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3 historias sobre el liderazgo de Henry Ford

Por Pilar Torrijos Gijón | Publicado en Historias | 26 de noviembre, 2015

Henry FordLos que seguís este blog sabéis que habitualmente recurro a citas de personajes famosos para ilustrar los temas sobre los que escribo. De entre todos esos personajes, hay uno que es una verdadera fuente de frases específicas sobre liderazgo y gestión. Henry Ford (1863-1947). Fundador de la Ford Motor Company.

Investigando un poco y leyendo más sobre la vida de este empresario norteamericano, me he encontrado con un personaje que tuvo una visión de futuro increíble.

Si bien tiene un lado oscuro (se le atribuyen ofensivas declaraciones antisemitas y una moralidad rígida llegando incluso a fiscalizar la vida personal de sus trabajadores), aquí vamos a centrarnos en los aspectos y en las anécdotas más interesantes desde el punto de vista del liderazgo.

Para entender hasta qué punto el modelo T de Ford contribuyó a modernizar la sociedad vamos a situarnos aproximadamente en 1907. Por aquel entonces los automóviles solo eran accesibles a unos pocos ricos. Tenían un coste prohibitivo y se elaboraban de manera casi artesanal.

En ese escenario, Henry Ford consiguió fabricar automóviles a gran escala, totalmente asequibles y al alcance de las clases medias. 

¿Quieres saber cómo lo consiguió?

La cara y la cruz del éxito.

Dividió el trabajo en una línea de montaje con 84 pasos distintos y a cada trabajador se le entrenó para hacer precisamente uno de esos pasos. Es decir, preparó a cada trabajador en hacer una cosa muy bien en lugar de trabajar en una serie de tareas. De manera que el trabajador permanecía en un solo lugar y realizaba la misma tarea repetidamente a los vehículos que pasaban.

Introducir la línea de montaje para producir en masa resultó ser muy eficiente: el precio del modelo T bajó de 850€ iniciales a 290€ y se vendieron un millón de automóviles en 1915.

¿Dirías que es un éxito?

De puertas afuera, sí. Pero de puertas adentro éste sistema de trabajo tuvo un gran coste laboral. Los trabajadores empezaron a abandonar la empresa. Desertaban a la competencia. Motivos: la ingrata monotonía del trabajo repetido unido al incremento de la productividad que se exigía a cada trabajador.

¿Qué hizo Henry Ford para reducir una rotación laboral mensual que oscilaba entre el 40-60% en aquel momento?

Introdujo una serie de medidas que no solo cambiaron el sector para siempre, sino que le permitió atraer y retener a los mejores profesionales estabilizando así su fuerza de trabajo.

 Duplicó el salario diario, pasando de 2.50$ a 5$ diarios (prácticamente el doble de los salarios que ofrecían otros fabricantes).

 Redujo la jornada laboral de 9 a 8 horas.

 Introdujo un turno más de trabajo, aumentando a tres turnos en lugar de dos.

Abrió la puerta a nuevos puestos de trabajo y a perfiles excluidos en el sector como afroamericanos, mujeres y personas con discapacidad.

Con respecto a estos últimos, contrató a un grupo de unos veinte hombres discapacitados –encamados– para hacer el trabajo manual de enroscar tuercas en tornillos. Más tarde se comprobó que las personas que se mantuvieron ocupadas haciendo este trabajo se recuperaron más rápidamente y superaron en productividad al personal que hacía esa misma labor en la fábrica.

3 anécdotas de henry ford para reflexionar.

Cuando sientas que todo se pone en tu contra, recuerda que un avión despega contra el viento, no a favor.

Durante la Primera guerra mundial, un periódico publicó ciertos editoriales en los que se decía que Henry Ford era «un pacifista ignorante».

Ford los demandó por injurias.

En el juicio, los abogados del periódico trataron de demostrar que si bien tenía una preparación muy especializada en su sector, en realidad carecía de conocimientos generales.

Y para demostrar que era un ignorante le hicieron una serie de preguntas del tipo: ¿Quién fue Benedict Arnold? o ¿Cuántos soldados británicos se enviaron a América para sofocar la rebelión de 1776?

En respuesta a la última pregunta, Ford respondió: «No sé el número exacto de soldados británicos enviados a América, pero he oído decir que era un número considerablemente mayor del que regresó.»

Pasaba el tiempo y Ford terminó cansándose del tipo de preguntas. Tras una particularmente ofensiva, respondió al abogado:

«Si realmente quisiera contestar a la pregunta tonta que me acaba de realizar, o a cualquiera de las otras preguntas que me han estado haciendo, permítame recordarle que tengo sobre mi escritorio una hilera de botones. Y pulsando sobre cualquiera de ellos puedo citar a hombres de mi confianza para que respondan a cualquier pregunta que desee hacerles sobre el negocio al que dedico mis esfuerzos. Entonces, ¿sería tan amable de decirme por qué debo saturar mi mente con conocimientos generales para responder a sus preguntas, cuando tengo personas a mi alrededor que me pueden proporcionar en cualquier momento el conocimiento que necesito?»

No encuentres la falta, encuentra el remedio.

Henry Ford y su equipo estudiaban a fondo cada coche de la competencia que salía al mercado. Querían descubrir si alguno tenía características o prestaciones interesantes que incorporar a los modelos de Ford. De manera que lo compraban, lo probaban en carretera y desmontaban para ver cómo y de qué estaba hecho. De esta manera, Ford se hizo con unos cuantos automóviles para uso personal, y la prensa empezó a acusarle de no hacer uso de la marca Ford.

En cierta ocasión, pasando por Nueva York y conduciendo un vehículo de otra marca, los reporteros le se acercaron a preguntarle por qué no iba en un Ford. Su respuesta fue:

«Bueno, verá… en realidad es que estoy de vacaciones. Y como voy sin prisa, esa es la razón por la que no me importa mucho la hora en la que voy a llegar a casa. Ese es el motivo por el que no voy en el Ford.»

 Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen.

Henry Ford contrató a un experto en eficiencia para que echara un vistazo por la fábrica y descubriera qué empleados no eran productivos.

El experto hizo un recorrido y finalmente regresó a la oficina de Henry Ford con su informe. «He encontrado una persona improductiva. Cada vez que paso cerca de él, lo veo sentado sin hacer nada. Creo que usted debería considerar deshacerse de él.»

Cuando Henry Ford oyó el nombre al que se refería el experto, negó con la cabeza y dijo: «Imposible. A ese hombre le pago para pensar y eso es precisamente lo que está haciendo.»

Si has llegado hasta aquí podrás hacerte una idea de la personalidad de Henry Ford y su modelo de gestión. Un ejemplo de perseverancia y creatividad.

Fuente: elblogdelmandointermedio

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