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3 claves sobre el arte de construir el futuro (o desaparecer)

Por Virginio Gallardo | Publicado en Negocios | 7 de junio, 2016

futuroEs difícil escuchar la voz del futuro, pero hay cosas que ya sabemos sobre él. Se caracterizará por la rapidez, la flexibilidad y lo efímero, por la brutal velocidad que imprimirá a nuestras vidas y a nuestro entorno organizativo.

Por ello te propongo que pienses en tres comportamientos organizativos: la innovación proactiva, la gestión del cambio y transformación continua. El éxito y el dolor del fracaso dependerá de estos comportamientos que permiten construir el futuro -sobrevivir- o desaparecer.

Clave 1: Innovación proactiva

En el reciente artículo de Braden Kelley Managing Innovation is about Managing Change, del BussinesWeek, nos recordaba este famoso bloguero lo evidente: hablar sobre Innovación es hablar sobre cambio y hablar sobre cambio es hablar de futuro.

Por poco que escuchemos la voz del futuro, sabemos que estará caracterizado por el rápido cambio de clientes, tecnología, proveedores, competencia etc. Y que por tanto la innovación no será una opción, será una obligación si queremos estar en sinergia con lo que nos rodea. Por lo que nuestras organizaciones serán cada vez menos estables y nuestro entorno organizativo más caótico e impredecible, al igual que nuestra vida profesional.

Y esto afectará a todas las áreas organizativas, a muchos tipos de innovación; de producto, de procesos, de gestión o estratégicos, ya que la innovación “hacer que una idea se convierta en algo con valor para la organización” será una necesidad en todas las áreas.

Parece evidente que tanto la pequeña innovación (incremental) como la más disruptiva será nuestra acompañante a lo largo de nuestras vidas. Y sabemos que esto estará provocado porque las empresas habrán entendido que deben intentar huir de la innovación reactiva (reaccionar cómo una consecuencia de la competencia) y deben ser proactivas. No deben intentar descubrir el futuro en el camino de otros para seguirlo, deben crearlo.

La primera clave del éxito (o de la supervivencia) es que sólo aquellos que sean más proactivos (y no se equivoquen demasiado) serán quienes tengan ventajas competitivas, los seguidores rápidos sobrevivirán y los seguidores lentos no serán, dejarán de ser seguidores, dejarán de ser.

 Clave 2: Gestión del cambio

Para crear el futuro, para ser los primeros en hacer lo que nadie hace, la principal dificultad es conseguir la creatividad de las personas de la empresa, pero sobretodo su capacidad de poner en marcha las excelentes ideas con las cuáles sorprender al mercado o mejorar nuestra eficiencia. Este será el recurso básico.

El problema de la innovación no suele ser tanto de las ideas como de acción. Lo que caracteriza a la innovación es la complejidad de implantación de las ideas o “proyectos organizativos.” Especialmente cuando la complejidad exige que haya cambios en los comportamientos o valores de otras personas, en estos casos es probable que “la idea” esté amenazada.

Todos sabemos que como directivos o colaboradores podemos estar convencidos que son necesarios ciertos cambios en nuestra empresa o en la forma de funcionar de los directivos o de los operarios… pero es muy probable que tu experiencia te haya enseñado la enorme distancia que existe entre el “mundo de las ideas” y el “mundo real,” el de la acción, el mundo donde estas ocurren.

Algunos se han atrevido a medir esta distancia y nos dicen que sólo un tercio de los cambios que se inicia y tiene esa complejidad triunfa. Si, lo has oído bien, dos tercios de intentar crear ese futuro fracasa. Fracasa por que las personas no cambiaron suficientemente o no se implicaron. Y no lo hicieron por qué no quisieron o por que no pudieron. Detrás de la innovación y de las cifras de fracaso y de éxito hay mucho dolor humano, muchas personas que se quedaron atrás, muchas personas que cambiaron con elevado sufrimiento o el de directivos que se desgastaron en la titánica tarea de intentar cambiar sólo un poco su realidad.

La complejidad del cambio organizativo suele ser el cambio personal. La revolución que viene es sobretodo una revolución de cuello blanco, una revolución que afecta a los directivos, a un nuevo tipo de directivo cuya principal misión será movilizar el alma humana y hacer que las cosas ocurran.

Clave 3: La transformación permanente

En este futuro caracterizado por lo efímero sabemos que habrá cosas invariables, entre ellas la necesidad de organizaciones hiper-flexibles, eso que hemos dado en llamar empresas con Culturas Innovadoras.

Ya que para asegurar que sea nuestra empresa la que construya el futuro no bastará con que seamos capaces de realizar complejos proyectos de gestión del cambio, el éxito vendrá de la capacidad permanente de realizar micro-cambios. La tercera clave del éxito es la capacidad de transformación permanente de forma difusa en toda la organización.

Tal y cómo comentaba recientemente Mitch Ditkoff en The Four Currents of a Culture of Innovation ahora más que nunca se hablá de Cultura Innovadora. Pero el secreto es que las Organizations don’t innovate. People do (las organizaciones no innovan, lo hacen las personas).

Las nuevas reglas marcan que son muchas ideas las que estarán haciendo su particular viaje en nuestras organizaciones a la vez, estas ideas deben ser creadas y implantadas de forma rápida y con éxito de forma difusa en todas las partes de la organización, y esto requiere un nuevo papel de las personas de la organización. La innovación requiere no sólo de la creatividad de las personas, exige de su involucración en el cambio, por ello los nuevos directivos serán expertos en capitanear esta extraña faceta del alma humana.

Los nuevos directivos deben conseguir crear un nuevo futuro, cambiando la organización y la innovación difusa requiere una nueva forma de entender el rol de las personas. Sí, lo que no han conseguido 2000 años de “humanismo”, dar más protagonismo a las personas en la empresa, se hará realidad. Pero, no se hará realidad por que la empresa de más importancia moral “recurso humano”, no lo hará por convicción, lo hará por obligación, por que si no incrementará sus probabilidades de desaparecer y esto no le gustará demasiado a ningún accionista.

Sí, el papel de los nuevos directivos, los líderes transformadores, va más allá de conseguir implantar cambios complejos deben conseguir que la organización siempre esté preparada para la transformación continua (Cultura innovadora), por que todos deben innovar y desaprovechar el talento humano será un pecado mortal, que ningún accionista por ninguna razón permitirá a un directivo.

Con independencia del orgullo que sienta una empresa de su éxito del pasado o presente (que cada vez informa menos sobre el futuro), con independencia del glamour de sus cifras o del número de pisos o la espectacularidad que tenga el edificio donde estén situados los Headquarters el futuro promete ser implacablemente cruel y no respetará a nadie.

La buena noticia es que el éxito y el fracaso, dos caras de una misma moneda, en la nueva revolución tendrá reglas extremadamente sencillas: sobrevivir consiste en dominar el arte de crear el futuro, que se acerca a nosotros en forma de cambio, y cuyo principal protagonista son las personas y los directivos que han entendido la nueva naturaleza de las organizaciones. ¿Está preparándose tu organización para construir el futuro?

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