociones.

53. Emprendedores

Algunos de los mejores inventos de la vida fueron el resultado de un emprendedor dispuesto a correr un riesgo.

54. Ropa de abrigo

En un día frío, no hay nada más importante que la ropa de abrigo.

55. Libertad para votar

Poder tener voz en las leyes nunca debe darse por hecho.

56. Una conexión a Internet

Es difícil creer lo fácil que es dar por descontado a Internet, ya que ninguno de nosotros lo había hecho hace un par de décadas.

57. Desafíos

Sin desafíos en la vida, no seríamos las personas que somos ahora.

58. Rutas de senderismo

Rutas de senderismo nos dan la oportunidad de disfrutar de la belleza de la naturaleza de la madre.

59. Vacunas

Muchos de nosotros no estaríamos vivos sin las vacunas de hoy.

60. Fuerzas Armadas

Nuestras vidas probablemente serían muy diferentes si no tuviéramos protección de las fuerzas armadas.

Mo Gawdat, ingeniero del gigante tecnológico, desarrolló una fórmula matemática que explica la dicha después de la pérdida repentina de su primogénito. En qué consiste su ecuación.

“Nací feliz y, a medida que me involucraba más en la vida, más infeliz me volvía”, dijo Mo Gawdat, ingeniero y directivo de Google que comenzó a buscar respuestas tras la muerte inesperada y repentina de su hijo. Ali, con solo 21 años, se sometió a una cirugía de rutina, que no involucraba mayor riesgo, pero se complicó y terminó con su vida.

Desde ese momento hasta hoy, Mo Gawdat, su padre, se empezó a interesar en la búsqueda de una fórmula matemática que explique la felicidad. Que responda si está al alcance de todos. Que responda, sobre todo, si está al alcance de un padre que perdió a su hijo. Algunos años después asegura haber dado con el algoritmo definitivo.

“Me quejaba de todo y constantemente intentaba tener el control. Compré coches, gasté dinero e intenté llenar el vacío de mi alma de cualquier manera. Pero no funcionaba”, señaló cuando presentó su libro Solve for Happy.

Gawdat tenía una vida resuelta desde lo económico. Una fortuna que había amasado gracias a su trabajo en el mercado de valores de Dubai. Pero la muerte de su hijo lo sumió en una profunda depresión. Pensó si debía optar por sufrir, recluirse en una habitación y no conocer la luz del día o aceptar la vida tal como es, con lo duro y los eventos desafortunados que ello implica.

Tras siete años de encontrar las pequeñas y grandes cosas que lo hacían feliz desarrolló su ecuación:

“La felicidad es igual o mayor que los acontecimientos de su vida menos su expectativa de cómo debería ser la vida”.

De acuerdo al ingeniero, la felicidad -o infelicidad- parte de la percepción con la que las personas reconocen ciertos acontecimientos.

Su hipótesis sostiene que hay seis barreras que impiden una visión real del mundo:

– el pensamiento,
– el yo,
– el conocimiento,
– el tiempo,
– el control y
– el miedo.

A su vez, remarca siete ítems que llevan a ver una realidad distorsionada:

– filtrar,
– asumir,
– atrapar,
– recuerdos,
– etiquetas,
– emoción y
– exagerar.

“La felicidad no es lo que el mundo te da. La felicidad es lo que piensas de lo que te da el mundo. Si piensas en ello, siempre verás que hay algo por lo que estar agradecido y ser feliz”, sostuvo.

Vivir MejorSi tu estrategia para calmarte antes de una entrevista de trabajo o una gran presentación es pasearte de un lado a otro y murmurar, “¡Puedes hacerlo!” hasta que casi lo creas, entonces tenemos buenas noticias.

Hay una manera más sencilla y más eficaz para vencer la ansiedad. ¿El truco? Recuerda lo que más valoras.

En su nuevo libro “Presence”, Amy Cuddy, la psicóloga de Harvard que popularizó la idea de “poses de poder” para aumentar tu confianza, ofrece un simple ejercicio para superar tus nervios. Tómate unos minutos para escribir sobre un valor básico que sea significativo para ti (por ejemplo, la familia, la creatividad, el éxito profesional) y un momento en el que ese valor era importante.

El ejercicio puede parecer no estar relacionado con la tarea a mano, pero (espero) te ayudará a recordar lo que tú, como un individuo único, tienes que poner en la mesa.

Un creciente cuerpo de investigación apoya la idea de que reflexionar sobre tus valores personales (lo que los investigadores llaman “auto-afirmación”) puede ayudarte a lidiar con las situaciones difíciles.

En un estudio sobre auto-afirmación, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Universidad de California en Santa Bárbara le pidieron a 85 estudiantes que dieran un discurso de cinco minutos sobre por qué serían un buen candidato para un trabajo en su universidad.

La experiencia fue diseñada para ser extremadamente estresante; después de dar el discurso, los participantes contaron en voz alta hacia atrás de 2,083 por 13 segundos mientras los experimentadores les gritaban “más rápido.”

Al inicio del estudio, todos los participantes completaron un cuestionario en que se les pidió que clasificaran la importancia de cinco valores personales: religión, cuestiones sociales, política, teoría y estética. La mitad de los participantes respondieron preguntas sobre sus valores más importantes; la otra mitad respondieron preguntas sobre sus valores menos importantes.

Los resultados mostraron que los participantes que se auto-afirmaron al escribir sobre sus valores más importantes reportaron significativamente menos estrés mientras se preparaban para el discurso. Los investigadores también midieron sus niveles de cortisol, una hormona del estrés, y encontraron que los participantes que se auto-afirmaron no mostraron picos significativos.

En otras palabras, simplemente reflexionar sobre quién eres y lo que te importa puede ser suficiente para amortiguar los efectos de una experiencia altamente estresante.

En “Presence,” Cuddy dice que la auto-afirmación facilita el desarrollo de la “presencia” (la cual define como estar sintonizada y ser capaz de expresar tu verdadero potencial) al permitirte convertirte en “tu yo auténtico” y “tu yo más atrevido”.

No se trata, dice, de creer que eres el mejor en este papel o desarrollar una falsa sensación de confianza. En lugar de eso, se trata de saber que eres capaz de hacer lo mejor que puedes y demostrar tus fortalezas personales y talentos.

Ella dice que la auto-afirmación es “una forma de fundamentarnos en la verdad de nuestras propias historias. Nos hace sentir menos dependientes de la aprobación de los demás, e incluso estar cómodos con su desaprobación, si eso es lo que obtenemos.”

No estás solo, estás contigo. Es mucho, lo es todo.

No eres lo que se ve, eres todo lo que puedes llegar a alcanzar si no desistes. Eres todo lo que ya está en ti sólo por atreverte a imaginarlo. Cada vez que te mueves, mueves el mundo.

Tienes tus raíces y todo un baúl de sueños por surcar y sentir.

En los días más oscuros, cuando ignoras que brillas, que eres tu propia luz, que no necesitas nada más que confiar para ser tú mismo, algo en ti te dice que sigas, que no te pares

En los días más dulces, te sientas en un rincón y contemplas la belleza que te rodea para que logre invadirte y entrar en ti…

No hay nada en el mundo que pueda vencerte si estás de tu parte. No hay camino que no puedas recorrer si eres tú quién lleva tus pies. Sólo tienes que entender que no siempre andarás por los caminos que sueñas y que a veces los caminos que sueñas no te llevarán a lo que imaginas…

Suelta todas las expectativas y decide vivir lo que la vida te propone, sigue trabajando para conseguir lo que anhelas pero no te aferres a nada, sólo a ti…

Lejos quedan esos días en los que andabas caminos para otros o compartías el tuyo con personas que se comían tu pan y te hacían creer que eras tú quien perdía las migas…

Yo no eres ese que se aferraba a cualquiera para evitar que al llegar la noche, la soledad le oradara el pecho y construyera en él un nido de cuervos.

Ya no eres esa persona que nunca levantaba el dedo para opinar porque sentía que sus opiniones eran absurdas y su voz era demasiado débil para llegar a otros oídos.

Yo no llevas ese escudo para protegerte, ni esa máscara por si no gusta tu cara. No arrastras la manta con la que te cubrías siempre esperando un invierno perenne y suplicando primavera. Ya no dependes de si llueve, de si hace sol o si graniza porque sabes que pase lo que pase cuentas con tu mejor aliado…

No estás solo y no te asusta quedarte solo porque has hecho un pacto con tu sombra y duermes con ella. Conoces todos y cada uno de tus miedos y has besado y abrazado todas y cada una de tus debilidades hasta descubrir lo hermoso que entrañan y aprender a sacarles punta

Ya no eres el que se sentaba al final para no molestar con su presencia ni el que decía siempre que sí para mendigar amor.

No eres el que durante un tiempo quiso estar siempre perfecto ni el que se cansó y pasó años sin mirarse al espejo porque sentía que no podría alcanzar esa perfección. No lo eres, pero todo lo que aprendiste siendo así está en ti, es tu herencia, tu legado, tu hermoso aprendizaje para seguir.

Ya no haces nada buscando nada que no sea estar mejor y crecer.

El único destino que esperas está en ti.

La única puerta a la que llamas cada día es a la tuya… Y siempre te abres con una sonrisa y te dejas pasar… ¿Recuerdas ese tiempo en que te cerrabas a cal y canto e ignorabas y no querías saber nada de ti?

Ya no eres esa persona que se cambiaba por otras y soñaba con vivir sus vidas y suplicaba no ser, no sentir…

Ya no eres el que saboteaba sus logros y se maltrataba recordando sus errores sin cesar una y otra vez.

Ahora, atesoras cada una de tus equivocaciones y las ves como los peldaños de una escalera que supiste subir.

Y te hablas tan bonito que inventas cada día nuevas palabras para animarte a seguir… Y usas esas palabras para hablar a otros y contarles que pueden, que sigan intentando… Para motivarles a seguir… Y sus risas felices son tus risas y sus «gracias» son el bálsamo maravilloso que cura el cansancio al legar la noche…

Ya no eres el que se guardaba lo bueno porque temía perder, ahora lo compartes todo y al acabar el día no sabes cómo siempre te queda más…

Has descubierto que la única forma de ser grande es ver la grandeza en otros y compartir la tuya cada día más…

No estás solo nunca. Estás contigo, te cobijas, te esperas, te reconoces, te amas, te haces cosquillas cuando decaes y te cuentas historias llenas de esperanza cuando te vas a dormir.

Te topas con otros que te piden historias e inventas algunas nuevas para repostar un poco de motivación…Porque ya no necesitas mitigar el brillo ajeno para ver el propio y es más… Te sumerges en él y lo celebras… ¡Y gozas de los triunfos ajenos como si fueran tan tuyos que al final lo son! Y acaban salpicándote de felicidad, de oportunidades, de buenas ideas, de pura magia

No estás solo. Eres un universo inmenso de semillas que cada día se esparcen y se plantan y mientras caminas vas sembrando a tu paso…

Y cuando miras atrás ves un reguero verde, un camino nuevo, un montón de caras que te agradecen el gesto y que a su vez ya son universos inmensos que empiezan a sembrar… Qué más da que a veces no veas a dónde te lleva el camino, lo verdaderamente importante es ponerse a andar…

No estás solo porque cuando decides sentir y aceptar toda tu grandeza entras en un bucle de vida que no tiene fin…

Porque eres todas y cada una de las personas que habitaron tus días y cuentan tus historias y abren nuevos caminos a su vez… No estás solo si compartes, si das, si asumes lo que eres y aportas tu valor.

No hay nada que pueda evitar tu grandeza, sólo puedes tú, si dejas de creer en ti.

Hace muchísimos años, un joven recién casado estaba sentado en un sofá en un día caluroso y húmedo, bebiendo jugo helado durante una visita a su padre.

Mientras conversaba sobre la vida, el matrimonio, las responsabilidades y las obligaciones de las personas adultas, el padre revolvía pensativamente los cubos de hielo de su vaso y lanzó una mirada clara y sobria hacia su hijo.

“Nunca olvides a tus amigos”, le aconsejó, “serán más importantes en la medida en que vayas envejeciendo”.

“Independientemente de cuanto ames a tu familia y los hijos que por ventura vayas a tener, tú siempre necesitarás de amigos. Recuerda ocasionalmente salir con ellos, realiza actividades con ellos, mándales un correo, telefonéalos…”

“¡Que extraño consejo!”, pensó el joven. “Acabo de ingresar al mundo de los casados, soy adulto y con seguridad mi esposa y la familia que iniciaremos serán todo lo que necesito para dar sentido a mi vida”.

Con todo, él obedeció a su papá; mantuvo contacto con sus amigos y anualmente aumentaba el número de ellos. Con el pasar de los años, él fue comprendiendo que su padre sabía de lo que hablaba.

En la medida en que el tiempo y la naturaleza realizan sus designios y misterios en un hombre, los amigos resultaron baluartes de su vida.

Pasados los 40 años de vida, he aquí lo que aprendió:

El tiempo pasa.
La vida continúa.
La distancia separa.
Los niños crecen.
Los hijos dejan de ser niños y se independizan. Y a los padres se le parte el corazón pero los hijos se van separando de los padres.
Los empleos van y vienen.
Las ilusiones, los deseos, la atracción, el sexo…se debilitan.
Las personas no hacen lo que deberían hacer.
El corazón se rompe.
Los padres mueren.
Los colegas olvidan los favores.
Las carreras terminan.
Mas, los verdaderos amigos siempre están ahí, no importa a cuánto tiempo o a cuantos kilómetros se encuentren.

Un amigo nunca está más distante que el alcance de una necesidad, haciendo barra por ti, interviniendo a tu favor, esperándote de brazos abiertos o bendiciendo tu vida.

Cuando iniciamos esta aventura llamada VIDA, no sabíamos de las increíbles alegrías o tristezas que estaban delante. No sabíamos de cuanto necesitaríamos unos de otros.

Ama a tus padres, ama a tu pareja, cuida a tus hijos pero mantén un grupo de buenos amigos cerca. Dialoga con ellos pero no impongas tus criterios. Nunca juzgues a tus amigos y siempre tiende la mano cuando se te necesite.

En una conversación mantenida recientemente con un alumno, confesaba haber llegado mucho más lejos de lo que había pensado en un principio, algo que suele ser habitual cuando se cumplen un par de condiciones previas.

Su lenguaje corporal mientras me lo decía era de plena satisfacción, de serenidad y de fuerza a la vez. Realmente los resultados habían sido espectaculares, especialmente si comparaba el inicio con el final.

Por mi parte, ya desde un inicio presentía que iba a poder, que tenía los recursos para enfrentarse con el reto y que los resultados, como casi siempre, dependían más de él mismo que de condicionantes externos.

Y he aquí dónde están los dos condicionantes previos:

• Autoconfianza, y por ende autoestima.

• Confianza del acompañante, ya sea profesor, coach, mentor, tutor, etc., como ya enunciaban Rosenthal y Jacobson (1966).

Traslademos esto al mundo profesional o a nuestro propio hogar, podremos comprobar como, cuando alguien ha confiado en nosotros, ha producido una serie de consecuencias tales como el incremento de la autoestima, aumento de la confianza personal, etc., y ello ha derivado en un cumplimiento por encima de las expectativas propias y ajenas.

Por el contrario, si a un hijo mío le voy diciendo que no sirve, o que no puede, sin tan solo intentarlo, voy forjando en él la semilla del fracaso y, por tanto, el efecto de la profecía auto-cumplida, mediante la cual, si creo que puedo estoy en lo cierto y, si creo que no puedo, también lo estoy.

Hablo de enamorarse (no en el sentido romántico), de creer en las personas a las que nos es dado acompañar, guiar o educar, para que puedan encontrar en sí mismas recursos ocultos que siempre han estado ahí, deseosos de ser encontrados.

¿Hasta que punto creo en las personas que tengo el privilegio de servir?

Vivir MejorEn serio, nada está fuera de tu alcance cuando te das cuenta de que todo está en tu cabeza.

Por eso es hora de recordarte a ti mismo…

1. No necesitas el equipaje de ayer para nublar tu visión de las bendiciones de hoy.

Lo único que te detiene el 98% del tiempo es tu mente y los pensamientos que te entretienen.

Así que respira profundamente y vuelve a enfocarte. Te conviertes en el verdadero maestro de tu vida cuando aprendes cómo dominar tu enfoque; a dónde va tu atención. Valora a qué le das tu energía. Enfoca tu energía limitada en lo que más te importa en el presente.

2. Es verdaderamente poderoso y bello cuando las intenciones de una persona son genuinas.

Así que recuerda hacer las cosas por las razones correctas, incluso cuando las cosas no salgan según lo planeado.

Tu “por qué” debe ser más grande que las decepciones y desafíos que enfrentas. En serio, tan a menudo como puedas, recuérdate ¡Por qué! Con una buena razón de ¡Por qué!, podrás hacer lo que se requiera en cualquier momento y en cualquier circunstancia.

3. La mayoría de las personas terminan engañándose a sí mismas y a los demás, una y otra vez, simplemente porque prestan más atención a lo que se están perdiendo, en lugar de a lo que tienen.

Medita sobre esto, para que no vuelvas a caer en los viejos y obsoletos patrones. Éste obtiene lo mejor de lo mejor de nosotros. Los hábitos y comportamientos tóxicos siempre intentan colarse cuando estamos mejorando. Mantente enfocado.

4. Terminarás con el corazón roto si esperas que la gente lo haga siempre por ti como tú lo haces por ellos.

No todos tienen el mismo corazón que tú. ¡Perdónalos! Sí, perdónalos, no porque merezcan el perdón, sino porque tú mereces la paz mental. Libérate de la carga de ser una eterna víctima.

5. Si alguien está trabajando en sí mismo y está cambiando para mejorar, es innecesario seguir recordando su pasado.

La gente puede cambiar y crecer. Tómate esto en serio y demuestra la misma cortesía también. A menudo ni siquiera te das cuenta de que estás bloqueando tus propias bendiciones presentes al aferrarte al pasado. Comienza a dejar ir. Comienza a estar aquí, ahora.

6. La calma es una superpoder humano.

La capacidad de no sobre-reaccionar o tomar las cosas de forma personal mantiene tu mente despejada y corazón en paz. Nunca es demasiado tarde para cambiar tu actitud sobre algo que no puedes cambiar. Solo decide aprovecharlo al máximo.

Toma la vida día a día y agradece las pequeñas cosas. Sin excusas. Deja ir todo el drama sin sentido, los desperdicios de tiempo sin objetivos y el desorden mental que se interpone en tu camino.

7. La fuerza mental es increíblemente importante.

Cuida tu mente y la forma en que hablas contigo mismo. No dejes que la auto-conversación negativa te debilite. Háblate como si fueras bendecido. Camina como si fueras bendecido. Piensa como si fueras bendecido. Trabaja como si fueras bendecido. Y lo serás, de una forma u otra.

8. Todo se hace un poco incómodo cuando es hora de cambiar (o cuando es hora de recalibrar tus expectativas).

Eso es solo una parte del proceso de crecimiento. Las cosas se pondrán mejor. Se paciente y recuérdate a ti mismo que nunca tendrás que forzar nada que realmente esté destinado a ser. Solo haz tu mejor esfuerzo, y luego adopta una mentalidad de “que pase lo que tenga que pasar”.

No intentes forzar las cosas; déjate llevar y deja que fluyan las bendiciones correctas.

9. Las elecciones incorrectas pueden llevarnos a los lugares correctos.

Los fracasos más grandes a menudo nos dan las mejores lecciones. Cuando no consigas lo que quieres, considera que puede ser una bendición disfrazada. En serio, agradece que ciertas conexiones y situaciones no funcionen. Si no dejas ir y aprendes, quedarías atrapado con falsas promesas. Celebra tu progreso.

10. Es curioso cómo superamos lo que alguna vez pensamos que no podríamos vivir sin ello, y luego nos enamoramos de lo que ni siquiera sabíamos que queríamos.

Eventualmente terminarás donde necesitas estar, haciendo las cosas correctas, junto con las personas adecuadas.

La paciencia y la persistencia son la clave. Pero no olvides detenerte en alguna ocasión y apreciar lo lejos que has llegado también. Has pasado por mucho y has crecido mucho. Reconoce los pasos que has dado para poder avanzar nuevamente con gracia.

La felicidad está de moda y empieza a dividirnos.

Hay quien habla de la tiranía de ser feliz y quien culpa a las redes sociales de la proliferación de mensajes sobre optimismo, psicología positiva y buenrollismo.

Hay quien se esfuerza en propagar fórmulas para alcanzar la felicidad, defendiendo que nuestra mente crea nuestro destino, mientras que otros se afanan en confirmar que la vida es un fiasco y apuntar cada aspecto negativo de nuestra existencia.

Aparecen marcas como Mr. Wonderful o Virus de la Felicidad y poco tiempo después surgen las antagónicas como Mr. Wonderfuck, todas con sus correspondientes seguidores.

La psicología positiva continúa debatiéndose como ciencia y aparecen constantemente argumentos a favor y en contra, así como numerosos estudios y críticas por la falta de base científica de los mismos.

¿La felicidad es una quimera?

¿Es una tendencia de la que algunos gurús se aprovechan para ganar dinero vendiendo libros y dando conferencias? ¿Se trata de un nuevo modelo de negocio basado en recordarnos que debemos ser felices y hacernos sentir culpables si no lo conseguimos?

El 2 de junio de 1974, un pequeño reino en la cordillera del Himalaya llamado Bután fue el primer país del mundo que hizo una política estatal de la búsqueda de la felicidad. En su discurso de coronación como rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck dijo: “la felicidad nacional bruta es mucho más importante que el producto interior bruto.”

Desde aquel momento Bután utiliza el índice de la Felicidad Interior Bruta (FIB) para medir el bienestar de su sociedad.

Una de las asignaturas más populares de la prestigiosa Universidad de Harvard ha sido la de psicología positiva impartida por el profesor Tal Ben Shahar. Se convirtió en todo un referente educativo impartiendo clases sobre felicidad y atrayendo a más de 1.400 alumnos cada semestre.

El instituto para la búsqueda de la felicidad de Copenhague (Happiness Research Institute Copenhagen) y el concepto ‘hygge‘ que se refiere a la filosofía de vida danesa para encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, desconectar y aprender a relajarse como pasos fundamentales para rozar momentos felices, también han ocupado abundantes artículos.

Cada vez se organizan más congresos sobre felicidad y bienestar que reúnen expertos de cualquier parte del mundo para ofrecer a los asistentes las claves que les permitan alcanzar la tan ansiada felicidad.

La última tendencia en el mundo empresarial consiste en aumentar la productividad haciendo más felices a los empleados y generando un ambiente laboral positivo. Se empiezan a establecer indicadores para medir la felicidad de los empleados y de la organización, por lo que algunas compañías incluso han incorporado un nuevo puesto: Director de la Felicidad o Happy Manager.

Teniendo en cuenta todos esos datos, está claro que la búsqueda de la felicidad no es algo nuevo, sino inherente al ser humano.

Pero… ¿cómo se consigue ser feliz? ¿Cómo puedes levantarte cada mañana y a pesar de los problemas que dejaste ayer y los nuevos que te vas a encontrar, no dejar que tu ánimo caiga al suelo?

Como dice el famoso escritor y profesor Tal Ben Shahar: “la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica. La felicidad está en nuestro estado de ánimo.”

Ser feliz o infeliz es una cuestión de propósitos. Amargarse la vida o disfrutar de ella, a pesar de todas las dificultades, son decisiones que tomamos cada día, con cada pensamiento y acción.

“El 10% es lo que nos pasa en la vida y el 90% es lo que hacemos con lo que nos pasa” – Andrés Aljure

¿Qué es exactamente la felicidad?

¡Qué más da cuál sea la descripción de la felicidad! Pueden existir tantas definiciones como personas. Lo importante no es que haya rigor científico respecto al concepto de felicidad o cómo se argumente, sino cómo se vive cada día y con qué actitud.

No se trata de ser feliz siempre, sería imposible. Por otra parte, la tristeza es inevitable y llorar es muy sano cuando necesitamos liberar emociones negativas.

La tristeza, el dolor y el miedo son emociones humanas y necesarias.

Huimos de la gente tóxica y procuramos no estar cerca demasiado tiempo de quien irradia tristeza. Buscamos compartir tiempo con las personas que nos transmiten buen rollo y energía positiva, con las que nos divertimos y disfrutamos.

Pero nadie puede estar permanentemente feliz ni en un estado de alegría eterna. Existen los momentos tristes, las caídas, las recaídas, las lágrimas, el miedo, las personas que nos causan daño y decepción, las situaciones que nos ponen a prueba, las crisis y los cambios que nos empujan a aprender y avanzar como única salida.

“…podemos afrontar épocas complicadas de nuestra vida y, sin embargo, ser felices, pero también conseguir tener todo lo que habíamos deseado tener y sentirnos profundamente infelices” – Sonja Lyubomirsky

Soy una persona que utiliza las redes sociales para intentar mostrar el lado bueno de la vida cada día y difundirlo.
Soy una optimista por supervivencia porque mi madre me educó para sobrevivir a cualquier situación, por difícil que sea y siempre le estaré agradecida por enseñarme a buscar la luz aun en los momentos de mi vida en los que solo veía una espesa niebla.

No me siento obligada a buscar la felicidad, ni a hacer una demostración pública de la misma, de hecho, he reconocido en alguna ocasión que he superado una depresión a pesar de ser una persona feliz y esa “vulnerabilidad” me hizo más fuerte y me ayudó a cambiar lo que necesitaba en aquel momento de mi vida, a reencontrarme conmigo misma.

Identificar nuestras emociones, positivas y negativas, aceptarlas y trabajar para superar las situaciones complicadas es necesario si queremos ser felices. No conformarnos con lo que nos viene y dejar de actuar y luchar. ¡Rendirse no es una opción!

Nuestras decisiones y nuestros pensamientos tienen mucha más influencia sobre lo que nos pasa de lo que queremos admitir, es más fácil pasar la responsabilidad a otra persona o incluso al destino, que asumirla nosotros. Pero la realidad es que cada día elegimos focalizar nuestra atención en unas cosas e ignorar otras y todo lo que pensamos y decidimos determina nuestra vida.

Cuando tenemos una manera de pensar positiva, nuestra actitud nos ayuda a superar mejor los problemas, a sobrellevar los momentos duros y a salir de las situaciones desagradables, buscando soluciones y alternativas.

Evita el pensamiento circular que te lleva sin parar una y otra vez a dar vueltas a las mismas preocupaciones y problemas, porque con cada nueva vuelta solo consigues sentirte más deprimido y fuera de control.

La felicidad no llegará cuando ganes más dinero, cambies de trabajo, encuentres pareja, tengas hijos, compres una casa…

Piensa un poco más en ti, no te limites a lo que se supone que debes hacer, sino céntrate en lo que de verdad te importa. Conócete, quiérete y busca tu sitio. Libérate de malos sentimientos como el odio o el rencor, porque no te dejarán avanzar. Disfruta de todas las cosas posibles: un viaje, una conversación, una cena, practicar deporte, una escapada a la playa o la montaña, una película, un momento con tu pareja, amigos o familia, un libro, etc.

Yo elijo ser feliz y asumo que es mi responsabilidad y mi trabajo.

Son los momentos especiales de amistad, amor, risas, complicidad y diversión, mezclados con situaciones de lágrimas y tristeza, frustración y miedo lo que hace que la vida merezca la pena para mí.

Porque al final lo importante es tener un sueño cada noche y una ilusión cada mañana, para que no se nos olvide vivir mientras pasamos por la vida.

Ser feliz es un trabajo diario, un modo de vida, una decisión solo apta para valientes.

Entre más envejezco, más disfruto de las mañanas de sábado. Tal vez es la quieta soledad que viene por ser el primero en levantarse, o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo… de todas maneras, las primeras horas de un sábado son en extremo deliciosas.

Hace unas cuantas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radioaficionado, con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra. Lo que comenzó como una típica mañana de sábado, se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando… déjenme contarles:

Sintonicé mi equipo de radio en banda de 20 metros, para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana…. Después de un rato, me topé con un colega que sonaba un tanto mayor. Él le estaba diciendo a su interlocutor, algo acerca de “unas mil bolitas”, quedé intrigado y me detuve para escuchar con atención:

“Bueno, Tomás, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien, pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija”.

Continuó: “Déjame decirte algo, Tomás, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades”.

Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre las “mil bolitas”.

“Ves, me senté un día e hice algo de aritmética. La persona promedio vive unos setenta y cinco años, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años. Entonces, multipliqué 75 años por 52 semanas por año, y obtuve 3,900 que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.

Mantente conmigo, Tomás, que voy a la parte importante. Me tomó hasta que casi tenía cincuenta y cinco años pensar todo esto en detalle” continuó, y para ése entonces, con mis 55 años, ya había vivido más de dos mil Ochocientos sábados!!!

Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco años, sólo me quedarían unos mil sábados más que disfrutar. Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada bolita que tenían. Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1.000 bolitas. Las llevé a casa y las puse en una fuente de cristal transparente, junto a mi equipo de radioaficionado. Cada sábado a partir de entonces, he tomado una bolita y la he tirado.

Descubrí que al observar cómo disminuían las bolitas, me enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra, para ajustar y adaptar tus prioridades en esta vida. Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar

Esta mañana, saqué la última bolita de la fuente de cristal… y entonces, me di cuenta de que si vivo hasta el próximo sábado entonces me habrá sido dado un poquito más de tiempo de vida… y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo. Me gustó conversar contigo, Tomas, espero que puedas estar más tiempo con tu familia.

Hasta pronto, se despide “el hombre de 75 años “, cambio y fuera, ¡buen día!”.

Uno pudiera haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó. Creo que nos dio a todos, bastante sobre lo qué pensar.

Yo había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club. En vez de aquello, desperté a mi esposa con un beso, “Vamos querida, te quiero llevar a ti y los chicos a desayunar fuera”.

¿Qué pasa?” preguntó sorprendida.

“Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado junto con los chicos en mucho tiempo. Por cierto, ¿podríamos parar en la tienda de juguetes mientras estamos fuera? Necesito comprar algunas bolitas”…

• Nos acostumbramos a vivir en departamentos y a no tener otra vista que no sean las ventanas de alrededor.

• Y porque no tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera.

• Y porque no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.

• Y porque no abrimos del todo las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.

• Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

• Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.

• A tomar café corriendo porque estamos atrasados, a comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto.

• A salir del trabajo porque ya es la tarde.

• A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.

• Nos acostumbramos a esperar el día entero y oír en el teléfono: “hoy no puedo ir”.

• A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.

• A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.

• Si el cine está lleno, nos sentamos en la primera fila y torcemos un poco el cuello.

• Si la playa está contaminada, sólo mojamos los pies y sudamos el resto del cuerpo.

• Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana.

• Y si el fin de semana no hay mucho que hacer vamos a dormir temprano y quedamos satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida. Que, de poco a poco, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

Alguien dijo…

“La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja”

subestimesNo te subestimes, comparándote con los demás.

Todos somos diferentes y cada uno es especial.

No establezcas tus objetivos de acuerdo con lo que otros consideran importante.

Sólo tú sabes qué es lo mejor para ti.

No des por sentado, aquello más cercano a tu corazón.

Aférrate a eso como a la vida, ya que sin eso la vida carece de sentido.

No dejes que esa vida se te escape de las manos, por vivir en el pasado o por pensar en el futuro.

Si vives tu vida de a un día por vez, vivirás todos y cada uno de los días de tu vida.

No te des por vencido, cuando todavía tienes algo para dar.

Nada está realmente terminado sino hasta el momento en que dejas de intentarlo.

No temas reconocer que no eres perfecto.

Ese es el frágil lazo que nos une a los demás.

No temas enfrentar riesgos.

Es precisamente asumiendo riesgos que aprendemos a ser valientes.

No dejes el amor fuera de tu vida y no digas que es imposible de encontrar.

La forma más eficaz de recibir amor es dar amor;

la forma más rápida de perder el amor es sofocarlo y aferrarse a él;

la mejor manera de conservar el amor es darle alas.

No pierdas tus sueños.

Quedarse sin sueños es quedarse sin esperanzas;

vivir sin esperanzas es vivir sin un propósito en la vida.

No corras por la vida hasta terminar olvidando,

no sólo dónde has estado, sino también adónde vas.

La vida no es una carrera,

sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso.

Vivir MejorPodría pensar que la popularidad es simple: es sólo una cuestión de cuántas personas compiten por tu atención, y es un rasgo que no importa más allá de la escuela secundaria.

Resulta que ambos supuestos son incorrectos, según décadas de investigación.

El Dr. Mitch Prinstein es uno de los principales investigadores sobre la psicología de la popularidad, y enseña un curso sobre el tema en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Business Insider habló con él sobre su curso y su nuevo libro “Popular”, y por qué muchos de nosotros podemos tener conceptos erróneos acerca de la popularidad y su impacto en nuestras vidas.

Quizás el aspecto más fundamental de la psicología de la popularidad es que los investigadores distinguen entre dos tipos:

• Preferencia social (Gustabilidad)
• Reputación social (Estatus)

Debemos esforzarnos por ser más populares, nos dijo Prinstein, pero eso no significa que debas empezar a actuar como el elenco principal de “Mean Girls” o Frank Underwood de “House of Cards”. Significa que debes tratar de ser más gustable a través de un comportamiento genuino, positivo y constructor-de-relaciones.

No hay nada malo con querer subir de estatus, pero se convierte en un problema cuando ese es nuestro único enfoque.

La realidad, le explicó Prinstein a Business Insider, es que mientras que las personas con alto estatus pueden usar tácticas negativas como intimidación y la aserción de poder para subir a la cima (especialmente en los Estados Unidos, donde se valora fuertemente el individualismo) aquellos que priorizan su Gustabilidad están entre las personas más felices y exitosas en la sociedad.

Prinstein dijo que la gustabilidad es “uno de los comodities más valiosos… en todas nuestras relaciones sociales,” y que “debemos invertir en ella tanto como invertimos en cualquier otra cosa que esperamos que nos ayude en nuestras vidas.”

En su curso, Prinstein explica que podemos ver la popularidad a través de la lente de un modelo transaccional.

Cuando nos involucramos en un comportamiento gustable (“estar atentos a las necesidades de los demás, hacer que otros se sientan bienvenidos, ser amables, liderar uniendo”) nuestra preferencia social se elevan, y nos involucramos en interacciones más positivas con los demás, lo que entonces no lleva a una más alta preferencia social, y el ciclo continúa.

Como niños, esto puede ayudarnos a superar las dificultades iniciales de asistir a una nueva escuela, o progresar más allá de la incomodidad social natural que viene con el inicio de la adolescencia. Como adultos, esto puede conducir a la progresión en la carrera e incluso el logro de relaciones románticas estables.

Mientras tanto, un intenso enfoque en el estado nos lleva a participar en comportamientos que pueden llevarnos a atravesar una jerarquía corporativa, pero nos deja sintiéndonos aislados o deprimidos, dijo Prinstein.

Prinstein dijo que quiere que los lectores de su libro reconozcan la diferencia entre los dos tipos de popularidad para que puedan actuar en consecuencia y llevar vidas más satisfactorias.

“Hay muchas, muchas personas que han ganado estatus, pero a lo largo del camino también serán referencia como personas que verdaderamente hacen conexiones con otros e intenta elevar a los demás… que verdaderamente se preocupan por los demás,” dijo Prinstein. “De alguna manera, es la combinación perfecta.”

vida“Cuanto más pronto comiences a planear tu vida, más pronto vivirás la vida que sueñas” – Hans Glint

La calidad de nuestros días determina la calidad de nuestra vida. Es cuestión matemática: el todo no puede ser mayor que la suma de las partes. Si los días son malos, su sumatoria, nuestra vida, no será muy positiva.

Ahora bien, días malos siempre van a haber: son inevitables.

De lo que se trata es de crear unas condiciones que favorezcan la ocurrencia de muchos días buenos, para que así, las malas jornadas sean compensadas con amplitud por la luminosidad de las buenas.

Pero «¿Qué es un buen día?» —me preguntas—. Eso, mi amigo, no lo puedo responder de manera general.

Un buen día debería tener para cada uno, un significado distinto.

Las personas tienen gustos, intereses y circunstancias diferentes. Un buen día para alguien casado, con hijos y amante del arte, será muy diferente del de una persona soltera a la que le gustan los deportes.

En mi caso, un buen día significa progreso. Cuando me voy a la cama satisfecho es cuando he hecho avances en mis más importantes metas. No importa que el progreso sea modesto, lo importante es no detenerse y ni echar para atrás.

Cuidar de mi salud, de mi estado emocional e intelectual, pasar tiempo de calidad con mi familia y trabajar en mis proyectos profesionales, es lo que considero progresar.

Por lo anterior, un buen día es un día arduo. Trabajar en todas esas áreas implica utilizar el tiempo con mucha eficiencia. Queda poco sitio para el despilfarro.

Y al contrario, un día de indulgencia, de ocio embrutecedor e improductivo, es uno malo.

No niego que de cuando en cuando venga bien pasar 24 horas en la más absoluta ociosidad, pero jamás debería ser esto habitual.

Si queremos entonces tener muchas jornadas provechosas, debemos entender primero que estas no ocurren por casualidad; son el resultado de un esfuerzo intencionado, surgen como producto de la planeación.

Planear es un gran hábito, nos obliga a priorizar. Nuestro tiempo es limitado, si queremos avanzar en ciertas áreas necesariamente tendremos que decir no a otras.

El calendario es por lo tanto nuestro amigo. Con su solícita ayuda podemos diseñar días que nos hagan sentir que nuestra vida avanza en la dirección correcta.

Yo acostumbro a realizar una corta sesión de planeación al principio de cada semana, para que las actividades que considero prioritarias cuenten con espacio suficiente dentro de la agenda.

Luego, antes de empezar cada día reviso cuales son las metas de esa jornada. Esto me ayuda a permanecer enfocado en las cosas importantes.

Concentrar nuestra energía en pocas cosas nos permite experimentar progreso, sentir que estamos avanzando hacia un fin que hemos elegido.

Al contrario, tener nuestra atención dispersa en mucho, hace muy difícil percibir cualquier adelanto.

El éxito y una vida satisfactoria no son cosas con las cuales uno tropieza. La probabilidad de triunfar por casualidad es cero.

Así que mejor empezar (si aún no lo haces) a planear tu brillante futuro. Y nada mejor que hacerlo en estas fechas, con doce inmaculados meses a tu disposición.

monjesEn un mundo donde la diversidad y la complejidad nos envuelven, sin duda que al pensar en personajes como el Dalai Lama, se nos viene a la mente la palabra sabiduría.

A través de los siglos, los monjes han enseñado a todas las culturas lecciones de vida para ser mejores personas y hacer del mundo un lugar mejor.

Precisamente, August Turak, un emprendedor estadounidense que vivió con los monjes trapenses en las montañas de Normandía durante 17 años logró entender que muchas de sus lecciones podrían ser aplicadas a la vida y los negocios.

Monjes auto-suficientes

Los trapenses, conocidos formalmente como la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, son una orden católica romana, cuyo origen se remonta a finales del siglo XI. La orden se fundó en la abadía de la Trapa, ubicado en Orne, Baja Normandía (Francia). Ellos siguen las reglas benedictinas, que tienen como parte esencial que todos los monasterios deben ser auto-suficientes.

Por esta razón cultivan, trabajan y venden productos. Entonces, Turak al ver ese trabajo y los resultados del mismo, comprendió que en las organizaciones se estaban cometiendo grandes errores que afectaban todos los procesos.

Consejos milenarios

Precisamente, en su libro titulado “Secretos de los negocios de los monjes trapistas: Un CEO que se aventuró en busca de significado y autenticidad”, recopila muchas de sus enseñanzas que compartimos para ser exitoso en la vida y los negocios:

1. El problema con la vida es que solo puede ser vivida hacia adelante y entendida hacia atrás.

2. El éxito en los negocios para los monjes son los derivados de una vida bien vivida.

3. El buen servicio y el desinterés no solamente producen organizaciones mucho más exitosas, también crean empleados y clientes más felices.

4. Los mejores líderes entienden que entre más se enfoquen en hacer a las otras personas exitosas, más exitosos se volverán.

5. Cada reto que enfrentamos es también una oportunidad para transformarnos, si aprendemos a verlo de la manera correcta.

6. Somos más felices y productivos cuando nuestro sentido del tiempo desaparece y nos olvidamos de nosotros mismos.

7. Apunta siempre más allá del objetivo.

8. Cualquier cosa que queramos de los demás, debemos tener el coraje de ofrecerla primero.

9. Excelencia debe ser en lo que nos convirtamos.

10. La simple y más grande razón por la que muy pocos negocios alcanzan todo su potencial, es por que su misión es muy pequeña.

11. Al final lo que marca la diferencia es lo que dejamos de hacer, no lo que hicimos.

12. Entre más pongamos a los demás primero, más rápido alcanzaremos nuestros objetivos.

13. Buenas personas con buenas intenciones no es suficiente.

14. La excelencia debe ser la norma, no la excepción.

15. La evidencia más clara de que una persona es de confiar, es que cumpla sus promesas.

16. La presión que producen los nuevos retos no solo construye carácter, también lo revela.

17. Si las personas deben estar detrás tuyo para que cumplas tus promesas, ya perdiste toda credibilidad.

18. El éxito autentico, ya sea personal, profesional o organizacional; es usualmente solo el derivado, el indicador, de servir a una misión más grande que nosotros mismos.

19. Los monjes han descubierto un auténtico secreto: Es en nuestro propio interés que podemos olvidar nuestro propio interés.

20. Si en realidad queremos entender qué motiva a las personas, debemos ver en qué gastan su dinero actualmente; no haciendo encuestas ni focus groups.

21. Debemos darle a las personas la oportunidad de satisfacer su deseo de transformación.

22. La tarea de la administración es crear organizaciones superiores obteniendo resultados extraordinarios de personas ordinarias.

23. Probablemente admitiríamos que nos sentimos más satisfechos cuando nos sacrificamos por algo que vale la pena.

24. El servicio y el desinterés se deben volver habituales, automáticos y de segunda naturaleza.

25. Cada problema es realidad una oportunidad.

tener¿Por qué no tenemos el trabajo, las relaciones y el dinero que queremos para disfrutar de nuestras vidas?

¿Qué o quién nos lo impide?

Llevo muchos años haciéndome una y otra vez estas mismas preguntas y he conseguido encontrar la respuesta. Hoy la voy a compartir contigo.

Mi propia vida ha sido mi mejor maestra, y mi divorcio (en 2009) fue el detonante que me llevó a conectar por fin conmigo misma, con mi verdadera esencia.

Mi vida fue un infierno durante muchos años, hasta que decidí cambiar las cosas y vivir a mi manera. Lo dejé todo y empecé desde cero una nueva aventura, en búsqueda de mi camino y de mi propósito en este mundo.

Esa experiencia marcó en mí un antes y un después. Tomé las riendas de mi vida y le di la vuelta como a un calcetín.

Hoy, mirando atrás, me doy cuenta de que, hasta los 36 años, lo único que me ha impedido ser feliz y disfrutar de mi vida, han sido mis propias creencias.

Y en este artículo te voy a contar una de mis experiencias más impactantes y que supuso el principio de mi camino hacia la persona que soy hoy: un ser humano libre, feliz, humilde y abundante.

Hace 7 años, mientras estaba en una conferencia sobre el desarrollo personal, experimenté algo especial y al mismo tiempo algo muy diferente de todo lo que había experimentado hasta ese momento.

Estaba sentada en mi silla, en una sala enorme, con más de 300 personas, y mientras escuchaba la conferencia, estaba pensando en mi vida y en las cosas que quería y que no tenía: una familia feliz, un negocio próspero, dinero en abundancia y una vida plena y auténtica.

Y en ese mismo instante, me di cuenta de que para cada fracaso de mi vida encontraba una explicación muy válida; es decir, me empeñaba en tener razón.

Recuerdo ese momento como si hubiera pasado ayer.

Al final de la presentación, nos invitaron a inscribirnos en un entrenamiento de 3 días que prometía ser muy interesante y que (según el líder que daba la conferencia) cambiaría nuestras vidas.

Yo quería participar, pero al mismo tiempo sentía una resistencia brutal al cambio. De pronto, el líder dijo lo siguiente:

“Si ves algo posible para ti y para tu vida y deseas participar en el curso, pero sientes que algo te detiene, mira lo que te detiene a inscribirte, escucha que te dice —la voz de tu cabeza— y descubrirás lo que te impide que tengas lo que deseas en tu vida.”

Me quede en silencio, en un intento de escuchar mi voz interior, pero no escuché nada. No vi nada.

Estaba en el peor momento de mi vida (en pleno divorcio) y necesitaba desesperadamente “ver” lo que me detenía inscribirme al curso, porque en realidad quería descubrir lo que me frenaba en mi vida, lo que me impedía vivir la vida de mis sueños.

Así que me quedé allí, esperando poder oír la voz de mi cabeza, esa voz que nos habla a todos sin parar, esa voz que nos dice en cada momento lo que podemos hacer o no, según nuestra programación y según nuestras creencias.

Sé que puede sonar extraño, pero en realidad todos hablamos con nosotros mismos, conscientemente o inconscientemente. Mantenemos conversaciones con nosotros mismos de manera permanente. No hablamos en voz alta, pero los pensamientos no cesan nunca.

Esa voz nos indica lo que decimos y lo que podemos hacer, lo que somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Y seguramente te preguntarás, ¿de dónde viene esa voz, de donde vienen esos pensamientos?

Los grandes psicólogos dicen que nuestras opiniones sobre nosotros mismos y sobre la vida no son nuestras, sino que son creencias asumidas desde que somos niños y que hemos escuchado de la gente importante de nuestro entorno.

Por ejemplo, si tu madre o tu profesor te han repetido suficientes veces que no haces bien las cosas, has llegado a creértelo y a decírtelo a ti mismo.

Cuando llegas a la edad adulta, sigues actuando de esa manera, sin ser consciente del condicionamiento de tus pensamientos.

Desafortunadamente no nos damos cuenta de estas cosas que nos limitan la vida.

Pero, una vez que has aceptado que solo son creencias heredadas, se despeja el extraordinario camino que tienes por delante. Por eso, te recomiendo que identifiques las creencias que tienes sobre ti mismo, qué impacto ejercen sobre ti y sobre tu vida y, lo más importante, cómo se pueden cambiar.

¿Cómo podemos identificar esas creencias limitantes?

El objetivo es que reconozcas cuál es tu reacción en ciertas situaciones.

Por ejemplo…

No estás satisfecho con tu trabajo, pero no haces nada para cambiar la situación.

En el momento en el que te das cuenta de ello, puedes analizar esas conversaciones internas que mantienes contigo mismo.

Y tus conversaciones internas (dialogo interno) podrían ser estas:

“No me siento bien en este trabajo y el dinero que gano no es suficientes, así que quiero otro trabajo”.

Sí, pero ¿cómo sé que encontraré uno mejor?

Bueno, podría intentarlo.

Pero tú, ¿en qué mundo vives? Estamos en crisis económica. Además, ¿tú no te acuerdas de lo difícil que fue conseguir este trabajo?

¿Quieres pasar de nuevo por esa situación?

¿Quién sabe si serás capaz de enfrentarte a los nuevos retos?

¿Y si no eres capaz de manejar la situación?, ¿y si te despiden?

¿Qué harás? Te quedarás sin trabajo y sin ingresos. No te puedes permitir arriesgarte. Mejor quédate donde estás”.

Y de este modo, renuncias a la idea de encontrar un mejor trabajo.

Esta es la voz interior o tú dialogo interno.

¿Te resulta familiar?

Pues este no es ni siquiera un diálogo muy destructivo. Puede ser mucho peor.

Después de explorar cuál es tu mecanismo para tomar decisiones (o, mejor dicho, para no hacer nada) y no cambiar nada en tu vida, te puedes hacer una idea de lo que te dices a ti mismo y de cómo te auto-saboteas.

En ese momento, para y recuerda quién te dijo esas cosas sobre ti (padres, abuelos, profesores, compañeros) y de dónde proceden.

Cuando tomes conciencia de que es solo una opinión de alguien, podrás liberarte de ella.

A continuación, vamos a ver cuál es el impacto que tienen esas creencias limitantes sobre ti.

Imagínate que tienes a tu lado a una “persona” (creencias limitantes) muy negativa, que constantemente crea escenarios críticos y negativos.

Y esa persona está contigo por todas partes, en tu casa, en tu trabajo, de vacaciones, cuando comes, cuando te duchas, etc.

Todo lo que hace es limitarse a repetirte constantemente, cada vez que quieres hacer algo, por qué no podrás conseguirlo.

Incluso por la noche, cuando intentas dormir, te recuerda lo que no has hecho bien durante el día, y además te convence de que no vale la pena que te esfuerces, porque vas a fracasar y nunca llegarás a cumplir tus sueños. ¡Que es imposible!

Puede sonar exagerado, pero por desgracia no lo es. La mayoría de nosotros tenemos una voz interior muy crítica.

Y con el tiempo, esa voz interior será cada vez más fuerte y nos quitará toda la energía, la fuerza y la alegría de vivir.

La buena noticia es que ¡podemos liberarnos de ella!

Para ello, el primer paso es identificar y reconocer lo que nos dice esa voz interior. Pero no es tarea fácil, porque desde pequeños nos han enseñado a identificarnos con esa voz, con esas creencias y a creer todo lo que nos dice.

Sin embargo, en el momento en el que identificamos esa voz y reconocemos que solo es una creencia heredada, recuperamos el poder y la claridad parar emprender un verdadero cambio en nuestras vidas.

Liberarte de tus creencias limitantes, de esa voz interior tan crítica, es lo más importante que puedes hacer para mejorar tu bienestar, iniciar una vida abundante y generosa, asumir la responsabilidad de tu vida y cumplir tus sueños más profundos.

Así que dejar de culpar a otros, o al destino, o a la vida misma, y empieza a identificar lo que te limita cada vez que te frenas cuando visualizas una meta en tu mente. No es un camino fácil, lo sé por propia experiencia, pero será el principio de un camino lleno de oportunidades y de resultados asombrosos.

¿Cuáles son las creencias limitantes que te impiden avanzar y vivir una vida plena y feliz? Te espero en los comentarios.

 

 

 

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