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Costos de no estar financieramente educados

Por Gloria Ayala Person | Publicado en Educación Financiera | 4 de diciembre, 2017

finanzasEn la denominada Semana de la Educación Financiera, quienes de alguna u otra forma tienen relación con la intermediación del dinero se esforzaron por comunicar conceptos e información al público.

En mi rol de facilitadora de educación financiera considero que, además de admitir que aún demasiadas personas se encuentran excluidas del sistema financiero, también se debe fijar la mirada en la realidad de familias de clase media, trabajadores, profesionales universitarios e incluso empresarios que aún no son usuarios activos de la gran mayoría de herramientas financieras y bursátiles, no por falta de invitación sino principalmente por desconocimiento.

Algunos conceptos se conocen más por práctica que por manejo académico, así se utilizan cuentas corrientes, cajas de ahorro, tarjetas de débito o de crédito, préstamos, ahorros y, en una menor medida, las inversiones tradicionales.

Sin embargo, la mayoría de los usuarios desconocen cómo leer apropiadamente un extracto de tarjeta de crédito, cómo calcular una cuota partiendo de la tasa de interés (o viceversa), en qué se diferencia un depósito a plazo en un banco o financiera al realizado en una cooperativa, cuántas clases de acciones existen, qué son los bonos o qué dimensiones se deben analizar antes de realizar una inversión, solo por citar algunos ejemplos.

Entonces, si ampliamos más el lente por el cual observamos, podríamos encontrarnos con que numerosas familias que creen ser de clase media, que incluso están catalogadas como tales por la suma de sus ingresos mensuales, que viven con comodidades y que disfrutan de servicios privados de educación, vivienda y salud, en realidad permanecen atrapadas en una constante de trabajar arduamente para ganar dinero solo para que alcance hasta fin de mes, sin capacidad de ahorro y menos aún de inversión.

Quienes viven en una cárcel de oro sufren de una falsa ilusión de prosperidad pues, para adquirir los bienes y servicios que utilizan, hipotecan su presente productivo que tendrán que pagar en un futuro improductivo, a costa de no contar con los recursos mínimos que le garanticen la sustentabilidad de su calidad de vida.

Con este cristal, queda bajo la lupa de falta de educación financiera de la gran mayoría de la población, incluyendo a quienes vacacionan en playas extranjeras, manejan autos del año y envían a sus hijos a colegios con cuotas superiores al salario mínimo. No lo señalo como negativo, sino por el contrario, como preocupante.

Muchas veces, por desconocimiento se toman decisiones financieras erróneas, pues quienes no logran ahorrar tampoco se plantean invertir, al no invertir no generan rentabilidades y tampoco reinvierten; por ello, cuando dejan de trabajar se quedarán sin ingresos activos y tampoco dispondrán de ingresos pasivos.

Quienes se encuentren en esa situación no tienen la libertad financiera que les permita mantener la calidad de vida a la cual están acostumbrados y que hoy dan por sentado. Este riesgo es importante y lo más probable es que ni siquiera sean conscientes de ello. Para mí, este es el mayor costo y peligro de no estar financieramente educados. Sigamos hablando de dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

Fuente: ultimahora

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