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12 duras verdades que aprendí sobre la edad adulta después de media década en el mundo laboral. Parte I

Por Libby Kane y Samantha Lee | Publicado en Desarrollo Personal | 24 de Junio, 2017

Vivir MejorEn los seis años transcurridos desde mi graduación, aprendí algunas cosas; sin incluir cómo asar verduras, o que debo evitar a toda costa las oficinas postales de la ciudad de Nueva York.

Considéralas las verdades más difíciles sobre la vida.

No estoy diciendo que lo sé casi todo, ni siquiera muchas cosas. De hecho, probablemente ni siquiera sé lo que no sé.

Pero en el camino, algunas cosas me han quedado claras.

No hay tal cosa como la “timidez”

Al crecer, no levantaba nunca la mano en clases porque todo el mundo me iba a mirar. Yo era esa niña que se tapaba los oídos cuando la gente cantaba “feliz cumpleaños.” Me sonrojaba enseguida (y todavía lo hago) y nunca aceptaba lo que los adultos me ofrecían porque estaba desesperada por no incomodarlos.

Yo era tímida.

Pero un día (no puedo decir exactamente cuando) me di cuenta de que ser “tímida” no era una excusa que podría llevar a la edad adulta. Piensa en la última vez que viste a un conocido que no te dijo hola, o cuando saliste con alguien que no dijo más de dos frases en un grupo. Recuerdas esa persona que no te miraba a los ojos, o murmuraba, o te dio uno de esos terribles apretones de manos.

¿Pensaste “oh, pobre persona, debe ser tímido/a!”? No, no lo hiciste. Pensaste algo como: “Qué idiota.”

Con el tiempo, no importa lo difícil que sea, tienes que considerar cómo tu timidez hace que la gente a tu alrededor se siente y cómo hace que te vean. No es bueno. En algún momento, tienes que superarlo.

(Entiendo que es un tema diferente para las personas con diagnosticada ansiedad social severa, y no puedo imaginar cómo se siente eso. Esta idea es para las personas con leve-ansiedad; para las personas que no entran a una tienda por miedo a tener que decir hola.)

No cambiará nada si no cambias nada

Me digo esto a mí misma cada vez que tengo una oportunidad en el horizonte: un nuevo proyecto, un nuevo trabajo, una nueva cita, un nuevo apartamento.

Si quieres algo diferente, te toca a ti salir a buscarlo. Puedes esperar a que el cambio caiga en tu regazo, pero probablemente te quedarás esperando por un largo tiempo; y francamente, los tipos de cambios que caen en tu regazo rara vez son buenos.

Todo es temporal

En una nota similar, todo es temporal. Sólo tendrás esta edad, vivirás aquí, con este trabajo, con este equipo, con este estado de salud, con este estado de salud mental, durante un determinado tiempo.

Puedes elegir ver esto como algo malo (la felicidad es efímera! Las cosas nunca serán tan buenas otra vez!), pero yo considero que es tranquilizador de dos maneras. En primer lugar, saber que tu vida no será tan buena por siempre te inspira a sentir gratitud por las cosas que van bien en este momento. En segundo lugar, si las cosas no son buenas, puedes estar tranquilo sabiendo que las cosas no siempre serán así de malas.

No mientas

¿Alguna vez leíste un libro o viste una película? No mientas. La verdad siempre sale a flote.

Si no vas, la gente dejará de invitarte

La parte más difícil del trabajo es levantarse e ir todos los días sin falta. La segunda parte más difícil es tratar de reunir toda la energía sobrante para ser sociables.

Bromeo, un poco. Pero la verdad es que, para mantener tu vida social, tienes que resistir la atracción gravitatoria de tu sofá después del trabajo (por lo menos de vez en cuando). La gente es sencilla. Se acercan a las personas que conocen. Y si quieres que se inviten, tienes que estar en sus mentes. Si nunca vas cuando te invitan, eventualmente te dejarán de invitar.

Tienes que pedir lo que quieres

Es terrible, lo sé. Podrías haberle gritado esto a mi yo en mi niñez todos los días durante un año, e igual no lo habría hecho. ¿Y si dicen que no? ¿Y si no te lo dan? ¿Y si te odian por siempre porque trataste de sustituir una ensalada por unas papas fritas?!

Eso es ridículo (yo de 10 años!). Si no lo pides, casi no tienes ninguna posibilidad de obtener lo que deseas.

Esta lección llegó a mí unos años atrás mientras estaba leyendo “I Shouldn’t Be Telling You This,” de Kate White, y preparándome para una entrevista. El ejemplo está relacionado con el trabajo, pero es ampliamente aplicable. Le conté a mi colega Jacquelyn Smith sobre él cuando estaba compilando una lista de libros de negocios cambiadores de vida:

White recuerda que una vez estaba contratando para cubrir una posición en su equipo. Después de cubrirla, oyó rumores de que una de sus editoras estaba molesta por no haber sido considerada para el trabajo. Kate se preguntó: “¿Cómo iba a saber que lo quería? Nunca me lo dijo.”

Escuchar esa genuina y confusa perspectiva tuvo un gran efecto en mí, alguien a quien jamás le gustó pedir nada. Mantener la cabeza baja y trabajar duro no es suficiente; si quieres algo en el trabajo, tienes que pedirlo. De lo contrario, ¿cómo va tu jefe, que podría ser bien intencionado pero definitivamente no es psíquico, a saberlo?

Publicado originalmente en TrucosParaVivirMejor.com

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