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- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Cuatro pasos para salvar un día perdido

Por Rich Bellis | Publicado en Interés General | 5 de Enero, 2017

Vivir MejorTal vez sea un simulacro de incendio, o un desastre de plomería, o la música de espera de un servicio al cliente.

En cualquier caso, algo de seriedad te distrajo de lo que realmente tenías que hacer hoy. Te saco la concentración y no pudiste terminar nada.

Ahora son las 5 p.m., está muy atrasado, y estás empezando a entrar en pánico por lo terrorífico que se perfila a ser tu mañana.

¿Ahora que?

En primer lugar, deja un rato tu computadora. Mejor aún, sal de tu oficina por completo. Y entonces haz esto.

1. Programa un temporizador

Como experto en administración de tiempo, Allyson Lewis le dice a Fast Company, es esencial encontrar un lugar tranquilo, lejos del lugar donde tu jornada laboral se prendió en llamas. Lleva lápiz y papel, y agarra ese reloj de arena o tu smartphone.

“Entonces,” Lewis aconseja, “prográmalo en siete minutos.”

“La gente no tiene tiempo para crear este plan maestro,” explica. Cuanto más tiempo dediques a tratar de resucitar a las ambiciones del día anterior, más tiempo estarás encerrado en un estado de agitación y tormento. Y eso no es productivo.

Antes de poder hacer cualquier otra cosa, Lewis dice, tienes que abandonar toda esperanza de que alguna gran estrategia te devuelva al camino. Eso simplemente no sucederá, por lo que tienes que fijar algunos parámetros que te obliguen a pensar de forma más estrecha.

2. Fija cinco metas cortas…

En esos siete minutos, piensa en cinco cosas que puedas lograr al día siguiente, dentro de 2 a 20 minutos cada uno. Según Lewis, “ese es el ancho de banda atencional” el máximo tiempo que le podemos dedicar a una tarea determinada de forma continua.

Lo más probable es que siguas gastando algunos de esos siete minutos pensando en tareas que no cumplan con ese criterio, y eso está bien. Parte del ejercicio es buscar esas más pequeñas y alcanzables metas, lo que Lewis llama “micro-acciones.”

“Estas cosas tienen que ser muy cortas, [y] tienen que ser completadas por ti (sin tener que estar confiando en nadie más) dentro de esa ventana de 20 minutos,” dice ella. Además, “tienen que ser lo suficientemente importantes como para que te acerquen a tu meta, [y] tienes que tener todos los recursos para llevarlos a cabo” de forma inmediata.

Si tienes que hacer llamadas telefónicas, conseguir aprobaciones, o fijar una reunión antes de poder comenzar una micro-acción, no es una micro-acción; es un proyecto, y ese no es el punto.

“Terminar este artículo es un proyecto,” me dice. “Hablar conmigo es una micro-acción.”

3. …Y hacerlas

A la mañana siguiente, resiste la tentación de asomarte al abismo de tu bandeja de entrada. En vez de eso, bucea en tu lista de cinco ítems. La ventaja clave aquí, Lewis dice, es que casi te has garantizado progresos en un día en el que realmente importan.

Si lo sigues bien, este modelo “cinco antes de las once” te asegurará que conseguirás terminar cinco tareas en 100 minutos, o alrededor de las 11 de la mañana. Pero, Lewis dice, “Incluso si sólo completas una cosa después de ese terrible día, tu cerebro segregará dopamina y adrenalina en tu torrente sanguíneo.” Y eso es sin duda lo más importante, ya que te dará el empuje cognitivo que necesitas para poder recuperarte.

Según Lewis, no es la experiencia de lograr algo lo que crea ese impulso neuro-químico. Es la anticipación de hacerlo: “En el momento en el que taches uno [ítem], no sólo experimentarás esa euforia… recibirás un golpe de dopamina anticipado por la siguiente cosa que estés por hacer.” Lo que ayer fue retroceso ahora es impulso.

4. Sigue haciendo esas micro-acciones

“Gran parte de nuestro tiempo está escrito,” dice Lewis. “Y entonces, de repente, cuando ese escrito se empala y estás en un caldero hirviente de actividades y quemado en cada lugar,” continúa vívidamente, “eso es algo muy difícil.”

Pero con el tiempo, puede llegar a ser menos difícil. Gracias a una propiedad llamada “neuro-plasticidad,” nuestro cerebro puede adaptarse. Antiguos caminos neuronales pueden caer fuera de uso mientras creamos unos nuevos.

Por lo general, cuando se produce una emergencia, el sistema nervioso se pone en marcha. “No sólo decimos, ‘Oh, esto va a ser un pequeño problema’,” dice Lewis. Más bien, “se te bombeará cortisol y adrenalina, [y] eso es agotador.” Con el tiempo, la respuesta al estrés se convertirá en una reacción arraigada: “Cada vez que lo experimentes, esos modelos cognitivos se fortalecerán, y tu cerebro no podrá hacer otra cosa que sentir eso.”

Pero al cambiar nuestro final del día y definir cinco micro-acciones para completar la mañana siguiente, Lewis dice, podemos eliminar esa agotadora reacción, o al menos empezar a aprender una nueva que haga mejor uso de nuestro sistema nervioso, el “modelo cognitivo” más lógico con el que estamos construidos.

Al recompensar a nuestros cerebros con un golpe de neuroquímicos placenteros cada vez que logremos una micro-acción, más probable es que podamos convertir esos siete minutos de sesión planificadora en un hábito diario. Eso no sólo puede aumentar nuestra productividad en los días ordinarios, también, según Lewis, puede darnos la capacidad de recuperación que necesitamos tan desesperadamente para poder salvar uno de los perdidos.

Irónicamente, quizás el mejor antídoto para todo el estrés de no conseguir nada es conseguir hacer algo. “La energía”, Lewis añade, “se crea y motiva cuando haces algo.”

Publicado originalmente en TrucosParaVivirMejor.com

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