Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
Bienvenido al éxito y al futuro. Ambos comienzan hoy.
- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Cuando estás a punto de ser feliz

Por Merce Roura | Publicado en Desarrollo Personal | 8 de diciembre, 2018

infeliz

Esperamos que el olvido nos calme y si no nos calmamos nosotros, no llegará nunca… En su lugar, los recuerdos más bárbaros y salvajes, se construirán un refugio en nuestra memoria y cada vez que estemos a punto de ser felices nos asaltarán por la espalda…

¿Te pasa alguna vez? ¿Estás riendo o vibrando y de repente esa vocecilla cruel te recuerda que en tres meses se te acaba el contrato? ¿Estás pensando que mañana presentas un proyecto extraordinario y te viene a la mente esa ocasión hace años cuando hiciste el ridículo?

O tal vez, cuando vuelves a casa tranquilo, pensado en pasar un rato en calma, en buena compañía y en tu teléfono entra un mensaje que te recuerda lo mucho que todavía te queda para lograr tus sueños o las mil obligaciones que tienes mañana y la voz te dice que te estabas relajando demasiado…

Esa voz entrometida y maleducada que se ríe de tus primeros pasos en todo, que siempre te cuenta que llegarás tarde, que no estás preparado, que no sabrás cómo y que todos van a mirarte, que te quedarás solo, que no eres suficiente guapa, delgado, inteligente, divertido…

Esa voz que se entrena mientras duermes para que lo primero que pienses al despertar sea lo cansado que estás y lo injusta que es la vida… Que pone barro y charcos en el camino para que te ensucies esos zapatos rojos que adoras y te repite incansablemente que es mejor no atreverse porque nunca lo vas a conseguir. Es una voz socarrona y tenaz que nunca para y siempre te susurra palabras tristes, palabras de desaliento y te recuerda todas tus más terribles pesadillas…

A veces, parece que se queda en silencio, que se ha saciado a primera hora cuando se ha ocupado de hacer que te des mucha cuenta de que tu pantalón está arrugado y tu pelo despeinado y te ha insistido en que no hables de ese tema en la reunión porque no estarás a la altura… Es una voz que parece que no quiere que descases ni dejes de exigirte demasiado, que no quiere que nunca bajes la guardia y creas que tienes posibilidades, que no te deja soltar la carga ni dedicarte a nada que no produzca ni genere un beneficio…

Es la misma voz que cuando eras niño te taladraba en los oídos antes de cada carrera y la que te pide a veces que te vengues, que viertas tu rabia y dolor en otros, que te encierres en ti y no pidas ayuda para no parecer vulnerable, que no resignes, que siempre pidas y no des, que pises, que empujes, que aguantes humillaciones y bajes la cabeza porque no mereces…

Es una voz que no tiene equilibrio, que hoy te pide que seas esclavo de deseos ajenos y mañana te dice que eres una especie de tirano déspota y sin una pizca de compasión. Que hoy magnifica tus errores y mañana sólo te deja ver los errores ajenos. Que te ha convencido de que nadie va a quererte y no soporta que tú mismo te quieras y transforma tu amor en orgullo y en miedo.

Siempre pasa, cuando estás a punto de ser feliz, de sentirte pleno, relajado, de pensar que todo irá bien, que no hay que preocuparse, que puedes aflojar y disfrutar… Esa voz te agarra de los pies e intenta detenerte, te susurra al oído, te toma el hombro y pone la mano en tu espalda… Aunque en el fondo, eres tú que tienes tanto miedo a soltar y fluir que te frenas, te callas, te pones barreras, que te impides ser tú porque te asusta tu verdadero potencial y te encierras en esa prisión interior donde las paredes están llenas de mensajes de desesperanza.

Mi voz dice que me pare, que no siga, que para lo que yo soy ya he conseguido mucho… Que si sigo adelante queriendo más e intentando conquistar más sueños, voy a tener que pagar un precio, que tiento a la suerte porque “yo no soy de esas personas a las que les suceden las cosas que yo quiero que me sucedan” y que “ya basta de tanto creer que todo saldrá bien porque esto no va a durar siempre”. Dice que tengo que sufrir mucho por todo y que la vida siempre será complicada y que hay cosas que están vetadas para mí… Dice que ya basta de fantasías y me recuerda que si no paro me dolerá la cabeza, la espalda y mil penalidades y atrocidades van a llegar a mi vida…

Y me he dado cuenta de que hasta que me siga asustando lo que dice esa voz ella lo seguirá diciendo porque la que le da de comer para que no calle soy yo… Ella sólo me cuenta los cuentos que yo no me atrevo a contarme y desmentir…

Ella sólo hurga en mí y encuentra las puertas de mi alma que no abro y las habitaciones de mi consciencia que no visito y saca los tratos viejos y los fantasmas a pasear… Y mientras yo no haga limpieza y saque las penas y revise mis pensamientos, esa voz que tintinea mis oídos cansados seguirá sin fin… Porque todo aquello de lo que huyes se acaba construyendo una casa en tu alma y escribiendo las páginas de tu vida… Lo que te callas de ti decide tu futuro… Lo que haces que ocupe tu mente, ocupa tu vida… 

Y la voz que tanto detestas te está avisando de que te queda basura por tirar y miedos por enfrentar. Que pasas más tiempo evitando que existiendo y notando la vida… Que se te escapan las oportunidades mientras piensas y esperas el momento perfecto. Que deberías preguntarte por qué te habla como te habla y te dice lo que te dice y revisar en tus entrañas qué historias llevas dentro por terminar, qué cuentos te contaron y qué te has creído que es la vida… Que deberías cuestionarte qué mentiras te crees y qué verdades te asustan, qué miedos escondes bajo la cama, cuántas vidas anhelas y no vives…

Cuántos tú distintos hay en ti pugnando por salir a través de tu piel y qué esperas de tu día… La voz que tanto te duele sólo puede arañarte si sigues creyendo que puede, si todavía piensas que no eres quién realmente te habita, si cuando te miras no te ves porque sabes que un extraño que lleva una máscara ocupa tu lugar en el mundo… Es una voz que está ahí para que a veces te hartes tanto de oírla y hagas todo lo contrario a lo que dice, para que sepas lo que te queda por comprender y perdonar.

La voz sólo te rompe si dejas que te rompa, porque crees sus milongas y todavía no has sido capaz de volver a ti y decidir que no hay nada más importante que estar aquí ahora y vivir… Porque todavía estás ausente imaginando un futuro improbable y llorando un pasado que no quieres borrar.

Lo que ocultas se hace grande y sale del escondite… Lo que no quieres escuchar acaba siendo un grito… Lo que no quieres saber, se escribe por todas la paredes que rodean tu vida… Lo que deseas abrazar, se hace tan espeso que te abraza, te oprime, te encoge… 

Sal al encuentro de lo que te persigue. Busca ese lugar al que no quieres nunca ir porque sabes que en él hay una cuenta pendiente, una mala cara que aguarda tu cara… Escucha esa canción que te recuerda que todavía no eres libre mientras no te aceptes por entero, mientras no ames tus sombras, mientras no perdones tus errores y asumas tus maravillosas imperfecciones…

Salda cuentas contigo y comprende que siempre fuiste tu mejor versión incluso cuando eras tu versión más asustada. Ama tu recuerdo más amargo y la lección que trae consigo y se desvanecerá en un instante… Visita tu noche más oscura y ya nunca perderás de vista tu propia luz.

Mi voz dice que me calle que ya he dicho muchas sandeces por hoy que no le interesarán a nadie, porque en realidad, nadie me escucha… Y yo le doy las gracias por sus palabras porque me ayudan a despertar y saber que cada vez habla más flojo y lo que dice me recuerda que hoy todavía no me he dicho que tengo mucho que aportar…

Porque sé que ya no me importa, porque escribo para mí, para alguien que necesita escuchar que todos somos perseguidos por una voz machacona que se cuela en nuestros pensamientos… Para una persona cansada que ahora oye sus palabras y está a punto de caer en la tentación y creer que son ciertas… Porque escribo para mi voz también, para que sepa que ya nunca más me va a doler lo que dice. Porque yo ya estoy a punto de ser feliz y no me asusta lo que voy a encontrar al otro lado de mí…

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