Ser libre y ser rico es posible y está, como nunca, al alcance de nuestra mano.
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- Robert T. Kiyosaki "Lo mejor de padre rico"

Cómo superé mis temores y me convertí en una verdadera emprendedora

Por Sallie Krawcheck | Publicado en Historias | 12 de julio, 2016

Super Exitosos¿Alguna vez tuviste uno de esos momentos: ¡¡¡Aja!!!? ¿Una idea que, mirando atrás, parece dividir las cosas entre “antes” y “después”?

Yo tuve algunos. Este en particular me llegó no hace mucho tiempo, mientras me estaba aplicando el rimel: La crisis de las pensiones es la crisis de las mujeres, no sólo por la infame brecha entre salarios, sino también por la no-tan-discutida brecha entre el género de las inversiones.

Esa era la idea al fundar Ellevest, una plataforma de inversión digital (próxima a salir) enfocada en las mujeres, la cual financié y funde, y la idea fue la parte fácil. Mucho más difícil fue convertir esa idea en un negocio.

Como escribí recientemente (inglés), el espíritu emprendedor no es parte de mis habilidades profesionales, al menos no hasta hace poco. ¿Empezar algo desde cero; contratar a la primera persona, comprar la primera computadora, establecer la estructura legal, buscar espacios para oficinas? No es mi experiencia, y no es de mi interés. Y eso sin mencionar el temor a fracasar. Al principio, pensé: ¿Quién necesita todo eso?

Pues resulta que (dado el tamaño del asunto, mis antecedentes, y lo mucho que amo los nuevos desafíos) la respuesta era: YO. Yo necesito hacer esto.

Aún así, quería reducir el riesgo lo mejor que pudiera, particularmente porque requería hacer un cambio de carrera tan significativo. Entonces, ¿cómo logré la confianza para hacerlo, y “des-riesguizar” el emprendimiento tanto como fuera posible? Hice una serie de cosas.

Probar la idea primero

Mi primer paso fue pasar tiempo con emprendedores para poder “probar” la idea. Tuve la suerte de haber tenido un gran número de líderes de negocios en mi red profesional para consultar, personas con las que me conecté con el paso de los años, y unos cuantos de los que fui mentora. Así que intercambié sillas y hablé con ellos sobre lo que estaban haciendo, además de todos los aspectos imaginables sobre la construcción y la financiación de una empresa: ¿Cómo pasaban su tiempo, qué obstáculos tuvieron que superar, las sorpresas en sus viajes, cómo manejaban la presión del día a día?

Estas conversaciones resultaron ser cruciales. Después de un tiempo, la idea de dar el paso comenzó a parecer menos abstracta y más fácil de lograr. Decidí que podía verme haciéndolo de verdad.

Pero tenía que ser muy honesta conmigo misma: ¿Cómo me sentiría al perder el ritmo de trabajo de las grandes compañías como asistente ejecutiva, con un ritual establecido de reuniones de negocios y revisiones, y un salario? ¿Qué hay de las pequeñas ventajas como que las personas en un cocktail reconozcan al instante el nombre de la empresa donde trabajaba? (O la mejor pequeña ventaja de todas: Las galletas recién horneadas que la oficina servía a las 3 p.m. OK, pude renunciar a esa.)

Algunas de estas características de una cultura corporativa pueden parecer pequeñas, pero si pasaste un largo tiempo trabajando en grandes organizaciones, puedes no extrañarlas hasta que ya se hayan ido. Si estás considerando iniciar tu propio camino, tienes que enfrentar todos los cambios que te esperan, desde el primer momento. Tiene que decidir qué es realmente importante para ti.

Habla (y habla y habla) con personas que piensen diferente

Mi siguiente (enormemente importante) paso fue encontrar un co-fundador con habilidades muy distintas a las mías, y con mucha disposición para los negocios. Lo encontré en Charlie Kroll, quien ha sido un emprendedor desde su época en la universidad. Si yo soy más “aleta”, él es más “tecnología”. Los dos nos enfocamos en partes profundamente diferentes del producto, y el equilibrio natural hace que sea más fácil repartir las tareas claves. Charlie puso nuestros procesos en su lugar y mantiene a todos unidos. Negocia los contratos, y mantienen al equipo sin parpadear en dirección a nuestros compromisos y plazos de presentación.

Poco después de asociarnos, nos dispusimos a construir un equipo más diverso que cualquiera en los que haya trabajado antes; diversas habilidades, edades, géneros, experiencias y disposición.

Y la diversidad no es algo en lo que pensamos seriamente por el mero hecho de que Ellevest sea una empresa enfocada en las mujeres. Puede que sea más relajante trabajar con personas como tú, pero el mundo emprendedor es sobre la búsqueda de nuevos enfoques sobre los problemas, y la incomodidad puede ser parte importante de ese proceso.

Para disminuir el riesgo de la iniciativa, nos comprometidos con nuestros potenciales clientes en el tema de invertir casi constantemente. Hablamos y hablamos… y hablamos con mujeres para poder entender realmente su perspectiva.

Y probamos, y probamos… y probamos nuestras potenciales soluciones desde el principio, antes de escribir ningún código. Como resultado aprendí que algunas de mis más grandes hipótesis parecen ir por el buen camino; algunas de mis hipótesis igualmente importantes demostraron estar totalmente equivocadas. Pero no hay manera de saberlo si no sales y empiezas a hablar con la gente.

(Una nota al margen: Este proceso de prueba es completamente nuevo para mí. Me gusta bromear con que cuando construimos nuevas plataformas en las grandes empresas, nosotros 1) hicimos una investigación inicial; 2) gastamos $500 millones de dólares en construir la tecnología; 3) la lanzamos; 4) pasamos seis meses disculpándonos; y entonces, 5) gastamos otros $200 millones en arreglarlo.)

El fracaso no es una opción, pero es una posibilidad

Muchos emprendedores no reconocen el riesgo de traer a los inversores equivocados; hasta que es demasiado tarde. Hicimos máxima prioridad el buscar a los correctos. Fue importante para mí que nuestro principal inversor (Morningstar) tuviera un historial de construir negocios con la vista puesta en el largo plazo. Y también fue importante para mí que todos nuestros inversores se preocuparán por la cuestión más amplia y el problema que estabamos tratando de resolver con Ellevest.

Aún así, también podíamos fallar.

Siempre que inicies un nuevo negocio, el gran número de variables a mano hace del fracaso una posibilidad constante. Pero he descubierto que tomar estos pasos me ha ayudado a contener el riesgo lo mejor que pudimos.

En última instancia, la razón por la que fui capaz de superar mi reticencia a convertirme en una emprendedora fue porque seguía recordando el problema e indagando sobre él; hablando de él en las cenas (de verdad, no querrías sentarte a mi lado en una cena), tomando notas sobre ello, y preguntándole a las demás mujeres sobre el tema.

Ya no soy una poco-entusiasta emprendedora porque ahora estoy más segura que nunca de que tenía que tomar este camino para resolver este problema tan importante. Puede que tome un tiempo poder establecerlo con certeza, pero es la base para todo lo que sigue. Si no soy yo y mi equipo, finalmente decidí, ¿entonces quién?

Publicado originalmente en blog.reibox.com

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